viernes, 18 de abril de 2014

 

Analistas

13 / 11 / 2012
- 06:27:57
Mejor dos lenguas que una
Mejor dos lenguas que una
Eli Bravo / Globovisión / http://www.inspirulina.com
¿Quién dijo que loro viejo no aprende a hablar? En estos últimos meses he dejado atrás el Je ne comprends pas para soltar avec plasir, pas de problème con acento marcado, pero entendible, y he podido comprobar el poder de nuestro cerebro a la hora de adaptarse y asimilar nuevas informaciones. Todavía no pienso en francés (aunque desde hace algún tiempo tengo sueños en inglés) pero a medida que avanzo con este nuevo idioma no puedo sino maravillarme con la habilidad de las neuronas para conectarse y aprender. Es algo que simplemente está en el hardware que llevamos en la cabeza.

Si quieres un nombre técnico, llámalo plasticidad cerebral.

En el caso de los niños sus cerebros son una verdadera plastilina. Ellos son como esponjas cada vez que su curiosidad les abre una ventana de aprendizaje. Es lo que la educadora María Montessori denominaba la mente absorbente y que les permite asimilar un idioma como si fuera una nueva versión de Nintendo. Para alivio de quienes nacimos en el siglo pasado (y corremos un sistema operativo BASIC con varias actualizaciones a cuestas) se ha comprobado que esa capacidad de aprendizaje jamás se acaba. Menos mal.

En el caso del bilingüismo, existen muchos estudios que lo relacionan con mayores habilidades mentales para resolver conflictos y percibir cambios en el entorno, a la vez que desarrolla altos niveles de atención y concentración. Incluso, se dice que aumenta la densidad de materia gris y retarda enfermedades como el Alzheimer. Las razones están la "gimnasia cerebral" que significa manejar más de un idioma, pues el cerebro bilingüe debe gerenciar distintas gramáticas y adaptarse a la diversidad en la comunicación.

Un dato interesante: pareciera que si el aprendizaje ocurre antes de los 5 años los efectos son más marcados. Pero si hace rato ya pasaste ese umbral, no te desanimes, igual se obtienen beneficios.

Pero saliendo de la bóveda craneal, aprender un nuevo idioma (y especialmente si ocurre en otro país) resulta un fabuloso ejercicio de autoestima y humildad que nos lanza a la aventura de comunicarnos sin vergüenza. Y es que si quieres hablar otra lengua, como bien decía Platón, o corres o te encaramas. Porque resulta imposible soltar florituras verbales sin antes chapucear un montón de frases disparatadas. Pero ya lo sabemos, la pena casi siempre estorba y equivocarse es parte del proceso.

Además, en este mundo vertiginoso, donde el éxito y felicidad cada vez más tienen que ver con nuestra capacidad de adaptación, exponernos a los cambios y aprender un nuevo idioma es una forma de salirnos de la zona de confort y zambullirnos en la novedad. Con una nueva lengua no solo aprendemos a entender el mundo con otras palabras, sino que accedemos a más información y puntos de vista. Y eso a la larga va adaptando nuestra personalidad a un mundo más globalizado.

Y si bien algunas personas tienen especial facilidad para los idiomas, también es cierto que todos, sin importar la edad, tenemos la capacidad de aprender ¿Hacer 100 abdominales es algo que no te emociona? A mí tampoco, pero ejercitar el cerebro no duele y tampoco te pone a sudar en exceso. Lo mejor es que al final del entrenamiento te queda algo p¿ara toda la vida. Tu ne crois pas?

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