La migración hoy en Venezuela

El tema de la migración en los últimos tiempos está manipulado de manera abusiva. En la mayoría de los casos, se reducen las diversas opiniones y consideraciones a la manifestación del fenómeno de manera superficial, que no van más allá de las magnitudes de personas que se movilizan. 

Esos datos son importantes, nadie podría ponerlo en duda; sin embargo, el hecho es más complejo que como suele presentarse. Así ocurre en la mayoría de los casos, es reiterada esa circunstancia en la dinámica social, pero la realidad es mucho más enmarañada.

Otros escogen eufemismos para abordar el desplazamiento humano de un lugar a otro, llamándolo con el nombre de “diáspora”, palabra que el Diccionario de la Real Academia Española define como la “dispersión de los judíos exiliados de su país, y dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen”. 

No sé si seleccionan la palabra por exquisitos en el uso del lenguaje o por interés a relacionarlo con aspectos de persecución política. En la primera definición el término exilio está asociado a la expatriación por motivos políticos, suceso que en Venezuela no acontece de manera cotidiana, ni masiva, por lo que su empleo puede contaminar el análisis del fenómeno.

Prefiero la palabra migración por estar definida como la acción y efecto de pasar de un país a otro para establecerse en él, tras la búsqueda de mejor calidad de vida; así mismo, por los desplazamientos geográficos de individuos o grupos por causas económicas, sociales y seguridad.

La verdad, es que el tema de la migración de la población venezolana hacia otros países, no puede entenderse, ni explicarse, sin referir el hecho al contexto en el cual aparece y se desarrolla el acontecimiento.

Han existido migraciones en distintas partes del planeta, en diferentes momentos y causas. Nuestros vecinos neogranadinos sufren ayer, como hoy, estos procesos que fracturan y traumatizan la sociedad, a causa de la violencia y las condiciones económicas sociales de un Estado que decidió hace más de medio siglo abandonar la mitad de su población a “salvarse el que pueda”; por esa vía, hay en nuestro territorio en la actualidad más de 5.600.000 neogranadinos. 

Así mismo, han experimentado movilización en su población hacia otros países, el Ecuador, Nicaragua, Guatemala, El Salvador; ahora mismo hay migraciones de la Argentina a Bolivia por razones económicas, de Honduras a los EEUU. Sólo México tenía para el 2017, 33.6 millones de ciudadanos de origen mexicano en los EEUU, entre ellos más de once millones y medio nacidos en la patria de Juárez.

Lo anterior en su conjunto es hoy más del total de la población venezolana. Europa después de la primera y segunda guerra mundial experimentó migraciones y su población se dispersó hacia Norteamérica, Suramérica, y otros continentes. 

En el presente el África vive esa catástrofe y su población cruza el Mediterráneo en una paradójica huida hacia los territorios de quienes son los causantes de su desgracia, en forma parecida, también ese flagelo lo sufre hoy el pueblo sirio.

Peña Nieto subordinó de manera grosera el gobierno de México a los intereses de los EEUU, lo que permite al presidente Donald Trump exigirle a ese país que pare la marcha de los hondureños. 

Hace pocas horas, el presidente electo López Obrador, por medio de su canciller manifestó ante las pretensiones de los EEUU: “La política sobre migración en México la decide México”.

Más de 7.000 migrantes de Hondura van huyendo de la miseria que les toca vivir en su territorio de origen, a causa del saqueo del imperialismo y la subordinada oligarquía que dirige el actual gobierno. 

El mismo López Obrador señaló en días anteriores que "antes de levantar muros para impedir el tránsito de los migrantes a los EEUU, este país debe ocuparse en apoyar crear condiciones económicas, sociales, humanas y dignas en esas naciones”. Acertadas y pertinentes opiniones.

Veamos con mayor atención nuestro caso, siempre hurgando en las causas. La movilidad de nuestros compatriotas es por razones de una crisis económica, impuesta por la hegemonía de Norteamérica y las alianzas de los gobiernos subordinados con este Estado imperial. Esa acción criminal ha estado orientada a destruir el Estado Nación de Venezuela. Las consecuencias se manifiestan entre otros en un envilecimiento del valor salario de los trabajadores del país, por el ataque a la moneda nacional con un encadenamiento perverso con los distintos sectores de la economía, tributando a la destrucción de la calidad de vida de nuestros nacionales. Y en varios casos, también por la contribución de funcionarios del Estado que no están con el Estado, sino con sus negocios, rufianes que viven de los privilegios del cargo público.

Se manipula la migración para usarla como argumento de una presunta declaratoria de “crisis humanitaria” que vive el país, argucia que permitiría la intervención extranjera en detrimento de la soberanía, pero esa añagaza y trampa sutil, viene de una parranda de cínicos cuyos rabos de paja no resisten una evaluación donde salgan bien librados sus gobiernos, por los pasivos en logros sociales y económicos a favor de sus pueblos. 

En ese listado lúgubre se anotan las oligarquías de la Argentina, Honduras, Colombia, Perú, Ecuador, Chile, Brasil, entre otros, que envidiarían en muchos de los casos los índices en logros sociales alcanzados por el Estado venezolano.

La mejor contribución para aliviar la crisis en Venezuela, es respetar su autodeterminación, para que ella pueda darse su propio destino, levantar las sanciones económicas, bloqueos financieros y comerciales, asedio diplomático, ataque a la moneda que la envilece a niveles criminales, embargos de activos en el exterior y boicot a los precios del petróleo.

Lo contrario es una hipócrita conducta, velada para propiciar la destrucción del Estado Nación y saquear nuestras riquezas. No le estamos pidiendo nada. Lo único que solicitamos es respeto a nuestra soberanía.

Al meterle la lupa al fenómeno, se develan varias mentiras que en torno al caso se han fabricado como matriz de opinión. Las estadísticas de registros de migración dadas por la Oficina Internacional de Migraciones (O.M.I), unidad administrativa de la ONU. Ojo, no es el parecer de ningún chavista exaltado, indica: 

De Venezuela desde el 2015 han migrado, 697.562 personas, en el 2017, esa cifra aumento a 1.622.109 hab, años de mayor picos. Dispersos en su mayoría para el 2017, hacia Colombia con más de 600.000 venezolanos, los EE.UU, 290.224 emigrantes, España 208.333, Chile 119.051, Argentina 57.127, Ecuador 39.519, Panamá 36.361, Brasil 35.000, Perú 26.239, México 32. 582 compatriotas.

En ningún caso se trata de los 3.000.000 o 4.000.000 millones de migrantes venezolanos que la gran prensa difunde.

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