sábado, 19 de abril de 2014

 

En Vanguardia

28 / 10 / 2005
- 05:11:32
Asaprol llega para prevenir enfermedades coronarias
/ CF

En 1897, el químico alemán Felix Hoffman obtuvo la fórmula pura y estable del  ácido acetilsalicílico. Ciento ocho años más tarde, el principio activo todavía sigue dando de que hablar. Y esto no es gratis.

 

La Organización Mundial de la Salud, ha considerado este componente como uno de los cinco elementos imprescindibles de la vida moderna, porque satisface el cuidado de la salud de la población y, por lo tanto, es un componente esencial para cualquier sistema de salud.

 

Si a esto se le añade la importancia que posee el ácido acetilsalicílico en el cuidado del corazón, se potencia su importancia.

 

En este ambiente, Laboratorios LETI, lanza al mercado Asaprol. Esta pastilla en forma de corazón producida a base de ácido acetilsalicílico, viene a llenar un nicho de mercado para el cual el componente es básico: el cuidado del órgano más importante del cuerpo humano.

 

Freddy Rodríguez Sánchez, cardiólogo y médico internista insiste en que el “continium cardiovascular; es decir,  la serie de eventos que van desde los factores de riesgo cardiovasculares, hasta los eventos cardiovasculares en sí, hacen entender que la prevención primaria, y entiéndase por prevención primaria el control de los factores de riesgo, es vital, porque tanto el infarto de miocardio, como los mal llamados accidentes cerebrovasculares son los eventos que determinan, la prevención secundaria, o estrategias para evitar un nuevo evento o aparición de complicaciones que lo agraven”. Y es allí donde precisamente Asaprol juega un papel determinante.

 

Prevención como clave de éxito

 

No es necesario sufrir un infarto de miocardio, para desarrollar insuficiencia cardiaca. La hipertensión arterial mal controlada y/o la enfermedad aterosclerótica, pueden conducir al enfermo a sufrirla sin que necesariamente se produzca un infarto de miocardio.

 

La hipertensión arterial como la enfermedad coronaria son enfermedades  que cabalgan juntas, y en muchas ocasiones, con otros factores como: la diabetes, la obesidad, el estrés, el exceso de peso, el sedentarismo, que pueden incrementar el riesgo, pero que afortunadamente pueden modificarse, a diferencia de otros pocos inmodificables como la raza, el sexo, la edad y la herencia, pero no menos importantes.

 

Rodríguez Sánchez dice que “si partimos del hecho que existe una enfermedad como la hipertensión arterial, u otra como es la diabetes mellitus, solas o asociadas, estas pueden conducirnos: primero, a una ateroesclerosis, que no es otra cosa que el daño de la pared interna de la arteria donde se acumulan cantidades suficientes de grasa que obstruyen, parcial o totalmente, el paso de la sangre a través de la arteria, llegando a producir un evento coronario agudo, bien sea por rompimiento o erosión de la llamada placa arteriosclerótica, sobre la cual se formará un coágulo, que obstruye el paso de la sangre y dañara definitivamente el tejido que no está siendo irrigado; y segundo, sus complicaciones, arritmias o dilatación del corazón en el caso del infarto, o parálisis de los miembros, dificultad para el habla u otras limitaciones físicas, en el caso del infarto cerebral”.