El sabio que Iván Duque olvidó invitar… ¡Sir John Cowperthwaite!

El economista a Axel Kaiser en un artículo suyo titulado “Administra Piñera gobierna Bachelet” escribe: “lo que la centroderecha en general no ha entendido es que la izquierda, desde hace ya tiempo, se encuentra en un proyecto refundacional y que lo perseguirá sin importar cuánto tiempo le tome. Y no lo ha entendido porque, en general, carente ella misma de principios claros, desconoce cómo funciona la mente de la izquierda, para la cual siempre la ideología es más importante que la realidad”. Yo agregaría: Si además convalidas, aunque seas de centro derecha, el “Ogro filantrópico”, es decir el “Estado obeso redistribuidor de riqueza”, también eres una especie de socialista, y si no tienes conciencia de lo importante que es librar una lucha intelectual contra la ideología socialista: ¡atente a las consecuencias!

Si bien la izquierda actúa en función de supuestos “principios superiores” o de una “moral superior”, que no es más que resentimiento social e inmadurez convertidos en venganza social, su desempeño como gobernantes es catastrófico porque privilegia el estatismo sobre el libre mercado. Basta el testimonio de Lenin Moreno, un socialista que al llegar a la presidencia de Ecuador descubrió, de primera mano, la nefasta herencia del correísmo, que lo llevó a declarar: “el socialismo del siglo XXI le ha hecho mucho daño a América Latina”.

Hay dos tipos de fracasos en América Latina: los de la izquierda, porque aplican los dogmas socialistas acompañados del garrote ideológico y la fórmula represiva cubana. Es el caso Venezuela, que de tener un ingreso per cápita en el orden de los catorce mil dólares, veinte años después, a duras penas alcanza los dos mil dólares, y sus habitantes emigran por millones huyendo de la pobreza como sucedió en Cuba, en los 60’s, cuando más de un millón de seres abandonaron la isla, al ver la tsunami social y político que se avecinaba.

El otro fracaso es de los gobernantes centro derechistas, más demócratas, decentes y sinceros, pero políticos al fin, atados al estatismo y sus obligadas políticas populistas sostenidas sobre enormes cargas impositivas, deudas y una burocracia que confisca para sí el tesoro público, quitándole espacio a la libertad y posibilidades de emprendimiento.

Una clarinada de alerta a estos gobernantes significan las duras protestas sociales, en buena parte genuinas, aunque la Internacional de la Mano Peluda del izquierdismo atiza el fuego del descontento.

Para comprender la diferencia entre estatismo y libre mercado comparemos a Hong Kong con Colombia (Datos Macro 2018). PIB Hong Kong 307. 143 mil millones de Euros. PIB Colombia 280.249 mil millones de Euros. Per Cápita Hong Kong 41.029 euros. Per Cápita Colombia 5.624 Euros. Población Hong Kong 7 millones quinientos mil habitantes. Población Colombia 50 millones de habitantes. Pero no sólo ese indicador es altamente sorprendente, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidades (PNUD) en 2017, fue de 0,933 puntos sobre 10 y los ubica en el puesto # 7 del ranking mundial. Por decimotercera vez consecutiva, Hong Kong encabeza el Índice de Libertad Económica, que prepara la Heritage Foundation de Washington junto con el diario The Wall Street Journal. Hong Kong es la economía número 36 por volumen de PIB. Su deuda pública en 2018 fue de 162 millones de euros, el 0,05% del PIB, la menor deuda del mundo respecto a su PIB. En cuanto al estudio PISA (2018) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que abarcó 79 países y que se centró en el reconocimiento y valoración de las destrezas y conocimientos adquiridos por los alumnos al llegar a sus quince años de edad, Hong Kong ocupó 4to lugar. Lectura / 524 puntos. Matemáticas / 551 puntos. Ciencia / 517 puntos. Solo para comparar, en la exigente prueba PISA, Chile y Uruguay, los mejores ubicados en nuestro continente, ocuparon el puesto # 43 y # 48 respectivamente. México, Brasil y Colombia # 53, # 57 y # 58 respectivamente. Argentina el puesto # 63.

