miércoles, 23 de abril de 2014

 

Analistas

07 / 12 / 2012
- 06:51:33
Grada Vinotinto: “Padre de Piloto”
Grada Vinotinto: “Padre de Piloto”
Aloys Marín Díaz amarin@globovision.com / Globovisión
Entendemos muy bien todo el orgullo que puede sentir un padre por los logros, o las habilidades que puedan desarrollar sus hijos. Sobretodo, tomando en cuenta los tiempos modernos, según los cuales, un contrato por desempeño deportivo puede mejorar de forma sustancial la vida de una familia.

El problema es cuando estas expectativas son desmedidas y en ocasiones, los padres terminan siendo más “competitivos” que los propios hijos. Bien sea en el campo de beísbol tratando de influenciar al manager para que coloque a jugar a su hijo. Bien sea por el padre del tenista que cree que el entrenador de turno, no concibe ni explota las condiciones de su pequeño “Roger Federer”. O bien sea, el progenitor que está totalmente claro que su heredero, también trae consigo genéticamente más habilidades conductivas que Carlos Lavado o Johnny Cecotto.

La reciente experiencia del Panamericano de Easykart ha dejado nuevos escenarios y opiniones sobre los padres que terminan siendo más agresivos al borde de la pista, que sus hijos dentro del trazado. Envidias, chismes, verdades, mentiras, se entremezclan en la “supuesta vía” de apoyar de la “mejor manera” a su tutoriado dentro del mundo del motor.

Incluso muchas veces se buscan los espacios en medios de comunicación para subrayar las virtudes del pequeño volante, sin tratar de hacer al niño más amena, la difícil labor frente a las cámaras. Termina siendo punto de reflexión, la cantidad de veces que los pilotos en edades tempranas, no quieren ver a sus padres durante la realización de una entrevista. En nuestra experiencia, han sido muchos.

Esa “presión interna” termina extrapolándose al entorno. Llámese organizadores, periodistas, fotógrafos, dirigentes. Una especie de “mi hijo es el mejor”.

En la actualidad vemos pilotos consagrados de edades avanzadas, que aún no manejan de manera coherente, el reconocer los logros de sus colegas, porque durante el transcurso de los años de formación se vieron imbuidos en los comentarios, acciones, etc., que llevaron a sus familias, amigos y conocidos a desligarse. Muchos no tienen ningún tipo de problema entre sí, pero tampoco nunca pudieron compartir plenamente con su igual, sin una mirada de soslayo que recriminara su acción.

En conclusión, así como un atleta necesita entrenadores, psicólogos, nutricionistas, en fin, un grupo de apoyo total, también debe contar con un sólido y coherente apoyo de los padres. No es extraño llegar a un gimnasio y conseguir el letrero: “No se acepta las presencia de padres y representantes durante las horas de entrenamiento”.

Primer Escalón: La confirmación del dopaje del ruso Oleg Perepetchenov podría llevar al venezolano Octavio Mejías, al undécimo puesto de los -70 kilogramos del Levantamiento de Pesas en Atenas 2004.

Segundo Escalón: Cuatro medallistas de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 fueron descalificados por el Comité Olímpico Internacional, debido a que sus muestras del control antidopaje, congeladas desde entonces, dieron positivo tras haber sido analizadas otra vez hace pocos meses.

Se trata del ganador de la medalla de oro en la prueba de peso, el ucraniano Yuri Bilonog; de la rusa Svetlana Krivelyova, bronce en peso, y de los bielorrusos Ivan Tskikhan, bronce de lanzamiento de martillo, e Irina Yatchenko, bronce en disco.

Los atletas han sido "descalificados" y "se les ha ordenado devolver las medallas y diplomas que recibieron" en dichos Juegos lo más rápido posible, según se informó al término de la reunión del Comité Ejecutivo del COI.

Tercer Escalón: La primera ganadora de los 100 metros planos femeninos, o mejor dicho, los 80 metros, fue la estadounidense Mildred “Babe” Didrikson. En Los Angeles 1932 logró marca mundial de 11 segundos y 7 centésimas. La velocista clasificó en cinco pruebas, pero le fue permitido sólo competir en tres. Ganó también la medalla de oro en lanzamiento de jabalina y concluyó segunda en salto alto tras alegar los jueces que su salto comprada con su compatriota Jean Shiley fue “menos legal”, considerando que su estilo hacía que su cabeza superara primero la barra que su cuerpo. Ambas habían logrado la marca mundial en el momento, con un metro 65 centímetros. En 1936, Didrikson no viajó a Berlín. Se consideró que era una atleta profesional al ejercer como instructora de natación.