sábado, 19 de abril de 2014

 

Analistas

20 / 09 / 2012
- 07:26:16
Venezuela multipolar y el “hombre nuevo”
Venezuela multipolar y el “hombre nuevo”
Carlos Genatios / Globovisión
Venezuela es un país de muchas realidades y de percepciones divididas. Por un lado, se importa más de la mitad de lo que se come, hay más de 15.000 asesinatos cada año, un déficit habitacional de unos 2 millones de viviendas, infraestructura vial gravemente deteriorada, el servicio de electricidad no satisface las necesidades mínimas del país, se importa gasolina, no hay independencia de los poderes públicos (el CNE dice que no regula las cadenas presidenciales porque son un derecho constitucional del presidente y “no son propaganda política”), la Constitución es violada frecuentemente (la proporcionalidad electoral, la no politización de las fuerzas armadas, la no intervención a las comunicaciones privadas, la independencia de los poderes, la destrucción de la Alcaldía Metropolitana de Caracas…).

Como si esto fuera poco, en las cárceles tienen mucho poder unos sujetos llamados “Pranes” (preso rematado asesino nato), quienes tienen armas de guerra que nadie sabe cómo obtuvieron y dirigen operaciones de secuestro desde las mismas cárceles; ayer hubo enfrentamientos en El Rodeo, por traslados, podría ser, supuestamente, por cambio de gobierno de pranes.

Por el otro lado, el presidente, en su plan de gobierno, se propone lograr “el equilibrio del universo y la paz del mundo”, convertir a Venezuela en una potencia y “salvar el planeta”, y algo más delicado aún, “adecuar los planes de estudio para la inclusión de estrategias de formación de valores cónsonos con la nueva sociedad que estamos labrando”.

Desde esta visión del país, y ahora, del mundo, los problemas de la cotidianidad son poca cosa, o ya están supuestamente resueltos, lo que importa es lograr una gran epopeya que dé verdadero sentido a la vida, y especialmente a la muerte.

Ante la fuerza de la delincuencia, secuestros, asesinatos, falta de celeridad procesal de la justicia, presencia de varios millones de armas en las calles, corrupción de cuerpos policiales e impunidad, el gobierno plantea que “la delincuencia es una herencia del capitalismo”, y el problema de la inseguridad es principalmente una “sensación de inseguridad” provocada por los medios de comunicación.

Frente a la terca realidad de ver crecer el déficit habitacional en aproximadamente un millón de viviendas, el gobierno lucha por tratar de construir las viviendas que no hizo en 12 años, y se apura por levantar edificios, muchos de ellos en lugares inadecuados, con diseños de mala calidad, irrespetando normas sísmicas y urbanísticas, incrementando densidades sin mejorar los servicios, que ya son insuficientes, destruyendo parques que forman parte vital de ciudades, como en el caso del parque Bicentenario de Maracay, inhabilitando las zonas de apoyo, estacionamiento y expansión del aeropuerto de Maiquetía, creando ciudades como Caribia, al borde de una autopista que presenta problemas de tráfico, deslizamientos e inestabilidad de terrenos. De esta manera, crea problemas más profundos de los que trata de solucionar.

La propaganda gubernamental trata de mostrar estas soluciones como un gran salto cualitativo en la vida del país, mientras la dura realidad no soporta una mirada técnica seria.

En la Educación Media, muchos estudiantes obtienen el título de bachiller, sin haber cubierto todos los contenidos establecidos en los programas de estudio. Esto ocurre frecuentemente en materias como matemática, física y química; la razón generalmente esgrimida es la ausencia de profesores.

Esto refleja ausencia de planificación y organización en políticas públicas educativas, y trae consecuencias en la formación universitaria de los jóvenes, y en el desarrollo de carreras profesionales y de investigadores. Estos problemas se agravan con la implementación de las misiones educativas, las cuales, si bien dan oportunidades de educación a muchos estudiantes, reducen significativamente las horas de formación y los niveles de calidad y exigencia, y crean profesionales con distintos niveles de competencia. Ante esto, el gobierno establece que hay que “adecuar los planes de estudio para la inclusión de estrategias de formación de valores cónsonos con la nueva sociedad que estamos labrando”.

Venezuela está polarizada, dividida entre un delirio que supuestamente trata de lograr la justica y la inclusión para los pobres, y la realidad de un país monoproductor y endeudado, que excluye a amplios sectores de su población. Venezuela vive un momento difícil de definición.

Ante esa distancia entre la realidad y el discurso del gobierno, uno puede preguntarse si Venezuela es bipolar o más bien multipolar; si los gruesos lentes para miopía que la ideología coloca a algunos y que corrige su mirada de la realidad, están logrando transformar no sólo la mirada de la realidad, sino al sujeto que la mira. Y podemos preguntarnos si la salvación, la epopeya, requiere que el poder logre la reforma del pensamiento y del lenguaje para que signifiquen otra realidad. Si eso es así, la salvación sólo la lograremos si el “big brother” con sus “cadenas” (que encadenan a los ciudadanos frente al televisor), nos enseña cómo ver la realidad, cómo entenderla, cómo aceptarla; porque sólo él puede guiarnos hacia ella, ya que no se ve tan fácilmente, ya que hay que ver más allá del capitalismo para reconocerla, ya que hay que leer a Metzaros, porque Marx es insuficiente (no le dio tiempo de ver el “mar de la felicidad” y menos aún, los logros en la tierra de Bolívar). Si es así, sólo aquí sería posible lograrlo, porque no olvidemos que, como dijo el presidente, en “Venezuela se juega hoy el futuro de la humanidad”.