Los locos o locainas de Sanare

Zaragoza de Sanare
Zaragoza de Sanare - GV

Juan José Peralta

Las fiestas de locos o locainas que todos los años llenan de colorido y alegría las calles de Sanare con sus Zaragozas y en otras poblaciones del país con diversas como particulares maneras, también vinieron a América en los galeones de los conquistadores.

El origen de estas fiestas en muy antiguo y proviene de supersticiones de los paganos asociadas a ritos de fertilidad y cosechas, dedicadas al dios Saturno o saturnales, celebradas la última semana de diciembre con el relajamiento de los convencionalismos sociales y el primer día del nuevo año al disfrazarse con pieles de animales para representarlos.

Los cristianos copiaron estos ritos paganos y los llevaron a los templos. Molestos, los obispos mandaron oraciones y procesiones para rechazar las nuevas prácticas ajenas a la religiosidad y sancionar a sus practicantes.

En el sermón 251 de tempore San Agustín mandó a castigar a quienes incurrieran en esta nueva costumbre celebrada en algunas iglesias entre Navidad y el Día de Reyes, en especial el primer día del año por sacerdotes, clérigos y diáconos quienes en burla creaban un obispo de los locos para criticar a la iglesia.

Enmascarados, los oficiantes entraban a los templos disfrazados de mujeres o vestidos de bufones que danzaban en la nave, el altar y los coros cometiendo toda suerte de diabluras y chanzas imposibles de contar en esta breve crónica.

Algunos revestidos pontificalmente con cruz y mitra, otros vestidos de reyes y duques representaban juegos picarescos de teatro rebasando catedrales e iglesias, incluso interrumpiendo la paz de los monasterios.

Papas y cardenales en concilios y ordenanzas reprobaron –infructuosamente y por siglos– esas prácticas de sacrilegios e impiedades incorporadas después al calendario religioso los 28 de diciembre, vinculándolas a la matanza de los Santos Inocentes, ordenado por el rey Herodes contra los niños menores de dos años para garantizar la desaparición de Jesús de Nazareth, a quien las profecías judaicas proclamaban futuro rey, según relato bíblico, (Mateo 2, 13-15).

Echados a la calle, los disfrazados prosiguieron sus fiestas paganas en las afueras de los templos, llegando a intercambiar roles de autoridad y sexo como los Boleros en pueblos de Miranda y el Gobierno de las Mujeres en Vargas.

En Caicara de Maturín, Monagas, un disfrazado de mono revivió la fiesta con sus atrevimientos y en La Vela de Coro los disfrazados toman las calles después del anuncio por la mujiganga el día anterior y piden dinero a los curiosos so pena de castigos.

En Sanare, la fiesta de los locos obtuvo nombre propio. La Zaragoza comienza en la madrugada cuando hombres del pueblo, con máscaras y vestimentas de múltiples y llamativos colores, muchos alusivos a la mujer –quienes están exceptuadas de la fiesta– se congregan en la casa de la capitana desde donde salen a cumplir la promesa de bailar a los niños por su salud y en alusión a la matanza ordenada por Herodes, escena mostrada en un cuadro portado por el Capitán Mayor como enseñanza.