Triste final de campaña electoral en los Estados Unidos

Referencial

Moleste a quien moleste, los Estados Unidos son la primera potencia en el mundo, pero también una gran nación. Quien suscribe ha sido crítico y duro con algún que otro gobernante de turno de ese país y también con ciertas políticas, pero reconociendo siempre la grandeza de un pueblo , que sí es grande, porque su gente se lo ha currado. Estados Unidos goza de una democracia imperfecta desde su propia fundación, pero perfeccionada por su extraordinario gentilicio, como bien escuchamos de Kelly Keiderling, nueva embajadora de los Estados Unidos en Uruguay: Nuestra democracia nos permite identificar y criticar nuestras fallas; porque nuestros fuertes y no siempre respetuosos debates nos permiten encontrar poco a poco una respuesta común; y porque nuestro desordenado e ineficiente sistema democrático provee a cada individuo las libertades básicas necesarias para que cada uno decida y acierte, o se equivoque y cometa errores, para tener éxito o para fallar, mientras mantenemos nuestra nación unida alrededor de nuestros ideales fundacionales””.

En esta campaña electoral se tendrá que elegir entre dos peores opciones para gobernar, con la suerte que allí el sistema democrático, gracias a la fuerza del congreso y la separación de poderes no permiten mucha maniobra, ni para la izquierda, ni para la derecha.

Los bochornosos debates, increíblemente han puesto al descubierto lo peor de cada candidato. Los medios de comunicación, en su eterna e incesante búsqueda de raiting, se han encargado de llegar a lo más bajo del ser humano, puliendo con mucha maldad y morbo temas muy íntimos de cada uno de ellos, alejándolos de lo que verdaderamente importa: conocer en profundidad la visión país de cada uno de ellos; saber cómo pudieran afrontar los retos y los problemas actuales; como lograr adaptarse a las nuevas realidades; cómo hacer peso para influir en un mundo con mejores posibilidades y cómo resolver las inquietudes de los millones que, dentro y fuera de los Estados Unidos dependen de sus políticas, acertadas o erradas.

Los candidatos a presidentes de los Estados Unidos no se pueden dar el lujo de sentar el nefasto precedente de una campaña vergonzosa que ha desacreditado a los mismos candidatos y decepcionado a unos cuantos millones que tienen temor ante lo que escuchan y sienten su futuro comprometido, ni a la gran cantidad de diplomáticos que tratan con gran esfuerzo de luchar por los ideales y la imagen de ese país.

No es aceptable que simpatizantes de un partido tengan que elegir la otra opción simplemente por ser la “menos perjudicial” y apartarse así de su voto tradicional. No es justo que un próximo período presidencial comience tan cuestionado. No es posible que una campaña como ésta, que ha estado llena de mansajes de odio, de revancha, de malos modales y desatinadas acusaciones, haya logrado crear un sentimiento de división nunca visto anteriormente y que sólo van a capitalizar unos cuantos, pocos, que pueden convertirse en muchos.

Los que no vivimos en los Estados Unidos, pero sabemos de su influencia en un mundo globalizado, solo debemos apostar por su futuro promisorio identificando y sumando lo que nos une y, en nuestro caso muy particular, como venezolanos que somos, no olvidar la relación de Francisco de Miranda con el general Washington y los actores del mundo político de la época; tener presente también el hecho que Bolívar fue acogido allí y recibió ayuda para cumplir sus ideales, habiendo escrito a su regreso: "Durante mi corta visita a los Estados Unidos, por primera vez en mi vida vi la libertad racional". Curiosamente la primera ciudad del mundo con el nombre del Libertador está en el mismo imperio y se fundó en Tennessee…

Por esto y mucho más, ésta triste campaña también nos afecta; por ello anhelamos que este capítulo sea superado con un período de gobierno, de paz, tranquilidad y progreso en ese país hermano y que estos episodios se conviertan en un gran aprendizaje.