domingo, 20 de abril de 2014

 

Analistas

16 / 01 / 2013
- 02:39:13
Sin palabras, ni ley... Solo actos
Sin palabras, ni ley... Solo actos
Carlos Genatios / Globovisión
En países civilizados, la democracia se observa y se practica, en el esfuerzo que hacen gobiernos y ciudadanos, por  construir una sociedad dialogante. Se trata de hacer que las relaciones, las cosas, ideas y hechos sean cada vez más comprensibles y que los ciudadanos desarrollen su lugar en la sociedad por medio del lenguaje (las leyes) y la participación activa. En democracia, la política es una competencia de argumentos, que se ocupa de la proximidad de los sujetos, del lugar de cada uno y entre sí, y se ocupa también de la profundidad, de la visión profunda del país, de sus necesidades y de su futuro. En democracia, la complejidad de los espacios sociales y humanos es progresivamente abarcada por el lenguaje, del cual surgen los acuerdos que dibujan el proyecto de país que se procura, que se construye.

Mientras más análisis, comprensión, inclusión y acuerdos, más herramientas contra la discriminación, la exclusión  y la violencia. En democracia, acuerdos y leyes tienen el sentido de limitar la injusticia y de limitar el poder. Es simple: contra los gritos del poder, las palabras de los ciudadanos. Si sólo se escuchan los gritos del poder, se apaga la voz del ciudadano, se oculta su voluntad y el ciudadano queda aislado, sólo frente a las garras del poder.

El mayor símbolo de un acuerdo entre ciudadanos, es la Constitución de un país, su ley mayor. La Constitución debe expresar el acuerdo de convivencia de un país,  de una sociedad que busca mirar el futuro de frente, desde una historia común,  y procura el bienestar para todos sus compatriotas; debe ser el proyecto que marca el camino a las instituciones y a los ciudadanos, en la procura del bien común, basado en la justicia, la libertad y la solidaridad.

En Venezuela, esa  Constitución es violada con frecuencia. Han sido tantas las violaciones, que casi parecen normales, cotidianas, como si formaran parte del paisaje. Sólo para citar algunas, como para no olvidarlas: Art.145 “Los funcionarios públicos y funcionarias públicas están al servicio del Estado y no de parcialidad alguna. Su nombramiento o remoción no podrán estar determinados por la afiliación u orientación política”. Pero los funcionarios deben organizarse en patrullas, vestir de rojo y asistir a actos políticos. Art. 328: “La Fuerza Armada nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política”. Pero hoy se autodenominan bolivarianos, socialistas, chavistas, y sólo cuando la muerte se asomó como en una pesadilla, al presidente, dejaron de saludarse con el  “Patria, socialismo o muerte”. Art. 21 “Todas las personas son iguales ante la ley (…) No se permitirán discriminaciones (…) La ley garantizará las condiciones jurídicas y administrativas para que la igualdad sea real y efectiva”. Pero la lista Tascón dejó  dividido el país en dos. Art.48 “Se garantiza el secreto e inviolabilidad de las comunicaciones privadas”. Pero en VTV se han transmitido conversaciones telefónicas privadas. Art. 345: “La iniciativa de reforma constitucional que no sea aprobada, no podrá presentarse de nuevo en un período constitucional a la Asamblea Nacional” y art. 74: “No podrá hacerse más de un referendo abrogatorio en un período constitucional para la misma materia”.  Lo que el pueblo negó el 2/12/2007 no podía consultarse de nuevo.

El que la Constitución pierda respeto, habla del poco valor que las palabras y la ley, van teniendo para los venezolanos. Las posibilidades de hablar y llegar a acuerdos, para resolver los conflictos, van siendo cada vez más lejanas para los venezolanos. Cuando  los dirigentes  en pleno ejercicio del poder, insultan a la mitad del país que no comulga con sus creencias políticas, están sembrando la violencia.  Si adicionalmente, los poderes públicos no logran proteger la dignidad de todos los venezolanos, la impunidad se hace regla. Así, los insultos y amenazas por la radio y la televisión se hacen regla, y la agresión y el desprecio al Otro van siendo una manera de eliminarlo. El Otro, va pasando a ser “nada”. Como llamó Chávez a su adversario en su reciente  campaña electoral: “eres la nada”. Si el Otro no es sino “nada”, ni siquiera es sujeto de derecho. Si el Otro es “nada”, el agresor puede hacer de él lo que considere: puede secuestrarlo, puede pedir dinero para devolverle su libertad, puede hostigarlo cuando quiera, le puede caer a tiros (han sucedido asesinatos con 20 tiros en la cara). Recientemente, miembros de la comunidad psicoanalítica en Venezuela reportan que, como parte del procedimiento en los secuestros express, está siendo practicada la violación de la víctima, hombre o mujer. La víctima no es sino “nada”.

A ese estado de desmantelamiento social, con más de 160.000 víctimas en los últimos 14 años, contribuyen los insultos y agresiones, especialmente los que se transmiten por los medios masivos de comunicación. A ese estado de ausencia de respeto y de ley, contribuyen también las violaciones a la Constitución y las mentiras que en el contexto político se practiquen.

Con ese mar de fondo, Venezuela comenzó el  2013. En una retorcida resolución, el TSJ estableció que el Presidente de la República no está ausente, aunque no esté en Venezuela, y esté en La Habana, convaleciente. El que el Presidente no esté, no significa que no esté. Esta decisión, digna del Big Brother, sugiere una reforma del lenguaje y del pensamiento; es un reto desde el poder, a la razón, a la comprensión de la realidad, que contribuye a la negación del sentido  y de la convivencia en sociedad.

La situación actual es que el presidente no está presente, pero eso no significa que  esté  ausente, ni siquiera de manera temporal; además,  el periodo presidencial que concluyó el 10 de enero, no concluyó, sino que se continúa hasta que termine la no ausencia. Esto es así de hecho, ya que  el tren de gobierno del periodo previo al 10 de Enero sigue ejerciendo el poder. Esta situación abre en Venezuela un vacío en el que las leyes  tienen cada vez menos valor, la palabra no significa nada, y los hechos, los actos, pasan a determinar la realidad. Siendo ésta la situación en Venezuela, los venezolanos y los extranjeros aquí residenciados, estamos viviendo un vacío, un hueco en la sociedad, un espacio que no lo llenan las palabras ni las leyes sino los actos. Venezuela vive hoy en un Estado de Golpe.

Así es la Venezuela de hoy, un país que se adentra en la boca de un lobo, siguiendo una vía de accidentes que nos acerca, no al desarrollo y a la libertad, sino a una Cuba empobrecida por una camarilla que se quedó con el poder desde hace 50 años, con La Habana funcionando como Metrópoli, a la que acuden los funcionarios venezolanos a buscar su verdad.