Bares y tapas: así se apagan la vida y el comercio en España

Las pequeñas empresas de España, como el bar de Isabel en Madrid, que tuvo que cerrar tras despedir a sus dos empleados, o la zapatería de Miguel, a la que ya no vuelven los clientes de más edad, penden de un hilo por el coronavirus. 

En este país, casi el 80 por ciento de las empresas cuentan con menos de cinco empleados, por encima de la media del 70 por ciento observada en la zona euro, según el Banco de España, que no se cansa de advertir que esta característica debilita más al país ante la crisis venidera, reseñó La Semana.

De hecho, casi 40.000 bares, restaurantes y hoteles ya bajaron sus persianas, y la federación de hostelería cuenta con otros 25.000 cierres antes de finales de año, lo que supondría un 20 por ciento del total.

 
Un bar playero totalmente vacío en la ciudad turística de Magaluf, Mallorca.

Durante el progresivo desconfinamiento aplicado entre mayo y junio en España, las autoridades impusieron drásticas reducciones del aforo a los bares para poder reabrir.

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La restauración podría perder alrededor de un millón de empleos directos e indirectos y su facturación podría quedar reducida a la mitad en 2020, teme la federación de hostelería.

Los clientes se hacen esperar, tanto en las zonas más turísticas, donde el flujo de visitantes apenas se reactiva, como en los barrios de negocios donde las oficinas quedaron desiertas por el teletrabajo.

 
Para muchos negocios, el verano es la mejor época porque turistas españoles y extranjeros llegan a las ciudades a consumir. 

"Los clientes tienen miedo". El resto de pequeños comercios también sufren: ropa, muebles, perfumerías, librerías... En total, "del 15 al 20 por ciento" podrían no volver a abrir, estima Pedro Campo, presidente de la Confederación Española de Comercio (CEC).

"Ha habido una baja de ventas brutal, un 50 por ciento menos respecto al año pasado. El año está perdido completamente", se resigna Miguel Ángel Fernández, trabajador de una zapatería en el oeste de Madrid con sus dos compañeros en un plan de suspensión temporal de empleo.

"Son zapatos para la tercera edad: estos clientes tienen miedo y les cuesta volver", explica. 

Fuente: La Semana

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