58 años de la huida de Pérez Jiménez

Marco Pérez Jiménez
Marco Pérez Jiménez - GV

Juan José Peralta

Este sábado se cumplirán 58 años de la apurada huida del general Marcos Pérez Jiménez la fría madrugada del 23 de enero de 1958, con las alforjas cargadas de los dólares acumulados por las obras de su corrupta gestión, despegando de La Carlota, en Caracas rumbo a República Dominicana a bordo del avión presidencial la “Vaca Sagrada”, derrocado por un movimiento cívico militar y poniendo fin a diez años de arbitraria y represiva tiranía.

Según Mariano Picón Salas, Venezuela entró al siglo XX después de la muerte del general Juan Vicente Gómez, en diciembre de 1935. El congreso gomecista eligió presidente a su ministro de la defensa, general Eleazar López Contreras, quien con gran astucia abrió cauce a partidos políticos y sindicatos para la pacífica transición pacífica a la democracia de la más cruel dictadura sufrida por el país en su historia.

A López lo siguió en el poder otro militar, su ministro de defensa, general Isaías Medina Angarita, derrocado el 18 de octubre de 1945 por un golpe encabezado por los mayores Carlos Delgado Chalbaud y Marco Pérez Jiménez. Allí empezó este último a mostrar su vocación golpista.

Los golpistas entregaron a Rómulo Betancourt la dirección de la transición política y el fundador de Acción Democrática convocó a la Constituyente que aprobó en 1947 la votación universal, directa y secreta a los venezolanos mayores de 18 años, incluidos los analfabetas y las mujeres para elegir al presidente y los cargos deliberantes.

Ese mismo año hubo elecciones obteniendo Rómulo Gallegos la más alta votación lograda hasta ahora por algún candidato, 76 por ciento de los sufragios y apenas nueve meses gobernó. En 1948, Delgado Chalbaud y Pérez Jiménez lo derrocaron y comenzó una nueva tiranía.

Delgado presidía la junta militar de Gobierno y fraguaba un acuerdo electoral con la visión de ser el presidente, pero la candidatura se vio interrumpida por su asesinato el 13 de noviembre de 1950, primer magnicidio en nuestra historia republicana. Se asegura que Pérez Jiménez tenía metidas las garras en el crimen de Delgado Chalbaud, para saciar su codicia y presidir un régimen de corrupción, persecuciones, torturas a la disidencia política y censura de prensa.