jueves, 24 de abril de 2014

 

Analistas

11 / 09 / 2012
- 09:52:43
El pasado debe ser trampolín, no un sofá
El pasado debe ser trampolín, no un sofá
Carla Angola / Globovisión
No se han dado cuenta de la cantidad de años que teníamos sin oír a un candidato a Presidente hablar de temas cotidianos, de la vida real, de asuntos que se parecen a nosotros. Eso fue lo que recordé al escuchar a Capriles en la presentación de los que serán sus primeros 100 días de Gobierno. ¿No les permitió este acto rememorar que los jefes de gobierno no pueden ser entes aislados ocupándose de "asuntos de estado"? Cómo si eso quedara en marte, hablándonos como en otro idioma, en un lenguaje ideológico tan grandilocuente y campanudo que se desnuda plagiado de otras naciones, de otras épocas con realidades tan distintas y necesidades tan lejanas a las nuestras. 14 años hablando de guerras virtuales, de enemigos quijotescos, de batallas ya caducas, de tragedias foráneas, de doctrinas y credos políticos supuestamente imprescindibles para una transformación que jamás llegó, que jamás llega ni llegará, con la excusa de que el tiempo no ha sido suficiente, o de la traba que revisten los supuestos restos que quedan de gobiernos del pasado. ¿Gobiernos del pasado? ¡Ya hasta las miguitas se las comieron las palomas de la plaza Bolívar!

Este proceso tiene en desarrollo el triple de años de cualquier gestión en Miraflores. ¿14, 20 años para refundar una República? ¿Para procurar una vida mejor a sus coterráneos? ¿De verdad? ¿En el siglo XXI?

Cristóbal Colón en tres meses encontró un nuevo continente; Alejandro Magno conquistó a pie y a caballo, en sólo cinco años, casi todo el mundo conocido. Nuestro Libertador en 17 primaveras expulsó tres siglos de dominación extranjera. En poco más de una década, Bonaparte adquirió el control de casi toda Europa Occidenal y Central. ¿Y Chávez necesita 20 años? ¡Cará! Si es verdad que después de Dios, él, a Jesús le tomó sólo tres años evangelizar a un pueblo! ¿Y entonces?

Bueno, que afortunadamente desde que comenzó esta campaña todos hemos sido testigos, por primera vez en tanto tiempo, del discurso de un joven candidato a presidente que sí sabe qué nos duele, qué nos angustia y que habla sin tantas vueltas ni discursos de siete horas de eso y de cómo lo va a acomodar. Que tiene bueno el GPS, está claro en que sus compatriotas viven en el planeta tierra, en Venezuela y que aquí no hay más discusión filosófica que no sea de seguridad, de salud, de las tres papas, de educación y de trabajo. Sin la soquetada de preguntarnos si estamos con él o no, de tener que repetirle que él es el único comandante, líder celestial, lo más consentido de Doña Helena o la cosa más linda "ro mundo". Que no importan sus años de estudio o si tiene postgrados, o si fue diputado, alcalde, gobenador, si fue cum laude, si es rico, si tuvo más oportunidades que nosotros, si estudió en un colegio de gente pudiente o si tuvo una vida más privilegiada que la de uno. Que camina y camina sudando igualito que la gente que se desvive por tocarlo y por conocer lo que les tiene que decir. Qué tuvo una buena vida ¿Y eso qué? ?Nos tiene que dar envidia? ¿Resentimiento? ¿Hacer que nos preguntemos por qué el y no yo? ¡No! ¡No chico! ¡Se lo celebramos, lo felicitamos! Y agradecemos y pedimos a Dios que toda esa preparación y vida bonita que ha tenido, le sirva de inspiración para empujar a todo un país a esos mismos sueños y metas. ¡Que nos arrastre a todos a trabajar por lograr una vida así de feliz como la suya, para nosotros y nuestros hijos! Qué fortuna observar a un candidato que no anda con poses, que te abraza y te da la mano, a tí, a mí, a cualquiera quien se le acerque y con tal gesto de desprendimiento, de solidaridad, de cariño, de cercanía, de comprensión, que es allí cuando tienes la certeza de que no eres un voto, el porcentaje sin rostro de una encuesta o una persona a la que ve con recelo porque quizás lo adverses o que sólo te guiña el ojo porque eres sufragio seguro.

Es como si la esperanza tan pisoteada estos años hubiera reencarnado en un cuerpo flaquito, con una gorra tricolor, una sonrisa que ilumina un camino nuevo y un corazón grandote dispuesto a entregar toda su juventud e ideas nuevas a mejorar nuestras vidas. ¿Y no es para eso la política, sacrificar una vida sólo para sí mismo, para hallar el bien común? Para eso es la política, para servir, para servir a otros. Como dicen por ahí: a Capriles el pasado le sirve de trampolín y a este gobierno le ha servido sólo de sofá. Démonos la oportunidad de hacer que la política deje de ser el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos y la dirija un venezolano con la propuesta de emprender un sólo camino hacia el progreso, dejando atrás a quienes tantearon, adivinaron e improvisaron senderos y nos hicieron vagar y tropezar durante década y media, sin poder dar un sólo paso firme y hacia adelante. Ya no compremos el discurso del pasado, es en el futuro donde viviremos el resto de nuestras vidas.