Venezuela, potencia productora de agua dulce, muere de sed

Venezuela es el decimoprimer país mayor productor de agua dulce del mundo, sin embargo, la gestión de sus gobernantes, ha condenado a su pueblo a la sed prolongada.

Los continuos racionamientos que comprometen el abastecimiento del vital líquido, han colmado la paciencia ciudadana. Para muchos, restringir su acceso viola un derecho fundamental consagrado por las naciones unidas, y contemplado dentro de los objetivos fundamentales de desarrollo sustentable. Para otros, quebranta la normativa local.

Resulta injustificable, aunque cómodo y conveniente para el gobierno, seguir culpando al fenómeno del niño, la niña, o al cambio climático. Bien sabemos que las condiciones climáticas han cambiado y ello ha traído consecuencias en el régimen hidrológico. Sin embargo, el tema va mucho más allá del estado del tiempo, y aborda aspectos fundamentales como el mal manejo de las cuencas hidrográficas, los obsoletos sistemas de tratamiento y distribución, la limitada integridad y transparencia de las hidrológicas, y los insostenibles patrones de consumo en algunos sectores, unido al despilfarro de la ciudadanía.

Sin agua suficiente y segura, no solo se disminuye la calidad de vida de los ciudadanos y del resto de los seres vivos, sino que se contribuye a la proliferación de enfermedades como el dengue y el chikungunya, al favorecer la reproducción de los mosquitos transmisores, por almacenamiento del vital líquido en depósitos sin estar debidamente cerrados.

Ya es hora que en Venezuela todos los ciudadanos exijamos el acceso al vital líquido, tanto en calidad como cantidad. La filosofía del ecosocialismo no se puede sustentar con sed.

Sabemos que el agua proviene de la naturaleza y su cantidad en el planeta es finita. No hay manera de producir más agua, pese a su importancia para los seres vivos. Sin embargo, también sabemos lo importante de planificar y gestionar el uso del recurso de manera responsable, con una estricta base técnica, como lo hacen decenas de países con muchísima menos disponibilidad del recurso que Venezuela, pero con mucho más compromiso con el bienestar de sus pueblos, y de la sociedad en general.

Venezuela ocupa una posición honrosa en el mundo en mayor producción de agua dulce, sin embargo, en muchas partes del país esta disponibilidad no se siente. Ya es hora que se adelanten las acciones necesarias para que detengamos esta vergonzoza sed.