jueves, 17 de abril de 2014

 

Analistas

28 / 09 / 2012
- 12:32:11
Es el presente, estúpido
Es el presente, estúpido
Eli Bravo /
Hay frases que se te pegan a los ojos. A mi sucedió con esta: Es una estupidez perder el presente sólo por el miedo a no llegar a ganar el futuro. Esa joyita se me apareció hace 10 años cuando leía La Caverna, de José Saramago, e inmediatamente la subrayé (no puedo leer sin garabatear las páginas, quizás de allí mi reticencia a los e-books). De todo aquel librazo, esta frase ha sido la única sobreviviente en mi memoria, y como los buenos vinos, ha ganando sabor con el tiempo.

Especialmente ahora, cuando vivo el futuro que apenas lograba imaginar hace una década, en aquel presente cuando me la crucé por primera vez.

Me explico. Para ese entonces yo tragaba libros a placer mientras navegaba en solitario por el Caribe. Claro que tenía otras cosas más "importantes" que hacer en lugar de estar dejándome llevar por el viento, cosas que me "aseguraban" un futuro más sólido y previsible, con los consiguientes beneficios para mi perfil profesional. Pero en aquel momento el presente me abría la oportunidad de hacer algo que siempre había querido hacer... y el futuro estaba muy lejos.

¿Valía la pena perder aquella oportunidad real, por temor a no alcanzar algo que aún no existía?

En una entrevista para la revista Semana, y ante una pregunta sobre el sentido de esta misma frase (al colega colombiano también se le pegó a los ojos) Saramago respondía "estamos perdiendo el presente y no nos damos cuenta que un futuro mejor es solo una posibilidad. No debemos pensar que cuando lleguemos a ese futuro lo tendremos". Ahí está el sentido, contundente como una catedral: no por pensar que ese futuro estará allí, será nuestro, garantizado. Con toda la carga de incertidumbre que trae la vida, puede ser que nunca llegue.

Pero ¿que hay de sembrar el futuro con los sueños, el esfuerzo y las acciones del presente?

La frase jamás niega al futuro, que siempre nos alcanza y pocas veces se ajusta a los planes originales. Lo que rescata es el valor del presente y la necesidad de honrarlo tomando la decisión de vivirlo a plenitud y sin miedos. Porque como dicen los Beatles, en otra frase que se me pegó a los oídos, tomorrow never knows.

Lo que me trae de vuelta al ahora, a este presente que hace diez años imaginaba acunado en un velero. Hoy escribo esta columna en una de las islas caribeñas que visité en aquel viaje y donde viviré los próximos doce meses. En aquel entonces haber soltado amarras desató una cadena de causas y consecuencias que me trajo hasta acá, y te aseguro, las cosas no resultaron ser exactamente como pensé que serían. ¿Pero que importa? Son como son, y de la forma como son ahora resultan sencillamente maravillosas.

Con frecuencia me encuentro con gente que dejó proyectos, sueños e ilusiones en el congelador por no desviarse demasiado del camino que los llevó directo a su futuro soñado. También me cruzo con personas que han fluido con el presente y de alguna forma se han acercado a la vida que quisieron vivir. La diferencia entre ambas está en el brillo de sus ojos. Porque como escribí alguna vez (y esta frase es auto adhesiva) la vida es un viaje en el que debemos balancear rumbo y deriva.

¿Qué me dices? ¿Vas a perder otra oportunidad? El futuro se gana y se pierde ahora mismo. En este instante.