Rafael Araujo, el artista tras la seda de un papagayo

el señor del papagayo
el señor del papagayo - Engi Virginia Montilla

Su cordialidad, su gorra tricolor y la ausencia de sus lentes lo describen como “El Señor del Papagayo”, o al menos así relata que lo reconocen las personas cuando no está adentrado en su rol de artista, de ciudadano de a pie, de hijo, de hermano o simplemente de Rafael Araujo.

Merideño, oriundo de Timotes, pero caraqueño por convicción, sencillo y con peculiar disposición a relatar su historia. Araujo se deslastra del señor del Papagayo cuando, como cualquier venezolano, sale cada mañana a las calles impregnado con la bendición de su madre, la señora Adela De Araujo Jerez de 97 años, bajo la premisa de que “eso lo acompaña siempre”.

Ni el menor, ni el mayor, el séptimo de ocho hermanos, pero el que acapara la atención y la preocupación de los demás miembros de su familia, cuando abnegado sale a recorrer fragmentos del suelo caraqueño para mostrarle al mundo que estar callado ante lo que considera injusticia, no lo define.

Un amor sin limitaciones

No teme expresar el amor que aún mantiene vivo por su ex esposa, Teodora Velásquez, quizás un sentimiento que trascendió más allá de una relación de parejas, se transformó en la preocupación por el otro, en el acercamiento, en la compañía. Asegura que con frecuencia suele visitarla para llevarle comida y demás implementos para su consumo. Manifiesta que no existen razones para la distancia.

“No me separé completamente de ella, me separé por las circunstancias. Como no tuvimos hijos y los hijos hacen familia, habían unas pequeñas diferencias y yo terminé regresando a mi casa. Al final estoy reconciliado prácticamente con ella y siempre voy para allá”, manifiesta sin titubeos.

Como a muchos venezolanos, una realidad difícil embarga su vida: familiares migrantes. No obstante, se apoya en la esperanza de que sus parientes retornarán más pronto de lo que se estima, por lo que se atreve a asegurar, con firmeza y convicción, que no sólo ellos, sino también los miles de venezolanos que han surcado las fronteras de Venezuela en busca de nuevas realidades.

“Ellos están por regresar, se fueron por las circunstancias del momento. Ellos lo dicen, que van a regresar, se fueron nada más por los problemas que existen, pero les va bien porque están preparados para eso. Al que obra bien, le va bien”, dice lleno de confianza.

La morada del artista 

Ser recibido en su hogar es sinónimo de comprender y advertir que se está adentrando en la morada de un artista. Pinturas, pinceles, utensilios para la elaboración de sus papagayos y coloridos cuadros que dan vistosidad a las paredes describen, con tesón, el perfil de un apasionado por el arte.

A sus 64 años, el señor Rafael se confiesa amante en pleno de la pintura. Dice tener mucho tiempo elaborando cuadros, pero algunos de estos corren una suerte distinta a la que muchos creerían, finalmente son desechados por el artista porque son considerados únicamente como objetos de estudio.

“Tengo mucho tiempo pintando cuadros, pero yo prácticamente los desecho. Por eso es que no me conoce nadie como pintor de lienzo o de óleo, porque muchos los desecho, son únicamente estudio”, expresa.

Bajo esta premisa se confiesa optimista: "si no logro lo que yo quiero, comienzo de nuevo ¡no importa!". Y así es como nace otra fascinante pintura, o por qué no, un particular papagayo, los cuales define como una obra de arte.

"Los que te dicen si eres artista son quienes ven tu obra"

Con humildad, adjetivo que lo caracteriza, confiesa no reconocerse como un artista. Asegura que quienes pueden generar ese calificativo son los espectadores, "los que te dicen si eres artista son los que ven tu obra", argumenta.

Recibió clases de pintura en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, pero sin escatimar esfuerzos, hace la acotación de que lo hizo "más que todo como oyente". Eso sí, reseña que tuvo mentores y muchos compañeros que le acompañaron durante su camino de aprendiz. Sin embargo, decide dejar la disciplina porque consideró que tenía muchos años estudiándola.

Como todo buen artista no se deja embelesar sólo por una rama de las múltiples disciplinas que podrían definirlo como tal; cuenta que trató de estudiar música, meta que no vio materializada. 

“Yo siempre he sido muy intermitente en todas las cosas que hago”, manifiesta.

Pero, ¿desde qué óptica visualiza el arte una persona que no se considera artista? Pues, todas las cosas elaboradas lo mejor posible y con pasión, son consideradas por él como arte.

