viernes, 25 de abril de 2014

 

Analistas

06 / 11 / 2012
- 06:10:55
El mejor humor
El mejor humor
Eli Bravo / Globovisión
El buen humor es algo así como el mentol chino: sirve para todo. Una montaña de estudios clínicos aseguran que reduce la presión arterial, estimula del deseo sexual, tiene propiedades anti-envejecimiento y nos ayuda a compartir la mesa con gente que nos atraganta. Lo mejor es que el buen humor resulta gratis, a menos que busques una dosis de refuerzo con un show en vivo de Emilio Lovera.

¿Qué significa estar de buen humor? En primer lugar reír ¿cierto? Se ha comprobado que el gesto de la risa dispara neurotransmisores del bienestar en el cerebro. Lo mejor es que la risa es contagiosa. Incluso su prima más calmada, la sonrisa, tiene el poder de hacerte sentir bien con solo esbozarla, y si le regalas una a alguien con cara amarrada muy probablemente logres cambiarle el talante. Estar de buen humor también significa estar alegres, mostrar jovialidad en el trato cotidiano y ser capaces de reírnos de nosotros mismos.

Razón tienen las abuelas cuando dicen que la gente con buen humor tiene la sangre liviana. Pero yo creo que tienen algo más, mucho más sutil y profundo: la contentura.

En un sentido general, el buen humor es un ánimo o condición que se manifiesta exteriormente. Algo que mostramos ante los demás, y allí tienes el típico caso del chistoso: a todos hace reír y siempre pareciera estar de buen humor. ¿Pero que sucede por dentro? No es lugar común la historia del cómico que esconde sus lágrimas. Porque una cosa es el buen humor que se expresa y otra es sentir una genuina alegría interna.

En el óctuple camino del Yoga se habla de Santosa como una de las disciplinas de auto-observación. Puesto así suena terriblemente aburrido, pero se trata simplemente de sentirnos contentos con lo que somos. ¿Dónde está el chiste? Que al cultivar una auténtica contentura interior descubrimos que el buen humor no es tanto una exhibición de alegría constante, sino una sensación de gozo profundo.

Hace un tiempo el propio Emilio Lovera me comentaba en una entrevista "la gente piensa que el humorista debe estar todo el tiempo haciendo reír a los demás. Y yo les preguntó ¿tú crees que un boxeador debe darle puñetazos a los demás todo el día? Ser humorista tiene que ver con una forma de ver el mundo e interpretarlo". Y yo agregaría que los buenos humoristas tienen el talento para comunicar esa visión con inteligencia.

Para los que no ejercemos el humor como profesión, saber "interpretar el mundo" y responder ante las cosas con buen humor tiene mucho que ver con la contentura personal. Desde allí es más sencillo y natural sonreír, reír y aligerar la sangre. Así, en lugar de una máscara, el buen humor se convierte en un síntoma de nuestra Santosa.

Y claro que para estimularlo cae bien una divertida comedia, compartir una tarde entre viejos amigos o reírse frente al espejo. Hay incluso estudios que recomiendan adoptar una postura o gesto de buen humor (aunque no lo sientas en el momento) para inducir a tu cerebro a cambiar el ánimo. No soy muy amigo de estos entrenamientos psicológicos, pero si nos demuestran algo: el buen humor es un estado físico, mental, y hasta podríamos decir espiritual, que podemos cultivar.

Y el mejor buen humor, ese que nos inunda como un suave manantial desde la médula, es como el mentol chino: infalible.

Lea más artículos escritos por Eli Bravo en Inspirulina