jueves, 24 de abril de 2014

 

Analistas

07 / 07 / 2012
- 08:56:27
El fraude convencional en Mercosur
El fraude convencional en Mercosur
Asdrúbal Aguiar / Globovisión
Es ya máxima de la experiencia afirmar la fraudulenta dictadura constitucional hoy instalada en Venezuela y que es tal por concentrar todos los poderes en manos del Presidente y por negar el principio de la separación real de éstos como base del Estado democrático y de Derecho. Y lo hace, justamente, manipulando las formas constitucionales, vaciándolas de contenido teleológico y moral - a fines legítimos, medios legítimos - y de allí el fraude que nutre a sus políticas sistemáticas de Estado.

Los áulicos de la misma ahora celebran nuestro ingreso en los predios del MERCOSUR. Se trata de una aspiración que viene desde atrás. La plantea en su momento el entonces Presidente de la República “venezolana” Rafael Caldera, para abrirle caminos a la expansión de nuestras relaciones económicas y comerciales no tradicionales – en manos preferentes del sector privado – dentro de un contexto depresivo de nuestros ingresos petroleros. Ampliar los mercados es el desiderátum.

El actual régimen venezolano se lo plantea con obsesión y en otros términos, en el marco extraño de una economía nacional improductiva e implosionada luego de su expropiación - con fines de parálisis - por el propio Estado. Si cabe la metáfora, no producimos siquiera hojillas para afeitar y que podamos exportar a nuestros nuevos socios. Todo se importa a través del mismo Estado, quien apenas es dueño cierto de los dólares que le genera el control del petróleo, pues lo demás está destruído o representa una vulgar franquicia.

La balanza comercial doméstica – el cuadro de nuestras transacciones de exportación e importación de bienes y servicios no tradicionales – es negativa con el Cono Sur, según lo afirman los especialistas y muestran los números. De modo que, el único interés del MERCOSUR en nosotros es vendernos todavía más los productos de sus diversificadas fábricas, y el nuestro, por lo observado, seguir comprando las voluntades de naciones amigas y vecinas para asociarlas - por medio del crudo barato - a los devaneos marxistas que compartimos con La Habana. Ellos piensan en el bienestar mientras nosotros nos ocupamos de la revolución. !Chato negocio!

Lo de la revolución, no obstante, cada día que pasa deriva en quimera de tísicos, salvo el propósito evidente que se encubre tras la misma. A los "Maduros" y no sólo a la familia imperial de Barinas les inunda el pánico, el miedo a la rendición de cuentas y a los “juicios de residencia” que les esperan. Sostenerse en el mando, a costa de los restos que quedan de la república, les es suficiente y rendidor. Exprimirnos es el amoral cometido de los otros.

De allí el saludo emocionado de Lula da Silva y su apoyo intervencionista para la reelección del candidato oficial a la ex presidencia, o la confesión del presidente uruguayo Mujica, quien no da puntada sin dedal y administra bien su cara de !yo no fuí!

Lo relevante, junto a lo dicho, es que Venezuela ingresa por la puerta de atrás a los mercados del Cono Sur y mediando un "fraude convencional". No lo hace, como es de esperarlo y lo reclama nuestra tradición histórica, luego de un proceso de negociación transparente y recíprocamente conveniente - respetuoso de los tratados - con nuestros socios del sur y donde los valores y los principios democráticos queden, por delante, sin ser manipulados.

De allí la treta de la hora más reciente, propia de zorros sin otro crédito que la astucia. Lugo se sabe constitucionalmente destituido por tener muertos sobre las espaldas, tanto como los tiene y más su par de Venezuela, luego de los hechos del 11 de abril. Aquél finge resignación ante su inevitable caída y decide prestarle su último servicio a la causa revolucionaria.

Éste, el nuestro, renuncia y luego dice que no ha renunciado, para mostrar un golpe de Estado que nunca ocurre según la ortodoxia. Otro tanto hace Correa en Ecuador, al transformar una protesta sindical de los policías como un atentado a la democracia que no respeta. Y en lo inmediato Cristina Kirchner, anfitriona del encuentro que purga a los adversarios políticos de Lugo, va por la reforma constitucional y su permanencia en el gobierno hasta que lo decida la Providencia.

Por lo pronto cabe recordar que el MERCOSUR y su tratado fundacional, que se firma paradójicamente en la capital ayer víctima de un atropello por sus gobernantes vecinos: herederos de LUIS XIV en pleno siglo XXI, se funda en el principio de la reciprocidad; es un acuerdo entre voluntades soberanas paritarias sin cometidos de orden público internacional a diferencia de la OEA; salvo el compromiso entre sus socios de condicionar los negocios propios de la integración al respeto por todos de las instituciones de la democracia.

No pueden, en suma, sancionar a otro Estado, tan soberano como ellos. Luego, quizás, habrán de aclarar ante la Justicia regional si lo hecho al rompe y sin defensa por el Estado paraguayo - la misma defensa que cínicamente reclaman del parlamento de éste en beneficio del gobernante destituido - representa un hecho internacionalmente ilícito que los obligue a resarcir los daños irrogados a esta noble nación araucana, de menor desarrollo y víctima histórica del "imperialismo" brasileño-argentino.

Al ristre queda lo inevitable, a saber, la presencia en Venezuela de un régimen corruptor a la caza de espíritus corrompidos, según la ajustada precisión teórica del catedrático de Oxford, Laurence Whitehead.

La corrupción anida allí donde el funcionario del Estado deja de ser ciudadano - al servicio del bien común - y se transforma en partisano destructivo, velando sólo por su interés; lo cual ocurre a menudo donde los representantes electos pero no probados democráticamente se establecen en sociedades desiguales y afectadas por una pérdida aguda del bienestar. Usan del dinero - como Berlusconi en Italia - para perpetuarse en el poder y gastarlo con lujuria, en chantajes. Lo trágico es que el nuestro lo hace, pero con dinero ajeno, que pertenece a todos los venezolanos.