Concatenar el arte con la expresión de inconformidad 

Ahora bien, hablar del rol de artista que ostenta el señor Rafael sin mencionar sus papagayos, resultaría inverosímil. Pero, ¿cómo concatena el arte con el popular juguete tradicional venezolano? Es sencillo, todo radica en la inspiración. Manifiesta que la sugestión proviene de que el papagayo es un elemento de paz, muy colorido.

“Yo pensé: ¿Qué iba a llegar a la gente?, entonces dije que a través del papagayo iba a ser original”, sostiene.

Elaboración del papagayo:

Para el esqueleto del papagayo se usan unas veradas (espiga o fragmento de caña que también son empleadas para la elaboración de flechas), las cuales se juntan en forma de X desde la mitad y se amarran con pabilo. Deben ser muy livianas, “prácticamente no pesan nada”, cuestión que es muy importante “para que la brisa pueda elevar el papagayo”.

Una vez que está lista la estructura, se procede a cubrir las veradas con el papel de seda. Para ello, Araujo emplea un engrudo especial que él mismo creó en vista del alto costo del pegamento, el cual consiste en una mezcla de harina de trigo y agua.

Posteriormente se procede a decorar el papagayo, bien sea por ejemplo, con las letras que formarán el mensaje o con cualquier elemento decorativo que le dé vistosidad al papagayo.

Relata que sus papagayos, ni los vende, ni los regala. Son su creación y desea que todos puedan disfrutarlo así sea en el último instante.

“Hasta el último momento que vengo entrando a mi casa, busco que alguien me tome fotos, porque como te dije, el papagayo se alimenta de fotos. Mientras más fotos, más personas lo ven y más lejos va”.

Quiso ser original y atraer la atención de la gente, es esta la principal razón por la que emplea dicha figura para expresar sus ideas.

"Lo que yo hago es una pequeña actuación"

Definirse a sí mismo suele resultar una tarea bastante particular y muchas veces compleja. Sin embargo, Araujo cree que su rol dentro de una manifestación obedece a “una pequeña actuación”. Argumenta que él se coloca, toman una foto y no pasa nada más. Aunque esto no le disgusta, atribuye todo el protagonismo a su singular papagayo y no "en ese viejito ahí", como prefiere decirlo.

En principio, cuando el señor Rafael comenzó a realizar sus coloridos papagayos, no necesitaba colaboraciones de ningún tipo, lo dice con mucho orgullo; pero atribuye a la recesión económica la posibilidad de que ahora perciba colaboraciones "de la gente en la calle", quienes le brindan especialmente el papel de seda.

Mensajes concisos que calan en la gente 

Asegura que el papagayo no tiene mucho valor económico y resulta fácil de hacer, pero la frase que emplea obedece netamente a su inspiración. Además añade enunciados jocosos que llamen la atención.

“Trato de poner algo jocoso ahí, algo que llame la atención y lo logro, porque la gente me dice: ¡Conchale, a mí no se me ocurre eso!”, comenta con satisfacción.

Conocer el tiempo que tarda en elaborar cada papagayo parece ser un dato incierto. La peculiar respuesta de Araujo, enmarcada en un tono de jocosidad, será: "lo que se tarda el gobierno en meter la pata".

Parece ser un hombre de innegables convicciones, no teme expresar lo que cree correcto, ni se abstiene de emplear frases populares para definir lo que pasa por su mente.

El temor a la crítica parece no existir, porque de frente a ella dice que "la gente es libre como el papagayo de estar a favor o en contra". En definitiva, las analogías y refranes parecen ilustrar sus ideales.

A propósito del temor, nos relata que tiene en mente elaborar un papagayo que diga: "Me podrán detener pero nunca me podrán quitar lo bailado".

"Estoy donde me toleran más"

El señor Araujo no transita con plena libertad, acompañado por su papagayo, en cualquier rincón de las calles capitalinas. "Estoy en los sitios donde me toleran más", dice sin disimulo. 

Sostiene que prefiere hacerlo en las vías de los municipios Chacao y Baruta, porque "el tipo de gente que circula por ahí es más respetuosa, la policía también es imparcial, no se mete en política ni nada, sino que hace su trabajo".

Reseña que en alguna ocasión tuvo un incidente con la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), quienes lo amenazaron mientras se disponía a manifestar, por lo que corrió un rumor sobre que lo habían apresado, pero aclaró que "no lo han detenido todavía".

Los mensajes positivos también alzan vuelo con el papagayo

No se limita a difundir sólo mensajes negativos, “El Señor del Papagayo” cree que también son convenientes los mensajes positivos; ¿Cómo cuáles?, pues “algo que esté sucediendo bien y uno lo acompaña. Puede ser un acontecimiento mundial o local", dice.

