Venezuela: reto del cristianismo

Referencial

El filósofo católico francés Jacques Maritain, estaba convencido que el tiempo del ser humano es lineal, progresivo y siempre hacia adelante, en contraposición a pensadores como Nietzsche que sostenían que el tiempo es cíclico, definido por el como “el eterno retorno” ciclos que comienzan y terminan pero que al volver a comenzar se repiten con características similares.

Es una paradoja que el ser humano tenga que repetir sus propios errores, sin embargo, ocurre con frecuencia, en el caso venezolano, la sed de venganza junto a la promesa del comandante Chávez de “freír” las cabezas de los adecos y copeyanos, genero unas elecciones efusivas y de alta participación electoral, han pasado casi 20 años de ese acontecimiento y hoy, pareciera que las bajas pasiones del odio y la venganza generadas en 1998, vuelven a aflorar pero en contra de quienes las sembraron, reviviendo de esta manera la profecía de Oseas “sembraron vientos y cosecharon tempestades”. 

Hannah Arendt, en su teoría de la “banalidad del mal” intenta explicar las acciones de los seres humanos frente al eterno debate moral entre el bien y el mal, Arendt banaliza al mal argumentando que detrás de él no hay nada, “el mal desafía el pensamiento, pues tras el no hay nada, solo el bien es profundo y puede ser radical” de alguna manera este pensamiento de Arendt justifica a San Agustín cuando en el siglo primero después de Cristo afirmó que el mal es una carencia de bondad y amor en el ser.

Asumiendo como cierto la afirmación de que el mal es una consecuencia de las carencias bondadosas del ser, entendido el ser como un alma de Dios y por ello bondadosa por naturaleza, pudiéramos afirmar que en Venezuela, los venezolanos estamos experimentando un profundo vacío espiritual que por cierto, coincide con muchos pensadores que afirman que la gran crisis en Venezuela es moral, en la exhortación de la conferencia episcopal venezolana de Julio 2016, expresa lo siguiente: “La crisis moral es mayor que la crisis económica y política, porque afecta a toda la población en sus normas de comportamiento. La verdad cede su puesto a la mentira, la transparencia a la corrupción, el diálogo a la intolerancia y la convivencia a la anarquía”. 

En un país en donde el 98% se identifica con el cristianismo y más del 85% con la iglesia católica, la crisis moral se convierte en un reto para el Vaticano, quizás esto explique los nombramientos recientes del padre Arturo Sosa como padre general de la compañía de Jesús y Monseñor Baltazar Porras como nuevo cardenal de Venezuela, recientemente el enviado especial del papa Francisco, Monseñor Celli, expreso tajantemente: “Si fracasa el diálogo nacional entre el Gobierno venezolano y la oposición, no es el Papa sino el pueblo de Venezuela el que va a perder, porque el camino podría ser el de la sangre."

Alcanzar una transición en Paz, sería un triunfo para el Papa Francisco, la iglesia Católica y todos los venezolanos, seriamos la expresión de la bondad y misericordia de Dios, Gandhi dijo que el cristianismo era perfecto pero que los cristianos no vivían de acuerdo al cristianismo que decían profesar, nos toca en estos momentos asumir el reto desde nuestra fe y amor por Cristo para que triunfe la Paz.