Depuración militar: ¿qué hay detrás de la salida de once generales del Ejército en Colombia?

Operación verdad. Con ese título el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, bautizó la serie de medidas que durante las últimas semanas ha tomado su cartera ante los escándalos que han sacudido al Ejército. En el último mes, cinco generales salieron de esa institución, junto a otros 15 oficiales, entre ellos varios coroneles. A este grupo se suman otros seis generales que ya habían salido, para un total de 11 oficiales de ese alto rango que quedaron por fuera en menos de un año.

El pasado miércoles, Trujillo anunció medidas como crear inspecciones que supervisen las unidades de inteligencia y contrainteligencia de las fuerzas. Además, aplicar estrategias de transparencia, cambiar los estándares para recibir personal de inteligencia y contrainteligencia y fortalecer los mecanismos para recibir las denuncias. “El Gobierno, el Ministerio de Defensa, el país, queremos llegar hasta el fondo de esa verdad institucional, y la buena noticia es que la Justicia está avanzando”, dijo el funcionario.

Estas medidas y la salida de los generales responden a múltiples investigaciones, varias de ellas reveladas por SEMANA, y otras adelantadas dentro de la institución y también en la Fiscalía y la Procuraduría. Los casos van desde corrupción hasta una cacería de brujas dentro del Ejército, chuzadas ilegales, perfilamientos de periodistas y otras personalidades. Eso sí, al menos tres de los altos mandos retirados no parecen tener señalamientos claros y sus salidas obedecen más a ajustes políticos para evitar divisiones internas.


Sin investigaciones claras. Los retiros de los generales Jorge Salgado, Javier Cruz Ricci, Raúl Rodríguez y Juan Vicente Trujillo obedecen a movidas para evitar divisiones internas. 

Tres mayores generales salieron más recientemente. Se trata de Jorge Salgado, nombrado agregado militar en Chile el año pasado, cuando SEMANA empezó a destapar las irregularidades. También Raúl Rodríguez, que comandaba el Estado Mayor de Operaciones y apareció en una foto con el Ñeñe Hernández. Sobre estos generales no hay investigaciones en concreto, pero sí sobre Pablo Bonilla, el tercero de los que salieron en los últimos días, quien aparece en los archivos de la Operación Bastón, con la que el Ejército descubrió casos de corrupción contra decenas de oficiales.

Al general Gonzalo García, quien comandaba inteligencia y contrainteligencia, le dieron la opción de pedir la baja hace un mes. A Eduardo Quirós, a cargo del Cede3, lo llamaron a calificar servicios. Ambos terminaron retirados justo cuando SEMANA reveló en el artículo ‘Las carpetas secretas’ que unidades de inteligencia y contrainteligencia habían perfilado irregularmente a más de 130 personas. Entre las víctimas había periodistas extranjeros y locales, abogados, congresistas y miembros de oenegés. Por esto, la Procuraduría llamó a juicio disciplinario a estos oficiales y a otros 11 militares.

Quirós ya había estado en el ojo del huracán el año pasado. De hecho, dirigió la contrainteligencia del Ejército hasta que SEMANA reveló que el alto oficial había dirigido una cacería interna para dar con las fuentes que denunciaban la corrupción y que habían entregado a la prensa los polémicos formatos que revivieron el temor de los falsos positivos el año pasado. Quirós habría ofrecido hasta 100 millones de pesos para dar con los informantes. Entonces lo trasladaron a la unidad que dirigió hasta su retiro, encargada de asesorar a la comandancia del Ejército.

Perfilamientos y chuzadas. Los generales Eduardo Quirós y Gonzalo García tuvieron a su cargo la inteligencia y la contrainteligencia, cuestionadas por chuzadas y perfilamientos ilegales.

En esta batida interna, ocurrida el 1 de mayo, también salieron otros diez oficiales, entre esos varios coroneles. Según el Ministerio de Defensa, estos movimientos fueron motivados por las investigaciones sobre seguimientos y chuzadas ilegales que SEMANA reveló en enero en su portada ‘Chuzadas sin cuartel’. Este espionaje requirió usar dispositivos y softwares especializados de inteligencia, y tuvo entre sus objetivos a militares, magistrados y políticos.

