jueves, 24 de abril de 2014

 

Analistas

05 / 09 / 2012
- 10:21:43
Virgilio Trómpiz
Virgilio Trómpiz
Nitu Pérez Osuna / Globovisión
Me quedé con las ganas de hacerle un “Yo Prometo” y eso que se lo supliqué, pero me miraba con tierna picardía y contestaba: “!No que va!, a ti te encanta meter a tus entrevistados por vericuetos políticos, y lo mío es pintar”.

Al momento de escribir esta columna, la noche del 3 de Septiembre de 2012, nos avisan el fallecimiento de Virgilio y hago un paréntesis en los temas que frecuentemente trato desde este espacio, para referirme a una gloria nacional, al pintor de mujeres...discretas, pensantes y reflexivas, como le gustó a Trómpiz verlas y plasmarlas para la eternidad.

Mi marido, Vladimir Petit, le conoció en profundidad, no solo por los lazos familiares que les unieron, sino por su amor a Coro, el terruño de ambos, ciudad cargada de historia, arte, leyendas y cuentos que rememoraban en cada encuentro.

Hoy, esta columna escrita a cuatro manos, lleva también su firma, como homenaje de coriano a coriano. La mía como un agradecimiento infinito a la vida que me dio la oportunidad de conocerlo.

Sin duda alguna que su risa sincera que se transformaba en carcajada... va rumbo al cielo. Ya, desde hace mucho, la inmortalidad había sido conquistada a punta de paleta, colores pastel, rostros hermosos y quehacer romántico. Eso fue en esencia Virgilio Trómpiz, un artista tremendamente dedicado, enamorado de su profesión y un romántico empedernido.

Coriano de pura cepa, marchó tempranamente a Caracas para completar su educación en la Escuela Cristóbal Rojas, donde volvería después como profesor. Allí se inició en la escultura, disciplina que le apasionó y practicó hasta que sus fuerzas se lo permitieron. También dio sus primeros pasos en el muralismo pero fue la pintura sobre lienzo la que le robó el corazón y atrapó su mayor afición. Mientras, para ganarse la vida, pintaba mapas de carreteras e ilustraba la famosa revista educativa “Tricolor”.

En su profesión demostró desde el principio una gran pasión por la figura femenina e hizo legendaria la enigmática imagen de “las mujeres de Trómpiz”.

Los fondos decorativos de sus obras, los alternó siendo a veces telas, cortinas, alfombras, instrumentos musicales...aunque siempre distinguidos por elementos tropicales. A lo largo de su carrera modificó su trazo pero se mantuvo fiel a su estilo: a veces puntillismo, a veces trazo plano...pero siempre la imagen de la típica mujer de Trómpiz.

Virgilio Trómpiz fue un coriano universal. La aceptación de su obra ha sido inmensa y su peculiar estilo profusamente imitado. Su arte fue apreciado mundialmente pero ciertamente fue en Europa donde registró un reconocimiento notable…hasta el punto que, durante sus últimos años, todos los lienzos puestos en su caballete y que recibían su toque de pincel, ya estaban colocados en ese continente aún antes de recibir el aliento de vida conferido por el artista. No en vano se han escrito numerosos libros sobre su arte y uno muy reciente es una suerte de compilación de su dilatada trayectoria.

Trómpiz fue y es un gran artista al que jamás le abandonó la sencillez y don de gente. Nada indicaba que aquel hombre de caminar pausado y hablar llano era el mismo maestro que exponía con gran éxito en París, Madrid, Berlín, Ginebra, por solo nombrar 4 de las muchas ciudades en las que fue aplaudido y reconocido. “Es que la pintura no tiene fronteras” decía siempre entre risas.

En su estudio de Santa Mónica seguramente quedaron esperando algunas mujeres bellas por ser plasmadas con la pasión del maestro que hoy se nos adelantó en el viaje final. Eso las hará aún mas misteriosas. Las imaginaremos con cabello negro unas, otras las idearemos con cabellera clara....pero absolutamente todas tendrán esa expresión agradable que sabía imprimir este hombre Premio Nacional de Pintura, gran venezolano y coriano excepcional.

De algo podemos estar seguros.

En donde esté.... a esta hora, ya Virgilio Trómpiz está pintando...y riendo con singular picardía.