Sobreviviente de un internado católico en Canadá: "Sufrimos todos los niveles de abuso"

Isadore Poorman, un sobreviviente de uno de los internados de Canadá, contó lo que significó formar parte de una de esas escuelas, las cuales son administradas por el Gobierno y en su mayoría dominadas por la Iglesia católica.

La política de estos colegios era que los niños asimilaran nuevas costumbres decretadas por la religión y dejaran atrás la suya propia al destruir sus culturas e idiomas. En este proceso de asimilación, los estudiantes padecían todo tipo de abusos, reseñó La República


Las investigaciones estimaron que por lo menos unos 6.000 murieron mientras permanecían en los internados. Sin embargo, a la fecha solo se han logrado identificar aproximadamente a 4.000 de ellos. Además, muchos de los cuerpos se enterraron sin nombre.

“Cuando mirabas la carretera siempre esperabas ver a tus padres llegar para sacarte de aquí”, así lo relató Isadore Poorman para la BBC mientras observaba el camino que lo dirigía al internado para niños indígenas en Muskowekwan, Canadá.

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Él regresó al internado del cual fue parte en los años 70 acompañado por un equipo de la cadena de noticias. Al recorrer el lugar les fue contando su experiencia. “Sufrimos todos los niveles de abuso”, comentó al equipo. “A los 6 años fui encerrado aquí. Fui prisionero aquí y cumplí mi tiempo”, expresó con lágrimas en sus ojos.

Desde el descubrimiento del mes de mayo, en donde se halló una fosa común con los restos de 215 niños indígenas en un internado de nombre Kamloops, la nación canadiense, a través de protestas, ha hecho oír su indignación. Han pasado casi dos meses y se han hallado nuevas tumbas. Este martes 13 de julio fueron localizadas 160 nuevas sin identificar, lo que eleva el número a 1.275.

Las cifras hacen imaginar qué clase de abusos podrían haber sufrido estos niños indígenas para tener un final como el que hoy en día estamos viendo. Al respecto, Poorman recordó: “Te despertabas y lo primero que hacías era tu cama. Y teníamos que hacer la cama muy bien, como en el ejército, sin arrugas ni nada, si no nos pegaban”.

Incluso narró que, una noche, un pequeño empezó a llorar y, al oírlo, los demás también lo hicieron, por lo que recibieron un castigo. “Era un llanto desolador. Y por esa razón le golpearon, por hacernos llorar a los demás”, afirmó.

“Es duro volver al lugar donde abusaron de ti”, dijo Poorman al grupo. La búsqueda continúa y se espera que en las siguientes semanas, tal vez meses, se encuentren muchas más.

Fuente: La República

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