jueves, 24 de abril de 2014

 

Analistas

20 / 02 / 2008
- 04:18:25
Los hombres de azul
/ Asdrúbal Aguiar

Guiado por una obsecuencia subalterna, el Alcalde Mayor hizo entrega de la Policía de Caracas al Ministro del Interior, para que tardíamente la mande por él y la haga bastión de la insurgencia revolucionaria.

 

Al hacerlo de suyo clausuró a la Alcaldía, visto que, desde siempre e incluso desde cuando Simón Bolívar hiciera una de sus visitas a Caracas, en 1827, fue tarea esencial del gobernador de la ciudad, de los alcaldes parroquiales y de los comisarios nombrados por la Municipalidad, proteger a los habitantes de los actos delictivos.

 

Bolívar, según se cuenta, le habría encargado al sabio José María Vargas redactar los principios de un reglamento de policía para la ciudad que le vio nacer. Empero, ella surge mucho antes con tónica propia y espíritu vecinal, aneja a la vida de esta urbe situada al pié de El Ávila, cuando el gobernador y Capitán General don José Carlos de Agüero le pide al Cabildo, en 1775, establecer cuatro Alcaldes de Barrio “que celen y hagan guardar el buen orden de justicia”.

 

Ella se afirma como cuerpo hacia 1888, cuando el General Hipólito Acosta, su Comandante, elabora el Reglamento Interior de Policía, donde titula a los agentes como “rondas de policía” y les pide vigilar las cuadras bajo su celo, sin estarles permitido sentarse, ingresar a establecimientos públicos o casas particulares, ni conversar con los ciudadanos en las horas de servicio sino para asuntos de su oficio; ni poder retirarse de sus puntos sin autorización, respondiendo “de robos, roturas de faroles, incendios, desperfectos y de cualquiera cosa que perjudicare el orden público”.

 

El Cuartel de esta benemérita institución, imagen y parte viva de nuestra capital  - nominada San Francisco y después Santiago de León - estuvo situado entre las esquinas de Monjas y Gradillas, al lado del Palacio Arzobispal. Sus oficiales y agentes, para 1898, vestían de azul prusiano y ganaban siete o seis bolívares diarios.

 

Les fueron compradas sus primeras bicicletas en 1912 y el 24 de febrero del año siguiente exhibieron ante los marchantes sorprendidos su primer automóvil. En 1916, los “rondas” usan impermeables debido al frío y a las lluvias recurrentes, y el rolo es su instrumento para establecer el orden, hasta que se los cambió el perezjimenismo por una peinilla que rasgaban sobre el suelo – vestidos ahora de color caqui – para corretear a los azotes del carnaval, quienes lanzaban a los vecinos latas de agua y azulillo.

 

Temidos, mejor aún respetados, terminaron siendo apreciados, puesto que, incluso cuando hacían preso a algún ciudadano conocido, hasta exageraban los modales y la cortesía para “invitarlos” a pasar la noche en el calabozo y por orden del Gobernador.

 

La historia de la Policía de Caracas como policía ciudadana es extensa pero indispensable es, igualmente, su relectura, sobre todo hoy cuando el Alcalde Mayor la abandona a su suerte y nos deja este acto inicuo como única obra suya tras ocupar el Palacio de la Gobernación, construido por el General Juan Vicente Gómez e inaugurado el mismo día de su muerte, el 17 de diciembre de 1935. La misma creció, maduró, se fue tecnificando y adecuando a las circunstancias y a las realidades de una metrópolis en acelerado crecimiento, e incluso siendo víctima de la incomprensión por las otras autoridades edilicias de la Gran Caracas, empeñados en forjar sus propias policías municipales.

 

Una misión de la policía española tuvo a su cargo entrenarla en 1936, y no pocos de los azules cursaron estudios en la Escuela de Seguridad Pública creada por el General López Contreras. Era el tiempo en que éstos mostraban con orgullo a la Policía Montada, que sobre caballos realizaba tareas de patrullaje en espacios amplios y para el cuidado de los puntos que carecían de “rondas” como para la recorrida de los campos, ingenios, caseríos y caminos ubicados en los alrededores de la capital.

 

Siendo presidente Rafael Caldera la policía caraqueña amplió su acción hacia el este de la capital y su nombre le fue sustituido por el de Policía Metropolitana. Y en su segundo mandato le otorga su más moderno reglamento y le crea una Brigada Motorizada en memoria del Mariscal Antonio José de Sucre.

 

Luís Herrera Campíns, por su parte, les abre a los hombres de azul las puertas de la Universidad, provocando una saga de laureados que tiene como ejemplos dignos a dos víctimas de la Revolución, los Comisarios Vivas y Forero.

 

Y los agentes, venidos de nuestras barriadas populares e hijos del añejo Centro de Instrucción Policial de El Junquito, a cuyo lado emergió en 1981 el Instituto Universitario de la PM, a la par abandonaron los límites que los excluían de la educación formal para desarrollarla a plenitud y hasta su más alto nivel.

 

De modo que, cuando el desafecto por Caracas en mala hora se hizo espacio en el corazón de los vegueros que han secuestrado al país y a la ciudad y quienes hasta el nombre de la República y el propio escudo nos los han cambiado, no era de extrañar que en un ajuste de cuentas políticas les quitaran sus armas de reglamento a los policías de azul, los contaminasen de “tupamaros”, y esta vez los entregasen como presas de caza para despropósitos subversivos.

 

¡Queda, pues, para otro momento propicio, esta memoria de dos siglos de historia de la policía de la ciudad, que no cederá fácilmente y a despecho de quienes se proponen anularla para reescribirla de otro modo!

 

Entre líneas

 

  • En su acercamiento y vuelta a la gente, rindiéndole honor a sus antepasados los metropolitanos de ahora protegieron a los habitantes de la ciudad – no debemos olvidarlo - cuando desde altas esferas gubernamentales se propició la Masacre de Miraflores a manos de los pistoleros de Llaguno.

 

  • Tiempo atrás, en 1998, ella, la Policía Metropolitana de Caracas, dio un giro que marcó su historia sucesiva, al decidir, a contrapelo de su Comandante para la época y actual embajador revolucionario en República Dominicana, no reprimir más la protesta estudiantil universitaria y acompañarla, antes bien, como escudo de protección y en práctica democrática de la cultura de la protesta. Ocurrió ello, cabe reseñarlo en esta oportunidad, el célebre día en que los estudiantes encapuchados a su vez renunciaron a quemar carros y lanzar piedras y en símbolo de paz pintaron de azul sus cuerpos desnudos, inmortalizados por una caricatura de Zapata.

 

  • Facundo nos dice que durante la toma de posesión del nuevo Presidente de Guatemala, en gesto de prepotencia Hugo Chávez – alías Chacumbele – le habría espetado a uno de sus colegas que lo tenía cercado, y que poco a poco tomaría el control político del territorio centroamericano. Acto seguido se supo de la denuncia de otro financiamiento llegado desde Miraflores para apuntalar a la antigua guerrilla salvadoreña, en su pretensión por alcanzar el poder por vía electoral, en 2009. La fuente, se dijo, era norteamericana. Pero lo cierto es que la expansión regional del proyecto socialista venezolano constaba en la reforma constitucional derrotada y es parte del guión presidencial, escrito en noviembre de 2004 y titulado La Nueva Etapa, El Nuevo Mapa Estratégico de la Revolución. Es hora de refrescar la memoria.