Esta investigación, en marcha desde finales de año, también habría precipitado en diciembre la salida del general Nicacio Martínez, comandante del Ejército, aunque este aseguró que pidió la baja por motivos personales. Meses después, el Gobierno frenó su designación como agregado militar ante la Otan, justo cuando estalló el escándalo de las carpetas secretas.

OPERACIÓN BASTÓN

Como reveló SEMANA hace un mes, el Ejército lanzó en 2017 la Operación Bastón, la más ambiciosa actividad de contrainteligencia destinada a depurar las filas de elementos corruptos. Comenzó con 20 misiones de trabajo que hallaron posibles irregularidades cometidas por 16 generales y otro centenar de oficiales y suboficiales. Los casos iban desde venta de información a las Farc hasta negocios con miembros de la Oficina de Envigado y el Clan de Golfo, además de corrupción para desviar fondos y torcer contratos. Pero con la llegada de una nueva cúpula militar, a finales de 2018, la operación quedó congelada.

Esos hallazgos permanecieron sepultados hasta mediados del año pasado, cuando SEMANA publicó sus investigaciones ‘Operación Silencio’ y ‘Las ovejas negras’, sobre la corrupción que involucraba a altos mandos del Ejército. Entonces comenzó el remezón. Primero salió el general Jorge Romero, en julio. Esta revista denunció que cuando comandaba la Cuarta Brigada en Medellín, se conformó un entramado de corrupción de contratos y también de venta de salvoconductos de armas a delincuentes, incluso de la Oficina de Envigado. Romero está hoy preso, al igual que una decena de militares y contratistas involucrados.

Poco tiempo después otros cuatro altos oficiales se apartaron de las filas. El mayor general Adelmo Fajardo, segundo comandante de la institución, salió tras denuncias de SEMANA que lo vinculaban con el uso de recursos oficiales para gastos personales. El mismo destino corrió el brigadier general César Augusto Parra, jefe del Departamento Conjunto de Planificación y Transformación, señalado de desviar partidas de combustible de sus unidades y de contribuir en el amaño de contratos, algo que él ha negado insistentemente.

Romero, Parra y Fajardo aparecían en los hallazgos de la Operación Bastón, pero ascendieron a cargos de mayor importancia bajo la comandancia del general Nicacio Martínez. La Fiscalía también conocía los casos, pero estos no se movieron hasta que los denunció SEMANA.

Operación Bastón. Los generales Jorge Romero, Adelmo Fajardo, César Parra y Pablo Bonilla aparecieron en los archivos de la Operación Bastón, la misión de contrainteligencia más grande que ha hecho el Ejército, que investigó decenas de casos de corrupción interna.

Entonces también salieron los generales Juan Vicente Trujillo y Javier Cruz Ricci. En entes de control y los medios habían circulado anónimos contra estos militares, pero las autoridades los habían desestimado. Esas salidas fueron más políticas y tuvieron la intención de equilibrar cargas y mandar el mensaje de que el Gobierno no permitiría divisiones y bandos internos.

Ya han salido 11 generales en medio de escándalos de irregularidades de todo tipo. Y el propio ministro ha dicho que no descarta que en los próximos días salgan más. No es un número menor, y menos si se tiene en cuenta que hacían parte de la cúpula del Ejército, así como de las más importantes unidades, como las de inteligencia y contrainteligencia. A ellos se suman otros 20 oficiales por otras investigaciones. El Gobierno los ha llamado a cuenta gotas y les ha permitido, a la mayoría, solicitar su retiro.

Estas medidas son impopulares en un sector de la institución y algunos círculos políticos. Pero Trujillo y el comandante del Ejército, general Eduardo Zapateiro, han demostrado que no les ha temblado la mano para tomar los correctivos que permitan al Ejército salir de algunas de las manzanas podridas que tanto daño le han hecho. 


Fuente: Semana.