Hong Kong es una isla diminuta frente a la China continental que se declaró comunista desde 1949. Su gran fracaso y las hambrunas que liquidaban a su pueblo, tuvieron una vía de escape hacia la isla y estremecieron los cimientos internos. Mao, “poseedor de la verdad y la fórmula para el progreso social socialista” reaccionó con su plan “Un gran salto Adelante”, y luego, con la “revolución cultural china”, que a pesar de sus atrocidades, ampliadas éstas por la “banda de los cuatro” que dirigía su cuarta esposa Jiang Qing, no pudo detener el afán de cambio de buena parte del país, necesidad que la dirección del Partido Comunista interpretó después de la muerte de Mao en 1976, validando con Deng Xiaoping, un antiguo perseguido de la nomenclatura del partido Comunista de Mao, en 1979, los cambios hacia la economía de mercado que la sociedad estaba incubando secretamente bajo lo que llamaban “el sombrero rojo”.

La milenaria sabiduría china es imprescindible para entender cómo un régimen comunista sólo puede intentar perpetuarse en el poder si combina la dictadura con el éxito genuino en la gestión económica y por ende su repercusión social. En China, que es una recia dictadura de partido único, profundizada con el actual “emperador” Xi Jinping, su efecto devastador ha sido atenuado por su auge económico. China bajo el lema “Un país dos sistemas” es hoy la segunda economía del mundo. En 40 años ha logrado un cambio enorme económico y social, y sigue avanzando. Sólo la zona industrial de Shangai tiene unos 300 kilómetros cuadrados de empresas capitalistas, y hay varias zonas industriales de esa magnitud, que hacen de China el primer país exportador del mundo y su clase media alcanza ya a cientos de millones de ciudadanos; sin embargo, en materia de libertad de expresión e información, su pueblo tiene vendados los ojos a pesar de ser un gigante tecnológico, pues todas las fuentes de información nacionales y extranjeras están controladas y censuradas por el gobierno; en cuanto a los derechos humanos, se están descubriendo casos horrendos (más graves que los ya conocidos de Tianamen, la persecución y encarcelación de los disidentes, o los intentos por cercenar las libertades civiles y políticas de Hong Kong) como el de la minoría uigures, que están aislados en campos de concentración totalmente militarizados, legitimados como centros para “reeducar” a millones de miembros de esa minoría islámica en la norteña provincia de Xinjiang. La ventana a la luz y a la libertad sigue siendo Hong Kong y ya Pekín le tiene el ojo puesto, por eso la las manifestaciones de Hong Kong no son por hambre sino para preservar la LIBERTAD.

Podemos deducir que ningún régimen socialista latinoamericano será tan longevo como el chino, y tendrán que combinar la tragedia social con la represión para prolongar su agonía, como es el caso de Venezuela y Nicaragua. El caso de Evo, fue diferente. Con un manejo mucho mejor en el fortalecimiento del Estado, (en contraposición con el debilitamiento del Estado venezolano que llevó a la quiebra a la gallina de los huevos de oro: la industria petrolera) su ignorancia, su carácter excluyente, su ansias de perpetuarse en el poder violando la Constitución, estimuló el rechazo de un pueblo que mostró valentía y una masiva oposición a la exclusión y a la mentira. La enorme presión popular, luego del fraude electoral, logró la neutralidad de las Fuerzas Armadas, y Evo pegó una carrera hasta llegar a México. Algunos voceros del gobierno venezolano han dicho que Evo perdió el poder porque no siguió estrictamente la receta cubana, especialmente, en lo que se refiere a las bandas armadas que en Venezuela se llaman “colectivos”, “milicias”, y en Nicaragua “Organización Departamental de los Sandinistas Históricos”, especialistas en la técnica cubana de espiar, delatar, difamar, perseguir, hostigar, encarcelar e incluso matar.

El caso cubano requiere una breve explicación, y nos la da Paul Johnson en su magnífico libro: Historia de los Estados Unidos. Escribe Johnson: “la Enmienda Platt del 2 de marzo de 1901, incorporada a la Constitución original cubana, mediante la cual Estados Unidos reconocía la independencia y soberanía de Cuba a condición que esta se comprometiera a no celebrar tratados que pusieran en peligro su independencia, que arrendara una base a estados Unidos en bahía de Guantánamo, y que permitiera que sus tropas desembarcaran en la isla en caso de desórdenes civiles, amenazas a las inversiones norteamericanas, etc. La enmienda dejó de tener vigencia en 1934, pero incluso, hasta la década de los 50’s, el embajador de Estados Unidos en La Habana era el segundo hombre más importante de Cuba, a veces más importante que el presidente. Sin embargo, durante esa década, bajo el liderazgo de Fulgencio Batista considerado un hombre fuerte, Cuba se hundió en un cieno de corrupción y mafia.”

