domingo, 20 de abril de 2014

 

Analistas

29 / 09 / 2012
- 06:11:13
¡Bájalo! Vota abajo
¡Bájalo! Vota abajo
Asdrúbal Aguiar / Globovisión
Venezuela se encuentra en un disparadero, crucial para su existencia. Cuenta con la opción de avanzar hacia el futuro y mostrar su madurez como Nación de ciudadanos, o quedarse anclada en su larga historia de expoliación política y económica, sobreviviendo acaso como caja de huesos sin alma ni musculatura. Ese es y no otro el dilema planteado a los venezolanos el venidero 7 de octubre.

La elección presidencial de este día carece de normalidad democrática. Es una desviación de la democracia, que la reduce a simple método o procedimiento para escoger a los gobernantes, pretender elegir, mediante el voto de las mayorías, entre la permanencia de una autocracia electa  y personalista - negada al Estado de Derecho e irrespetuosa de los derechos de quienes la adversan - o la reivindicación de la sustancia de la democracia, donde los ciudadanos quienes eligen y de ella participan, sin discriminaciones, son los protagonistas.

El candidato a ex presidente sostiene, a conveniencia, que el debate planteado es entre el socialismo y el capitalismo, entre izquierda y  derecha. Y algunos políticos de vieja data,  mutantes de oficio, funcionales al primero y “peso muerto” para la Nación, sugieren que media un litigio entre la política y la anti-política, entre el mundo de los “partidos ideológicos”  del siglo XX cuya permanencia reclaman y el reclamo de una ética de realizaciones, con destino  humano concreto, dentro de una sociedad plural en la que quepan todos, como la que formula la generación Black Berry que integra y dirige a la manera de una orquesta sinfónica Henrique Capriles Radonski.

Pero el asunto planteado es más simple. Se trata de una oposición radical de visiones, entre aquella que saluda la inversión multimillonaria en dólares que nos cuesta colocar en el espacio un satélite venezolano para observar al planeta, y la otra, la de los jóvenes contemporáneos e hijos del siglo en curso, quienes prefieren tomar de la mano a los barrigones y hambrientos niños de la patria, a las viudas de la violencia o a las desdentadas madres de nuestros cinturones de miseria, quienes medran impedidos de mirar hacia el espacio ultraterrestre pues deben cuidarse de las balas que a diario se les cruzan en el camino.

La declaración más reciente del candidato al continuismo – cuyo programa electoral ofrece asegurar la paz mundial e independizar a la patria – es harto demostrativa. Dice él sobre lo importante que es ésta - huérfana de nombres y apellidos - bajo su autoridad y ante la que deben subordinarse las urgencias de agua y de luz, o la falta de vialidad que padece el pueblo, llamado como está ha sacrificarse por la dignidad de esa patria y su regente. Y afirma, para no quedarse corto, que el eventual desconocimiento por el pueblo de este imperativo le sumirá en la guerra civil.

No por azar y en buena hora, como cabe recordarlo, el aspirante y repitiente nos dice a los venezolanos que su revolución es pacífica pero armada, es decir, que a falta de apoyo popular la impondrá con la violencia, más a la par, dados sus antecedentes del 4F y 11A, hace mucho ruido y trae pocas nueces.

El penúltimo dictador militar, Marcos Pérez Jiménez, prometía también, por pensar antes en su  bronce que en la dignidad personal de sus gobernados, transformar a Venezuela en una gran potencia; y en la hora crítica huye, dejando a los suyos y a su Nuevo Ideal Nacional abandonados, persuadido de que el pescuezo no retoña.

De modo que, apelando a la exquisita imagen que nos brinda Miguel de Unamuno, en pocos días habremos de escoger entre la patria de bandera - totem artificial tras el que se esconden las mayores ignominias, latrocinios, y crueles dictaduras de derecha y de izquierda conocidas por la Humanidad - o la patria de campanario, hecha de marchantes y vecinos de la plaza, gente común y corriente, nutrida de sueños modestos, vecinales y muy terrenales.

El planteamiento de Capriles no es agradable a los oídos del pasado ni a los traficantes de ilusiones. Se opone a quienes hacen de la “patria” mampara para hacer ley de la arbitrariedad; dar licencia a los Aponte Aponte, quienes condenan a inocentes a pedido del gendarme – como la Afiuni y los Comisarios -  y cuidan celosos del narcotráfico hecho gobierno; que multiplica el llanto de las madres y viudas en las puertas de las morgues; censura a la prensa; cohonesta el gobierno de las cárceles por “pranes”; oculta el negociado de alimentos podridos y el asalto de nuestro Tesoro Público por gobiernos extranjeros y “boliburgueses”; y que destruye a mansalva nuestros campos productivos y los establecimientos que nos dan la comida, el agua y la luz que poco le importan al soldado de Sabaneta.

Lo que importa, en verdad, no es si hay huecos u homicidios a granel por las calles de Venezuela. Lo que ahora importa es  bajar del poder al hombre y las razones insensibles a lo anterior. El 7 de octubre, pues, ¡bájalo!. Vota abajo en el tarjetón, por ti y por los tuyos.