Paz SÍ, Santrich NO

A finales del  2016, durante el gobierno del presidente Santos en Colombia, se firmó el acuerdo de paz con la guerrilla que tuvo a ese país durante 50 años en medio de mucha incertidumbre. 

Recordemos que el acuerdo se dio después de que los colombianos dijeron NO al mismo, por vía de un plebiscito: los colombianos no querían dar la “patente de corso” a la guerrilla. Su voluntad era SÍ a la paz, pero con “Justicia, reparación y verdad”; había que frenar a un Santos engrandecido por el Nobel recibido, que lo alejó del sentido común. 

El acuerdo -un cheque al portador para los guerrilleros-, establecía, entre otros aspectos, su reinserción a la vida civil y política, la suspensión de los procesos judiciales y una serie de ofrecimientos que comprometían a los futuros gobiernos colombianos.

En una jugarreta, 40 días después del plebiscito, Santos logró burlarlo con el apoyo del congreso y sacó adelante el acuerdo, el cual hoy día ya genera controversias.

Luego de 2 años, la realidad es que un 40% de los 6800 combatientes desmovilizados han regresado a la lucha armada, más los nuevos que se han sumado. Así mismo no se han podido ocupar militarmente las zonas donde se ventilaba el conflicto, ni llevar escuelas y servicios básicos.

Por su parte el negocio de la siembra de coca hoy día alcanza su máximo histórico y con eso se financia la actividad irregular.

La guinda del pavo es el caso de Jesús  Santrich, un ex guerrillero -hoy con cargo en el Congreso de Colombia-, quien está siendo solicitado en extradición por un Tribunal del Estado de Nueva York, por supuestas actividades relacionadas con el narcotráfico,  realizadas después de la firma de los acuerdos. Esto obliga al gobierno de Duque a intentar acciones frente a la Jurisdicción Especial para la Paz, con el fin de evitar la apertura de una puerta a la impunidad de los irregulares.

Colombia afronta 2 grandes retos: el problema de Venezuela y el posible resurgimiento de un conflicto que se selló con grandes vacíos mucha laxitud y muy mal manejado, madrugando a los colombianos.

Colombia se tambalea y a Duque le toca el trago amargo de tener que desnudar al muñeco.

¡Suerte Colombia! La vas a necesitar.

Paz SÍ, Santrich NO.

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