jueves, 24 de abril de 2014

 

Nacionales

11 / 11 / 2012
- 11:32:36
Libere sus presos, Presidente
Libere sus presos, Presidente
Asdrúbal Aguiar / Globovisión
Creo tener razones y también autoridad moral para exigírselo, Presidente, a pesar de mis firmes e indeclinables posturas frente a las políticas de su Gobierno durante 14 años.

Corre su mandato hacia los 20 años y le toca gobernar a Venezuela más tiempo del que dispuso el dictador Juan Vicente Gómez. Acopia más poder y dispone de un arbitrio que ningún otro gobernante venezolano, ni democrático ni de facto, ha tenido en sus manos. La magnanimidad, por ende, lo obliga a Usted más que a sus predecesores; sobre todo por ser Usted y sus compañeros de hornada el producto de un gesto magnánimo sin precedentes. La Constitución que Usted mancilló con las armas y más tarde tachó como moribunda, es la misma, por democrática a cabalidad, que le hizo posible regir los destinos del país !Ponga en libertad, pues, a los presos políticos!

En días pasados intenté visitar los sótanos de la antigua DISIP, hoy SEBIN, sobre la que ejercí autoridad como ministro de relaciones interiores hasta el momento de su ingreso al Palacio de Miraflores. En un alto en mis actividades quise saludar a amigos, presos por voluntad suya. Y quizás pueda escudarse Usted tras el argumento - válido para la galería - de que los mismos son presos de la Justicia, políticos presos como lo arguye su ex Vicepresidente, José Vicente Rangel, olvidando el pasado de ignominia que padeciera su familia, por gomecista.

Sensiblemente, no pude ver a los presos amigos. Se les aisló por mi presencia. Sus acólitos, en voz alta y luego de cruzarse miradas incómodas me hicieron saber que se requería de un visto bueno desde el "alto nivel". Pero no llegó mientras esperaba como cualquier hijo de vecina y antes bien se castigó a los detenidos, prohibiéndoles la visita de familiares quienes osaron saludarme con respeto.

Reparé al rompe en el tiempo de su prisión, Presidente; cuando Usted gozó de toda consideración, a pesar de sus delitos. Raimundo y todo el mundo se paseaban por los espacios del Cuartel San Carlos o Yare, sin cortapisas. Las esposas de sus compañeros le preparaban el café. Editores, políticos y conspiradores de oficio, senadores y diputados, sacerdotes y hasta Obispos, sus amigas y admiradoras acudían en jolgorio y a su encuentro, a pesar de las centenares de víctimas inocentes que Usted dejó a la vera abusando de las armas que le confió la República.

Su caso no fue la excepción, como Usted lo sabe. El presidente Carlos Andrés Pérez, hoy fallecido y víctima directa de su alzamiento fue el primero en ordenar la libertad, la no apertura de juicios, o el cierre de los juicios aperturados a todos los golpistas quienes junto a Usted intentaron derrocarlo. Incluso pidió mi concurso - era yo Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que Usted tanto vitupera -  para entender las razones de tan irresponsable acto de indisciplina militar, contrario a nuestras reglas constitucionales y democráticas. Puso en marcha una política de pacificación sin precedentes, que Usted no agradece.

Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera, apenas siguieron el ejemplo de reconciliación planteado por Pérez; aun cuando es verdad que Usted fue de los últimos en salir a la calle.  El ex presidente Caldera, en línea distinta a la que beneficia a los demás conjurados, no le permite a Usted regresar a la vida castrense. Le quitó el uniforme antes de dejarlo en libertad.

Usted tiene presos políticos. Ellos pagan culpas ajenas, para ocultar responsabilidades por hechos - acciones u omisiones - de su propio Gobierno; o por desafiarlo políticamente o por cumplir la ley, como la juez Afiuni. Y en esa lista de ajustes de cuenta están los "presos por capitalistas", por la razón de no compartir su modelo confiscatorio, de neta factura marxista. Allí están, unos presos y otros en el exilio, pero allí están. Cada uno vive su ostracismo. Le rezan a la Providencia, sin otra esperanza que el transcurso del tiempo.

Hasta su antecesor, el penúltimo gobernante militar, Marcos Pérez Jiménez, tuvo el arresto de liberar a los presos políticos con motivo de la X Conferencia Interamericana que en Caracas adopta las Convenciones sobre Asilo. Poco importa si lo hizo para atenuar las críticas - que eran pocas, pues sus colegas del Hemisferio eran en su mayoría dictadores - o porque le dió la gana. Pero lo hizo, sin circunloquios o evasivas.

Le pido pues, Presidente, le alivie la carga a las familias de venezolanos que sufren por sus hijos y esposos encarcelados. Mírese en el espejo de su madre y de quien fuera su esposa, quienes piden por Usted y para su resguardo al entonces Fiscal General de la República, Ramón Escovar Salom, quien tuvo oídos y sensibilidad para estar pendiente de su carcelazo de privilegio.

¡Libere a los presos, Presidente Chávez!