domingo, 20 de abril de 2014

 

Analistas

14 / 07 / 2012
- 09:46:46
Oídos abiertos conservan relaciones
Oídos abiertos conservan relaciones
Elí Bravo / Globovisión
¿Alguna vez has sido víctima de la frustración al no sentirte escuchado?

Digamos que conversas con tu pareja en torno a los planes vacacionales, y entre palabras que van y vienen, llega el momento en que comienzas a repetirte, a levantar la voz y a perder la paciencia. "¿Será que hablo chino o es que acaso no sabes escuchar?", podría ser la sentencia previa a que abandones el lugar de los acontecimientos echando humo como una locomotora.

¿Y tú, acaso, realmente estabas escuchando en ese momento? Solemos pensar que conversar es decir lo que pensamos con claridad y de manera efectiva. Si los puntos están sobre las íes, no hay espacio para ambigüedades.

Pero resulta ser que la comunicación es una relación a doble vía y con múltiples niveles. No basta con decir, hay que saber escuchar. Y eso significa más que oír. Estamos hablando de prestar atención, desarrollar empatía y reconocer los sentimientos y el mensaje de la otra persona.

Escuchar es vital porque nos permite entender mejor a la otra persona. Si llegamos a la conversación con auténtica curiosidad por conocer sus opiniones y sentimientos, podremos establecer una verdadera relación y abrir las puertas a mejores acuerdos y mayor cooperación. Muchas veces entramos en una conversación pensando en lo que queremos decir y el resultado que deseamos obtener. ¿Y qué hay de las expectativas del otro lado? Puede ser que las ignoremos, las manipulemos o busquemos doblegarlas. Receta perfecta para una buena pelea.¿Obvio? Quizás, pero con frecuencia lo olvidamos.

"Cuando alguien se queja de que no es escuchado", dicen Douglas Stone, Bruce Patton y Sheila Heen, autores del libro Conversaciones difíciles, "nuestro consejo es sugerirle que invierta más tiempo en escuchar a la otra persona". ¿Contradictorio? Lo que sucede es que por lo general nuestro interlocutor también se siente como si le estuviera hablando a una pared. Así se dispara un ciclo de terquedad y molestia que descarrila cualquier comunicación.

A la hora de conversar, escucha. Hazlo con auténtica curiosidad. Pregunta y explora en los puntos de vista y los sentimientos de la otra persona, incluso, parafrasea lo que te dice para corroborar la información y demostrarle que estás escuchando.

En muchas oportunidades me han preguntado qué hace falta para ser un buen locutor. Y mi pregunta invariable es: saber escuchar. En este oficio detrás del micrófono he conocido a mucha gente enamorada de su voz y el retumbar del cráneo cuando hablan, al punto de que pierden los grandes momentos y sus detalles. Una vez me comentaron el caso de una presentadora de TV que entrevistaba al escritor Ernesto Sabato, y éste le comentaba que se sentía cansado, como si estuviese llegando al final de sus días. En el momento en que el maestro hizo una pausa, ella revisó sus notas y preguntó: "¿Y cuáles son sus proyectos futuros?" Conversar es un arte que se desarrolla con práctica.Y sobre todo, reconócele sus sentimientos aunque estés en desacuerdo. A partir de allí podrás comprender mejor su historia, y probablemente, entenderás mejor la tuya. Así podrán tender puentes y abrir nuevos caminos.

El primer ejercicio es escuchar.