“Las cosas que suceden en el mundo también se pueden acompañar con una crítica colocándola en el papagayo”, sostiene.

Dentro de lo positivo, considera que puede emplear sencillamente palabras para alcanzar su cometido. A su juicio, podría valerse únicamente de la palabra “resistir”, pues se confiesa creyente del lema el cual reza que "la esperanza es lo último que se pierde".

Una idea visionaria

Confiesa que nunca pensó que gozaría del reconocimiento de decenas de personas que frecuentemente detienen su recorrido en las calles para pedirle una foto o sencillamente apreciar sus concretos mensajes. Sin embargo, apostó siempre a esa idea; asegura que desde hace tiempo atrás pensó que iba a funcionar.

“Yo dije que iba a llamar la atención por eso, que iba a ser un elemento de paz, de niñez e iba a elevarse como muchas veces lo digo (…) En el fondo de mis pensamientos dije: Esto va a llegar, la gente va a tomar en cuenta lo que yo hago”, asegura.

Actualmente se muestra dispuesto a colaborar con niños de diversas barriadas a quienes les enseña a elaborar papagayos, como un juego insigne y propio de nuestra tradición venezolana. Considera que los infantes son el futuro de la nación, y al generosamente otorgarles un poco de sus conocimientos, cree que está trascendiendo junto con sus enseñanzas, convirtiéndose así, no sólo en artista, sino también en maestro.

¿Creyente?, "estoy donde está la gente"

Sus respuestas, sin lugar a dudas, resultan fascinantes. Todas enmarcadas en un tono de respeto, eso sí, muy asertivas. Conocer cuáles son sus creencias resulta algo de singular importancia, sobre todo para alguien que emplea expresiones y consignas de esperanza y optimismo.

Se considera creyente pero no fanático, está "ahí donde está la gente". Se siente identificado con la religión cristiana. Indica que cuando era pequeño sus padres lo llevaban a misa.

Dice conocer todo de Cristo y asegura respetarlo. "Yo respeto todas las religiones", manifiesta; sin embargo, asiste a las misas y conmemoraciones para acompañar a las personas.

No le pide nada a Dios en este momento, porque él "está en todas partes y todo lo sabe".

Al no pedirle nada a Dios, pareciera un indicador de que todo en su vida marcha correctamente, pues más allá de la situación económica, considera que con "salud le va bien, porque hace las cosas". "El drama en este país es enfermarse, porque los hospitales están por los suelos", añade.

“Las medicinas son muy difíciles de conseguir, gracias a Dios todavía no tomo medicinas. Eso de estar persiguiendo medicinas en este país, con poco dinero, es muy difícil”, argumenta.

Es por esta razón que se confiesa opositor radical, por cuanto se tiene en cuenta a los niños con hambre.

"Chávez traicionó su palabra"

Cualquiera podría preguntarse ¿cómo conjugar la política con el arte? Para el señor Rafael ambas parecen ir de la mano. Expresa que decidió hacerlo "cuando Chávez traicionó su palabra", cuando el vió que "ese individuo iba a venir a destruir el país como casi lo logró".

Se siente orgulloso al relatar que la primera vez que salió a manifestar los hizo en la Avenida Libertador. Esperaba que fuese el papagayo más grande, "porque quería que llegara lo que él tenía para decir". Se trataba solamente del tricolor nacional de aproximadamente 3 metros, no contenía ningún mensaje.

Lamentablemente, en esa oportunidad se rompió. Pero sin dejar la perseverancia a un lado, asegura que subió sobre una edificación del Metro de Caracas y desde allí hizo notar su obra, a la vez que algunos manifestantes le tomaron fotos.

Una postura política prudente 

En cuanto a su postura política, cree que la parcialidad es un rasgo propio del ser humano y no teme manifestarlo. Sin embargo, estima que para el país, por ahora, no es prudente parcializarse, “en este momento lo primero es Venezuela", asegura.

"Yo no asomo nada en contra de la oposición, porque no es el momento de estar chocando unos a otros", expresó.

Bien sea por perseverancia, por dedicación o por un amor a lo que desde hace algunos años se trazó como objetivo, no prevé alejarse de su creativa forma de difundir sus inconformidades. Considera que "siempre hay algo que hacer, siempre hay algo que criticar".

El señor Araujo, en definitiva, se muestra como un personaje singular, sencillo, eso sí, pero con gran disposición a servir, a educar, a mostrar con pasión cómo el arte trasciende en cada rincón de su vida. No escatima esfuerzos para detallar la elaboración de su fiel compañero: El papagayo, con quien vuela libremente dentro de lo que considera el cielo de las redes sociales. 

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