Hinterlaces: Fin del "empate catastrófico" y de la polarización

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Con el inicio del proceso de diálogos y negociaciones en México, culmina el llamado “empate catastrófico” en Venezuela, es decir, la etapa de confrontación de dos proyectos, con niveles similares de fuerzas.

Se trata del final de la polarización extrema y radical, después de 20 años de guerra social y política, con la indiscutible victoria del Presidente Nicolás Maduro y del Chavismo y la rendición de la Oposición mantuana, aún con todo el respaldo internacional que recibió y que también ha ido menguando.

La estrategia insurreccional y el proyecto de élites, impulsados por la oposición venezolana y por Estados Unidos, con muy breves pausas electorales, fueron derrotados definitivamente, cuando los partidos políticos más reaccionarios y conservadores, ya sin fuerzas ni iniciativa política, atomizada y dividida, sin respaldo popular y sin convocatoria, acuden a la mesa de diálogo, aceptando de esta manera la legitimidad del Gobierno Bolivariano y de las instituciones, regresando a la vida política y electoral y reconociendo al Chavismo como la más importante fuerza social y política del país.

Narrativa pospolarización compartida

Los discursos de Gerardo Blyde y Jorge Rodríguez, en ambas rondas de las negociaciones en México, apuntan hacia una nueva narrativa pospolarización.

Temas como la defensa del Esequibo y la atención humanitaria se convierten en puntos de coincidencia entre ambos sectores enfrentados. No hay adjetivos, no hay señalamientos, se habla de reestablecer la “convivencia democrática”.

Nuevo modelo económico: Epicentro de la pospolarización 

Por su parte, el modelo económico y productivo emergente promueve claros consensos tácitos y activos, lo cual precede a la construcción de una vigorosa re-institucionalización del país, y es el epicentro de la nueva narrativa pos-polarización.

Este nuevo proyecto económico cuenta con el respaldo de amplios sectores de la sociedad venezolana y representa la gran oportunidad para el Chavismo, como fuerza hegemónica, de ampliar su influencia cultural y convertirse en alternativa (otra vez).

Todos los actores de poder real en Venezuela entienden que está naciendo un nuevo modelo económico, que ha sido producto de las transformaciones ocurridas como consecuencia de la crisis y las medidas coercitivas unilaterales. Todos entienden además que es necesario dotarlo de coherencia, normas y estructura. Es una oportunidad única para pacificar al país, aliviar la crisis y buscar soluciones no rupturistas al conflicto político venezolano.

El chavismo gana también la batalla hegemónica 

En este sentido, el triunfo bolivariano deja claro que la batalla hegemónica también la pierden las élites más conservadores, ya que las ideas bolivarianas se convierten en las ideas que crean mayores convergencias y respaldos.

El llamado “centro político” se mueve más en dirección con el modelo de economía mixta, el fin del neoliberalismo, la inclusión social, la actuación del Estado y el cese del autoritarismo social.

Se consolida entonces una dinámica de cambios en la subjetividad capaz de disputarle el poder cultural a las élites y al neoliberalismo.

Actualmente el modelo bolivariano, y en particular el modelo económico, es mucho más potable para otros sectores sociales que antes lo adversaban.

Asumen el discurso del Comandante Chávez convertido en ideología. Pertenecen a las clases populares y a los sectores emergentes. Defienden el “Legado de Chávez”. Consideran a Chávez como su “Líder Espiritual” (La Palabra) y al Presidente Maduro como su “Líder Terrenal” (La Realización).

Demandan orden y eficiencia. Creen en el ascenso social inclusivo. Aprueban la economía mixta con diversas formas de propiedad y gestión, así como el Modelo Productivo Socialista. También exigen un Estado fuerte, regulador, garante y protector.

Se autodefinen como socialistas y “humanistas”. Aspiran a una sociedad igualitaria y justa, con oportunidades, respeto, dignidad e inclusión económica. Valoran las Misiones y los programas sociales pero también el empleo y el desarrollo económico. Representan el nuevo “clima socio-emocional” y el nuevo “estado de ánimo” de la sociedad venezolana.

Deberá surgir ahora una nueva polarización, pero en el campo democrático y electoral, donde se confrontarán las organizaciones políticas con sus agendas, narrativas y proyectos, pero dentro del modelo hegemónico.

Contexto internacional 

Por su parte, el Departamento de Estado de Estados Unidos saludó, en un mensaje por Twitter, el inicio de las negociaciones entre el Gobierno y las oposiciones del país suramericano.

El conflicto político interno entre la oposición y el gobierno de Venezuela no se concentra en el plano interno. Existe un antagonismo entre el Estado venezolano y el Estado norteamericano, ahora en el terreno de la geopolítica y la geoestrategia.

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Con el presidente Biden, los EEUU entran en una nueva etapa. No se trata de un nuevo gobierno, es un cambio de ciclo político. La salida de Afganistán marca el fin del “siglo americano” y el inicio de un ciclo en el que EEUU ya no puede ser el “policía del mundo”, pues está obligado a atender sus problemas internos y realizar un “reset” de su propio sistema.

Los EEUU seguirán jugando rudo en el terreno internacional, pero ya no podrán darse el lujo de imponer sus intereses por medio de intervenciones militares clásicas al estilo de Irak y Afganistán: “Los problemas de 7,8 billones de seres humanos no pueden ser resueltos por el 1% de la población norteamericana”, señaló Biden en su último discurso.

Participación electoral 

Actualmente, según el más reciente Monitor-Pais Hinterlaces, correspondiente al mes de Agosto 2021, 52% de los venezolanos declaran que DEFINITIVAMENTE VOTARÁN, lo que dado el comportamiento electoral histórico reciente, nos permitiría proyectar una participación promedio de 39%.

Esta importante abstención se concentra en los segmentos socio-políticos autodefinidos como independientes y opositores, quienes no votan basados en una postura abstencionista sino principalmente porque no cuentan con opciones ni propuestas.

72% opina que “la oposición no tiene un líder fuerte que la represente”, 83% piensa que “la Oposición está muy dividida” y 93% considera que ”hace falta gente nueva para dirigir a la Oposición”

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Mientras 85% de los autodefinidos como chavistas manifiestan su decisión de votar y 84% simpatizan con el PSUV. Por ello, la estrategia electoral del PPSUV se dirige a convocar y movilizar a sus seguidores, pues frente a una oposición sin caras ni mensajes ni propuestas, el chavismo se convierte en mayoría electoral.

Hoy el Chavismo representa la primera opción para ganar la mayoría de las gobernaciones y alcaldías que se disputarán el próximo 21 de noviembre 2021.

Fuente: Hinterlaces/ Schemel

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