Juan José Peralta: “Esos muertos míos” es una novela alegre y jovial

Cortesía / Referencia

A fines del mes pasado Barralibros Editorial puso en los anaqueles de Amazon, en digital o en físico, la novela “Esos muertos míos” del periodista y cronista larense Juan José Peralta, quien advierte que pese al título “no es una narración fúnebre ni triste, al contrario, es una novela alegre y jovial que dibuja en el velorio del poeta Pedro Luis sus amoríos y jolgorios, travesuras y encantos”.

De cuarenta años el poeta nos abandona y deja un legado de seis libros de su emotiva y sensible obra. Más allá del dolor por la partida del ser querido, la honda pena familiar, la profunda tristeza de los amigos, el sentimiento por la ausencia del amante, la segura e inexorable muerte nos lleva al velatorio inevitable.

Desde la antigüedad las distintas culturas tienen explicaciones y ritos a la muerte. En nuestra sociedad es un sentido acto familiar y social, aparecen familiares alejados, amigos perdidos, viejos amores. Pedro Luis ha muerto y su funeral es un encuentro fraterno.

Allí en su caja de madera, escoltado por las velas encendidas es el personaje central, el protagonista y salen de los recuerdos sus anécdotas, amores y sueños. Un hombre sano y cordial, cosechó amigos y querencias. Parece inevitable, como ocurre en los velorios, compararlo con otros creadores fallecidos de su misma edad y similares condiciones, los poetas Ramos Sucre, Cruz Salmerón Acosta y otros tan jóvenes como él de obra interrumpida para muchos inconclusa, Arturo Michelena o Teresa de la Parra. Próceres en la flor de la vida, Sucre, Anzoátegui, Iribarren. Políticos destacados, Ruiz Pineda, Carnevali, Pinto Salinas, muertos por la dictadura. El bolerista mexicano Genaro Salinas asesinado por el amor de una mujer ajena. Luchadoras como Flora Tristán.

Sus novias conocidas y las clandestinas amantes de media noche van desfilando, aparecen desde los recuerdos. Hay amor y humor. “Esos muertos míos” dibuja el velorio del poeta Pedro Luis en la casa de Rosa Rojas, sus amigos acompañan el féretro en capilla ardiente, sorprendidos de su temprana e inesperada partida.

“Esos muertos míos” es un homenaje pendiente hace muchos años al poeta Pedro Luis Hernández, quien nos dejó cuando aguardábamos de él la continuidad de su obra, poco conocida porque se negaba a reconocimientos y patrocinios. Las publicaciones salían de su propio peculio y criticaba a los escritores auspiciados por los organismos oficiales de la cultura.

Aléctor y Betilde por ejemplo, es un hermoso libro que debió ser obligada lectura en bachillerato, pero se negó a llevarlo al ministerio de Educación. No pudimos convencerlo de frenar el trago y seguir viviendo. “Ya cumplí lo que tenía que hacer, pero no voy a emular a Ramos Sucre”.

Esta ficción no es su biografía sino una inspiración en el poeta del futuro, como lo llamó Gustavo García Márquez, a quien las nuevas generaciones de poetas, escritores e investigadores deberán estudiar y darlo a conocer. Si quieres saber más

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