Venezuela, punto focal

Referencial

La catástrofe provocada en Venezuela por el socialismo del siglo XXI es profusamente televisada. A lo largo y ancho del mundo. No importa en qué país se encuentre ni en qué idioma se transmita, bastará con encender la televisión y siempre insertará un segmento para reflejar la desastrosa situación en que vivimos los venezolanos. Ya no resultamos tema de comentarios por causa del petróleo, ni por las mujeres bellas que ganan concursos internacionales, por nuestros deportistas, ni siquiera somos ignorados en las pantallas más refulgentes del mundo por ser un país latinoamericano donde no pasa nada. Hoy brillamos por la violencia en nuestras calles, por el barbarismo del gobierno que se ha cargado la institucionalidad y, sobre todo, por la inexplicable escasez de lo más básico en una nación full de petróleo, minerales y buenas tierras. Nadie comprende.

Ciertamente, es muy difícil construir un país y llevarlo a la prosperidad, pero no cabe duda de que más cuesta arriba resulta quebrar a un país petrolero. Cualquier país sometido a este despojo ya habría desaparecido del mapa… y aún respiramos. “La verdad, pienso y pienso y no puedo comprender cómo Venezuela se ha metido en ese hoyo”, me decía un francés con quien nadé hasta la bolla de una playa caribeña la semana pasada. Explicarle, tratando de flotar a ras de alta mar, era como complicado. Pero más enredado resultó después, tomando en cuenta que uno mismo no alcanza a calibrar la raíz profunda de nuestra infinita y desesperante paciencia, así como el empeño agónico de ver posibilidades “constitucionales” donde solo hay ausencia de legalidad, transgresiones y abuso de Estado contra el ciudadano y sus derechos.

Una vez en la habitación del hotel me senté ante el televisor. En el prestigioso canal TV5Monde, el cual preferí –entre los disponibles- por sus excelentes espacios de noticias y opinión, llegó la infaltable nota sobre Venezuela. Presté atención y la sorpresa fue grata cuando vi a Manuel Felipe Sierra como el periodista venezolano seleccionado para comentar nuestra actualidad. Habían traducido el sonido y me resultó divertido escuchar a Manuel Felipe hablando en francés. Lo que decía tenía mucho sentido. Explicaba la dicotomía que significa estar en medio de un conflicto de poderes, denunciado más no asumido. Tal vez por allí podríamos comenzar a entender lo que nos ocurre. Convencidos de que esto es una dictadura, la tratamos como democracia. Pensamos que no hay justicia pero repetimos que confiamos en ella y hasta nos entregamos a ella. Somos aficionados a correr arrugas y esquivar conflictos. Y a veces son inevitables aunque los líderes, los verdaderos estadistas, busquen el mal menor y escojan transitar rápido el mal camino a fin de no prolongar sufrimientos para sus pueblos. Churchill advertía: no quieren el conflicto pero tendrán eso y más, tendrán la deshonra y la humillación. Es preferible traspasar el tremedal.

“Es difícil razonar con el éxito”, escribió un gran biógrafo refiriéndose a los mariscales y generales que pudieron formular críticas a Hitler y prefirieron no hacerlo. Eso fue después de que el tirano cosechara sucesivos triunfos, desde la invasión de Austria y Checoeslovaquia hasta la victoria sobre Francia y los Balcanes. Pero este estropicio criollo no es éxito sino el más sonado y televisado fracaso. ¿Es también difícil razonar con el fracaso o es que aún somos el país rural que temblaba ante los choperos de Gómez?

Lo que exponía Manuel Felipe en la televisión francesa no es digerible a quienes esperan ver el “rostro humano” del socialismo. Pero garantizo que el francés de la playa, aquél al que costaba entender, sí que asimiló el discurso del periodista y analista venezolano. La Rusia de los años 30 demostró hasta la saciedad que no hay socialismo con rostro humano, solo horribles muecas.