Imperialismo, globalización y realidad

Referencial

Vladimir Lenin, fue creador del texto “Imperialismo Fase Superior del Capitalismo”, en Zurich, durante la primavera de 1916. Lenin indica que sus principales características son: “Concentración de la producción y el capital, imponiendo el monopolio que modifica y condiciona la vida económica.-Fusión del capital bancario con el capital industrial, que servirá de soporte para el capitalismo de la oligarquía financiera.”-Exportación de capital-Formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas… las cuales se reparten el mundo”.

La transformación del capitalismo, por lo general han sido resueltas a través de las guerras, como medio para dirimir sus contradicciones originadas por la propiedad privada sobre los medios de producción.

La primera guerra mundial, fue una guerra signada por el saqueo, el bandidaje, la conquista de nuevos espacios territoriales y de poder económico, una guerra por el reparto del mundo, para entonces el negocio ferrocarrilero arrastro consigo, la industria del carbón, del acero, la gran producción, los comercios masivos, los monopolios, las oligarquías financieras. Concentrando el poder en Inglaterra, Norteamérica y Japón.

La segunda guerra mundial permitió el desplazamiento de los viejos países imperiales europeos por el hegemón de los EEUU, convertido en la gran superpotencia económica, militar, política y tecnológica del mundo entero, poder soportado por los monopolios de las oligarquías financieras.

En esos contextos, Venezuela entra en el concierto de reacomodo del capitalismo, nuestro país transitaba la fase de crisis y agotamiento del esquema liberal, le fue asignando un papel consumidor de importaciones provenientes de Francia, Inglaterra, Alemania y EEUU, a la oligarquía agroexportadora, latifundista, comercial, cosmopolita y consumista, en contraposición al modo de vida compartido entre las clases medias y sectores populares, que discurrió en medio de una dinámica austera y de pobreza. Tiempos de hegemonía del pensamiento positivista ordenador de las ideas de “restauración”, “orden”, “paz” y “progreso”, ecuación que permite eslabonar ese contexto al nuevo poder neocolonial, resultado de la reconfiguración del dominio imperial.

En medio de esa pobreza rayana con la miseria, es conveniente observar algunos indicadores que informan las condiciones económicas y sociales de la época. Para 1920 el producto nacional en los países de las metrópolis era en promedio, algo más de 1000 dólares por habitante, y para un grupo de países en la América Latina (Argentina, Brasil y Colombia) era de más de 350 dólares por habitantes, el de Venezuela llegaba a 147 dólares, el ingreso para los venezolanos en relación con los habitantes de esos países latinos, era cuando menos un 30% inferior. Las ¾ partes de la población era analfabeta, con una tasa de mortalidad de 30 y 20 personas por cada 1000 habitantes, con una esperanza de vida de 31 y 34 años. Es decir después de 90 años de la “emancipación e independencia”, las oligarquías habían igualado y en algunos casos profundizado las injusticias, exclusión, económicas, políticas y sociales heredadas del régimen colonial.

En las dos primeras décadas del siglo XX, Venezuela experimenta un cambio político de un significado histórico determinante para el futuro del país, Cipriano Castro es desalojado del poder en el último tercio del año de 1908, por medio de un golpe de estado con el apoyo de los EEUU. El 13 de febrero del 1909, se firma los protocolos Buchanan- Gómez, acciones de entrega de los intereses venezolanos a los gobierno de Washington y a las empresas petroleras, en adelante esa será la conducta mejor ejecutada por el nuevo bloque de poder interno que se estructuró para alinearse a los objetivos de la oligarquía local y los intereses del imperialismo norteamericano, cuyo inicio más emblemático fue la feria del reparto de las concesiones petroleras a las compañías aceiteras extranjeras.

Las nuevas condiciones exigen la organización del Estado nacional moderno en Venezuela, el Estado gomecista, para asegurar el papel de proveedor de materias primas hacia los EEUU, sobre todo del principal recurso en torno al cual gira la economía mundial, el petróleo. Para lograr lo anterior, se orienta la inversión del Estado hacia las finanzas, las obras públicas, la educación, el ejército, la salud, la política internacional, la seguridad pública y las comunicaciones. Proceso que viene a trastocar la tradicional disposición de las clases sociales y sectores de clases, que ahora tienen una valoración de la realidad, mediada por la cultura del petróleo, como resultado de los cambios en la estructura económica del país.

Ahora, hoy en día, se caracteriza las relaciones entre las naciones a través de la categoría de la globalización, que es un redimensionamiento de la hegemonía imperial, mediadas por nuevas tecnologías de la informática, cibernética, la electrónica, nuevas herramientas que han permitido consolidar las relaciones monopólicas del capital, el reparto y dominio de los territorios, por la acción de las empresas más poderosas y en algunos casos, ellas suplantan a los Estados, la globalización encubre el funcionamiento real de la sociedad y enmaraña la noción de Imperio como fenómeno histórico, económico, político, sociocultural.

Hay una resignificación del capitalismo, las acciones de algunos caballeros templarios del capitalismo en la sociedad se hacen cada vez más cínicas y perversas, se registran nuevos códigos y símbolos que pretenden suplantar al hombre, se elude el desempleo crónico, se pretende ocultar el crecimiento de la pobreza, la clase media es silenciada ante la pérdida creciente de su calidad de vida, los salarios se envilecen, la violencia recrudece e impone una visión intolerante de la sociedad, se diversifican las enfermedades, hay sordina sobre el éxodo de los pueblos que huyen del genocidio de la pobreza impuesta por el capitalismo, hoy más que ayer, la inequidad de la riqueza se hace insalvable pero se vela, el imperio ha entrado en una profunda crisis mundializada, pero el discurso globalizador reduce y banaliza su gravedad.

Velar con sofismas la existencia, no es un hecho ingenuo y casual, por el contrario, es el encubrimiento deliberado de la escena para manipular la verdad, la ideología de la globalización es el neoliberalismo que justifica lo inevitable de la globalización, condenando a la desaparición y la autodestrucción a quienes se oponen a este discurso que se nutre en las teorías del liberalismo ultramontano, eliminación del Estado Nación, disolución de los sindicatos, exaltación del papel del mercado, de la iniciativa privada frente a la gestión de lo público, del levantamiento de los controles que regulan el medio ambiente.

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