Johnson sostiene que EEUU pudo accionar la enmienda Platt, pero al no hacerlo, quedó reducida a sermones y exhortaciones. Así mismo, constata cómo la influencia del New York Times, (“medios cada vez más poderosos, influyentes y santurrones”) a través de su reportero Hebert Matthews, eligió a Fidel Castro como el candidato democrático de EEUU para derrocar y reemplazar a Batista. El inconveniente de esa opinión -agrega Johnson- fue que Castro no era demócrata, sino un fanático comunista como luego se evidenció. A mediados de 1959 había firmado diversos pactos con Rusia para recibir armas y ayuda de expertos de la KGB para entrenar su policía secreta. El Monstruo fue creciendo y pese a los potenciales peligros, Eisenhower, que puso todas las opciones sobre la mesa, nada hizo. En 1961, iniciándose Kennedy como presidente, forjó un plan que fue la operación bahía de Cochinos que resultó un enorme fracaso. Fidel lo había leído todo en los medios de comunicación norteamericano y estaba preparado. Kennedy, en el momento crucial, negó la intervención del portaaviones Essex que estaba a 16 kilómetros de la costa cubana.

En 1962 vino la crisis de los misiles, Nikita Kruschev mintió a Kennedy cuando admitió que estaba armando a Castro pero sólo con misiles de corto alcance. La verdad es que había llevado a Cuba 42 misiles nucleares de medio alcance y más de 42 mil militares soviéticos. Kennedy impuso una cuarentena sobre el mar de acceso a Cuba y amenazó con atacar cualquier navío que desafiara la cuarentena y la flota rusa que se dirigía a la isla con más misiles decidió, lentamente, dar la vuelta. Kennedy y Kruschev negociaros y acordaron que se retirarían los misiles soviéticos a cambio de no invadir a Cuba y que EEUU retiraría los misiles Júpiter de Turquía. Kennedy no sólo no retiró los misiles de Turquía, sino que toleró el régimen de Castro y su alianza con la Rusia Soviética.

A partir de entonces el despotismo de los Castro, que ha generado una sociedad reprimida, enferma de pobreza, desinformación y vejez, insistió por diferentes medios y en distintas regiones, en implantar su modelo, hasta tomar la joya de la corona: Venezuela, en 1998, el país más rico de la región dada la fortaleza de su industria petrolera. Las consecuencias están a la vista y no se necesitan anteojos para verlas. Aunque hay mucha desesperanza en su pueblo que prefiere huir a enfrentar la realidad del hambre y las balas, no tengo la menor duda, como ha sucedido con toda dictadura a lo largo de la historia, y han sido muchas, que su caída es inevitable.

Las conmociones sociales del 2019 que han estremecido al continente, han puesto contra la pared también a los gobiernos de centro derecha. El estatismo social demócrata latinoamericano fracasará así lo aplique un gobierno encabezado por Jesucristo. El fracaso de los gobernantes de centro derecha se debe al exceso de Estado que estimula la corrupción y el despilfarro, además que es muy costoso su mantenimiento limitando la posibilidad de expandir la iniciativa privada que es mucho más sostenible y benefactora que las políticas sociales.

Por eso hemos convocado a este artículo la experiencia de Hong Kong, que como reseña la columnista del Cato Institute, Marian Tupy, a decir del Visconde Palmerston, entonces Secretario de Relaciones Exteriores del Gran Bretaña, era “una isla infértil con difícilmente una casa en ella”. Tras la Primera Guerra del Opio la isla de Hong Kong fue cedida por China a Gran Bretaña mediante el Tratado de Nanking de 1842. Luego de la Segunda Guerra del Opio, y por la Convención de Pekín de 1860, se acuerdan nuevas cesiones a Gran Bretaña. Los territorios fueron arrendados a Gran Bretaña por 99 años a contar desde el 1 de julio de 1898 hasta el 30 de junio de 1997; por ello, el 1 de julio de 1997 Hong Kong pasó a China como Región Administrativa Especial, régimen que finalizará en 2047 con la plena integración de Hong Kong a la China Comunista.

