La hora de la verdad

Luis Eduardo Martínez
Luis Eduardo Martínez - Cortesía

Es la hora de la unidad, de la solidaridad y la responsabilidad con millones de venezolanos y venezolanas que sufren, de la grandeza más bien. No de las ambiciones desmedidas, de odios y mezquindades, de pequeñeces incluso.

Tampoco de la queja sin hacer, del esperar que otros resuelvan.

En poco, los que presumimos de dirigentes tendremos la gran oportunidad de demostrar nuestro carácter y valía y que en verdad nos duelen los pueblos que decimos representar.

Enfrentamos una multiplicidad de crisis que nos marcarán por generaciones y que, seamos serios, llevará años dejarla atrás. Es crisis política, económica, financiera, social, sanitaria, ambiental, ética y hasta emocional.

No hay atajos para enfrentar tanto y aunque algunos todavía, especialmente desde afuera, llamen a la violencia, será paso a paso y Dios quiera en paz como saldremos adelante. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, escribió Machado lo que después Serrat popularizó en canción.

El próximo 9 de agosto se abre el proceso de postulaciones para gobernadores, alcaldes, diputados regionales y concejales, previstos a elegirse el 21 de noviembre. El oficialismo se apresta a inscribir a los suyos inmediatamente después de comicios internos y las oposiciones, que no la oposición, siguen sin ponerse de acuerdo en lo que, Dixit Fouché, es una crasa estupidez.

A la par se anuncian, bajo la veeduría del Gobierno de Noruega, negociaciones entre actores políticos en México.

Acudir a las elecciones regionales y locales y a la mesa de negociación obligan a decisiones que jamás serán del agrado general.

Participar o no participar es el gran dilema y en tal nuestra posición es más que clara: hay que ir a las elecciones, para ganar, y se debe acudir a las negociaciones para obtener tanto como sea posible.

Hasta el cansancio: si somos capaces de postular candidatos únicos en cada jurisdicción, presentar un programa marco unitario, testigos capacitados y comprometidos en todas las mesas de votación, convirtiendo la jornada de noviembre en un referéndum sobre la gestión gubernamental la victoria de los que procuramos una Venezuela distinta será segura. Si en las negociaciones se entiende que ninguna de las partes jamás logrará la totalidad de lo que pretende, sino que se trata de mutuas concesiones, comenzaremos con buen pie. Frente a los radicales de lado y lado, en palabras de Kennedy, “Negociemos libres de miedo, pero no temamos negociar”.

Seguí temporada tras temporada, Juego de Tronos, y me atrapó la trama y los personajes. Seguramente Jorah Mormont, el caballero exiliado que se pone a la orden de Daenerys Targaryen, es de los menos recordados. A él una noche le oí una frase que yo no olvido: “Es tentador ver a tus enemigos como malvados, pero hay bien y mal en ambos lados de cada guerra que se haya peleado”.

Frente a frente en las elecciones y en la negociación, si la hay, estaremos ciudadanos y ciudadanas de una misma tierra que con visiones diferentes, es cierto, perseguimos un mismo sueño: el de la mejor Venezuela y para que sea posible veamos en los otros y saquemos de nosotros lo mejor de cada uno.

Es la hora de la verdad, en la cual moldearemos el país del mañana.

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