2018: un año nefasto para el ambiente en Venezuela

Vía Twiter

2018 podría ser considerado como uno de los años más nefastos para la conservación ambiental y el desarrollo sustentable en Venezuela. Proyectos como el Arco Minero del Orinoco marcaron la pauta del galopante deterioro, en perjuicio de la obligación gubernamental de proteger el ambiente, la diversidad biológica, los procesos ecológicos y sus fenómenos evolutivos, así como las áreas naturales y demás zonas de especial importancia ecológica para la nación.

Nunca como ahora se había sentido tan débil la gestión ambiental. La falta de liderazgo de las autoridades nacionales se nota por todos lados y a toda hora. A ella se suma la precaria administración estadal y municipal.

La situación del sector hídrico es un ejemplo del grave deterioro. A pesar de que Venezuela es el decimotercer país con mayor producción de agua dulce en el mundo, el acceso al vital líquido se ha reducido de manera drástica en muchas zonas del país, llegando inclusive a racionamientos prolongados. Asimismo, la contaminación del agua se ha incrementado, en especial la de ríos, lagos y costas en casi todo el país.

La mala gestión de los residuos sólidos es otro de los males que se agravaron en Venezuela durante 2018. La incapacidad de las alcaldías de gestionar el manejo de la basura se hizo notoria en casi toda la República, con el subsecuente deterioro del paisaje, la contaminación de los suelos, el aire y el agua, y la proliferación de enfermedades. La misma situación enfrentan los residuos tóxicos y/o peligrosos, con poco o nulo avance en su administración.

El mal manejo de mascotas domésticas y animales silvestres, fue también otro elemento preocupante en la gestión conservacionista del año que recién termina. Por un lado, el aumento de perros y gatos abandonados en las calles, constituye un acto vil de crueldad animal, además de detonar el incremento de diversas enfermedades transmisibles a los humanos. 

Por otro, el comercio de animales silvestres continúa, no solo como mascotas, sino ahora también como supuesto alimento para las poblaciones humanas, incrementando los delitos ambientales por la captura de ejemplares en zoológicos, jardines y áreas naturales protegidas, supuestamente como fuente de proteína animal, independientemente de su grado de amenaza.

A lo anterior también se une el deterioro de la calidad del aire, debido a la obsolescencia del parque automotor con más de 15 años de retraso internacional y a la dudosa calidad del combustible, además del debilitamiento en los controles ambientales del sector industrial, en particular de la industria petrolera.

Por su parte, el Arco Minero ha seguido intensificando sus impactos negativos en la Orinoquia venezolana, y en toda su zona de influencia. Entre sus males figuran la alteración de ecosistemas terrestres y acuáticos fundamentales, la afectación de la biodiversidad, la contaminación de decenas de cuerpos de agua, el incremento de enfermedades zoonóticas como la malaria, el agotamiento de las fuentes de agua dulce y el deterioro social de las comunidades locales.

Son muchos los problemas ambientales que vive esta nación sudamericana, de los cuales solo he incluido en esta entrega algunos de los más importantes. Sin embargo, no puedo dejar de mencionar la debilitada educación ambiental en todos los niveles, la casi inexistente participación ciudadana en el reclamo y solución de los principales problemas ambientales del país, y el debilitamiento generalizado del resto de los organismos de control, como la Fiscalía Ambiental, la Defensoría Ambiental y la Comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional.

El deterioro de Venezuela es triste y preocupante. Nunca antes un año había sido tan nefasto para la naturaleza y el ambiente en general como el que recientemente finaliza.

Si quieres recibir en tu celular esta y otras informaciones descarga Telegram, ingresa al link https://t.me/globovision_oficial y dale click a +Unirme. Además sigue nuestro perfil en Instagram, Facebook y Twitter.