En Hong Kong comenzó a gestarse, después de la Segunda Guerra Mundial, un proceso de crecimiento y desarrollo asombroso. Marian Tupy sigue diciendo: “Hong Kong, con un PIB per cápita promedio de $4.120 debe haberse visto como un paraíso comparado con la China Comunista, donde el PIB per cápita promedio era de $644. Pero, comparado con los países avanzados de Occidente, Hong Kong era todavía un país relativamente atrasado. Los ingresos per cápita en el Reino Unido y EE.UU. se ubicaban en $11.921 y $16.197, respectivamente. Hoy, el ingreso promedio de Hong Kong es 37 % y 3 % más alto que el de Reino Unido y EE.UU., respectivamente”.

El arquitecto forjador del éxito de Hong Kong era un servidor público escocés, graduado de la Universidad de St. Andrews, y un seguidor de Adam Smith: el señor John Cowperthwaite, el sabio que Iván Duque olvidó convocar a la consulta sobre el destino de Colombia. Cowperthwaite fue Secretario de Finanzas de Hong Kong desde 1961 hasta 1971, y es famoso por la introducción de políticas económicas de libre mercado ampliamente acreditadas por convertir al Hong Kong de posguerra en un centro financiero mundial próspero.

El gobierno limitado y barato, sumado a la libertad irrestricta de comercio, añadido a los cambios que lideraban Margaret Tatcher contra el socialismo inglés y Deng Xiaping contra el comunismo chino, crearon un marco apropiado que ayudaron a probar las certezas de los descubrimientos de Adam Smith en su investigación sobre el origen y causas de la riqueza de las naciones. En una discusión sobre la “planificación estatal” (citado por Marian Tupy) Cowperthwaite señaló: “Me temo que debo empezar por expresar mi profunda aversión y desconfianza de cualquier cosa de este tipo en Hong Kong. La oposición oficial a la planificación económica en general y a la planificación de controles ha sido caracterizada recientemente en un editorial como ‘El papá sabe qué es lo mejor’. Pero es precisamente porque el Papá no sabe que es lo mejor que yo creo que el Gobierno no debería presumir decirle a cualquier empresario o industrialista lo que él debería hacer o no hacer, mucho menos lo que puede o no puede hacer; y sin importar cómo esté vestida eso es lo que la planificación es… y agrega: A lo largo de un campo amplio de nuestra economía todavía es el mejor camino depender de la 'mano escondida' (mano invisible) del siglo diecinueve que lanzarle los torpes dedos burócratas a su mecanismo sensible. En particular, no podemos dañar su impulso primario, que es la libertad de la empresa competitiva”.

Finalizaré este artículo transmitiendo la sugerencia de Marian Tupy acerca de la utilidad de leer el libro de Neil Monnery, Arquitecto de la prosperidad: el Señor John Cowperthwaite, que es un relato fascinante acerca del auge de Hong Kong como una potencia económica a nivel global y podría ser útil a los gobernantes bien intencionados de América Latina, para entender el poder no como un fin en sí mismo que satisface egos, sino como una oportunidad para alcanzar el genuino desarrollo integral que es la aspiración de la inmensa mayoría de los que hoy protestan. Los que protestan no merecen ni perder la vida ni los ojos como ha sucedido en Chile, o como le sucedió a Rufo Chacón, el joven venezolano que perdió sus dos ojos a causa de un disparo de perdigones directo a su cara, o el caso de las protestas de Hong Kong en que se hizo relevante la herida de una joven que en octubre perdió un ojo luego que recibiera un disparo en el rostro. Los gobiernos deben hacer un gran esfuerzo para diferenciar los vándalos de toda ralea que siempre estarán “pescando en río revuelto” y las multitudes insatisfechas que protestan, entre otras razones, porque ven el mundo de privilegios que rodean a la inmensa y costosa burocracia estatal que reina en estas naciones empobrecidas, y que no resuelven definitivamente el aspecto crucial: El desarrollo económico, social y humano con pobreza cero y gobernantes sencillos sin el boato característico de las viejas cortes medievales. 

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