domingo, 20 de abril de 2014

 

Analistas

06 / 11 / 2012
- 06:14:14
Poder contra conocimiento
Poder contra conocimiento
Carlos Genatios / @carlosgenatios / Globovisión

“Si queréis conocer a un hombre, revestidle de un gran poder.”

Pitaco de Mitilene (siglo VII A.C.) Gobernante griego.

El uso del poder ha generado decisiones absurdas, especialmente cuando las leyes y decretos quedan escritos y pierden validez en el tiempo. Por ejemplo, en Francia está  prohibido que un cerdo sea bautizado con el nombre de Napoleón.  En Dinamarca está prohibido en los restaurantes, cobrar por un vaso de agua, a menos que “esté acompañado con algo más, como hielo o un trozo de limón”.

En Inglaterra está prohibido pescar salmón los domingos y es ilegal estar borracho en posesión de una vaca. En Irlanda, si usted está en Cork, y ve a un escocés, "todavía es legal asestarlo con arco y flecha, excepto en los domingos". En Alberta, Canadá,  si usted estuvo preso y lo liberan, tiene derecho a pedir un arma de mano con balas y un caballo para huir de la ciudad y en Ottawa la ley prohíbe comer helados el domingo en la vereda del Banco. En Victoria, Australia, los bares están obligados a darle agua y comida a su caballo.

El poder puede generar situaciones tan absurdas, que por lo alejadas de la realidad resultan risibles,  pero que, cuando atacan y afectan a personas y comunidades, convierten la ignorancia en un instrumento de terror. El caso más destacado en la historia  es el de Galileo Galilei,  condenado por el papa Urbano VIII por afirmar que la Tierra no era el centro del universo. Fue decretado hereje en 1633 y condenado a prisión perpetua. En 1992: “Juan Pablo II rehabilitó a Galileo, 359 años después de que fuera condenado. La Iglesia aceptó oficialmente que la Tierra gira alrededor del Sol” EL PAÍS (31 Oct 1992). Tardaron un poco…

En Venezuela también tenemos muchos ejemplos; recordemos al Libertador, quien en el terremoto de 1812, gritó a los ciudadanos de Caracas: “si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Retó a un terremoto de magnitud 7, cuya energía liberada equivale a más de 20 bombas atómicas como la de Hiroshima.

Los casos presentes son numerosos, un programa de gobierno de un candidato que se propone “el equilibrio del universo y la paz del mundo” y “salvar el planeta”, el mismo que emitió la  afirmación legendaria: “los más seguro es que el capitalismo haya acabado con la vida en Marte”. Tal vez tenga razón, y por ello los últimos marcianos lograron venir a la tierra, por lo que se les recuerda con aquella canción: “los marcianos llegaron ya, y llegaron cantando cha cha cha”.

Los casos son variados y se repiten en todos los confines del planeta. En esta ocasión, llama la atención el caso de los sismólogos presos en Italia. Seis sismólogos de destacada trayectoria científica y el director de riesgo sísmico de Defensa Civil, fueron recientemente condenados a seis años de prisión por homicidio involuntario, por “subestimar los riesgos del sismo ocurrido en la ciudad de L'Aquila en 2009”, en el que murieron 309 personas. Se les condenó por la muerte de 29 personas.

La causa es que los sismólogos comunicaron que no había gran riesgo luego de haber ocurrido una sucesión de pequeños sismos previos al terremoto destructor, lo cual sacó a las personas que fallecieron, del estado de alerta en el que las autoridades consideran que habrían estado. Ese estado de alerta los habría llevado a abandonar la ciudad, con lo que habrían salvado sus vidas. Además de la cárcel, los sismólogos y el funcionario tendrán que pagar daños por €7,8 millones y no podrán ejercer nunca más, cargo público alguno (http://www.nature.com/news/italian-court-finds-seismologists-guilty-of-manslaughter-1.11640).

En resumen, se les condena por no predecir un sismo, lo cual los jueces consideran que han debido hacer. El poder atribuye a los jueces más conocimiento que el de destacados científicos italianos. El poder los hace más sabios que a todas las instituciones (universidades, academias) y que a todos los investigadores y profesores  del mundo que trabajan el tema: geólogos, geofísicos, sismólogos, ingenieros sísmicos…

El poder permite a los jueces juzgar esta materia sobre la cual ningún científico del mundo tiene suficientes conocimientos: no existen todavía métodos que permitan predecir sismos, nadie lo puede hacer, aunque una zona sísmica siempre esté en riesgo.

Jueces poderosos, ignorantes y prepotentes. Podrían recordar a Sócrates, a quien sí deberían conocer: “sólo sé que no sé nada”.

Por otro lado, como nos comentó el profesor  Alberto Sarria, padre de la ingeniería sísmica de Colombia: “¿Qué hubiera pasado si predicen un sismo que genera desplazamientos de miles de personas y no ocurre tal sismo? O ¿cómo castigar a los pronosticadores del tiempo que no prevén una lluvia que genera un derrumbe con víctimas fatales?”.

¿Quién da a esos jueces el conocimiento que les permite decidir tal exabrupto? La ignorancia y el poder, enfermedades que parece que con frecuencia van juntas.

En Venezuela tenemos también el caso del más alto funcionario que hace algunos años “había recibido información que iba a ocurrir un terremoto catastrófico esa misma madrugada”. Al analizar la situación propuso luego que “ese terremoto podría ser provocado por una bombas atómicas gringas enterradas”. El análisis científico no logró disipar esa colosal preocupación, ya que, nueve años después, cuando ocurrió el terremoto de Haití de 2010, que mató más de 300.000 personas, reapareció la hipótesis del “terremoto generado por bombas atómicas gringas; un ensayo para preparar un atentado”

“Todos quieren ser amos y ninguno el dueño de sí mismo.”

Ugo Foscolo (1778-1827) Escritor y poeta italiano.

 “El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad.”

Fénelon (1651-1715) Escritor y teólogo francés.