Una decisión inmadura

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Lo dijimos hace una semana. No solo nosotros, muchos venezolanos alertaron sobre la peligrosa improvisación que a todas luces se desprendía de la decisión de sacare de circulación en apenas días a los billetes de cien bolívares. En nombre de la lucha contra mafiosos dedicados a operaciones delictivas con el papel moneda se puso a parir a media Venezuela, y, como era de esperarse, se prendió la cande lista en buena parte del país.

Muertos, detenidos, saqueos y destrozos de bancos y otros comercios fue el saldo de esa "revolucionaria" medida. El país pasando aceite en plenos días navideños y al gobierno se le ocurre ese aguinaldo de poner a correr a la población para deshacerse de los benditos billetes de a cien, bajo la promesa de que el día 15 de diciembre ya estarían en circulación los nuevos de 50, 500, 2.000 y 20.000 y las monedas que sustituirían al condenado a desaparecer. Pero, oh sorpresa! , los billetes no llegaron a tiempo. Que buena broma con este pobre gobierno. Todo el mundo confabulado en su contra...

¿Pagaron a tiempo el encargo de fabricar los billetes, o quedaron debiendo como dicen las malas lenguas? ¿Por eso no han llegado completos los billetes que debían estar en circulación desde el jueves pasado? Más allá de la duda, no deja de sorprender la tremenda metida de pata de sacar de circulación los billetes de cien sin que llegaran sus sustitutos. Y como si fuera poco, y con aires de mariscal victorioso, el Presidente anuncia que ya no serán diez sino cinco los días para cambiar en el Banco Central de Venezuela, sedes de Maracaibo y Caracas, lo que no se pudo depositar en la banca pública y privada. ¿Será que alguien le dijo al Jefe del Estado que tiene exceso de capital político y apoyo para derrochar de esa manera?. 

¿Nadie en su entorno fue capaz de decirle que podía pasar lo que efectivamente pasó, que la gente salió a drenar su indignación por la manera brutal como se ejecuta una medida equivalente a bombardear un hospital para capturar un delincuente escondido en uno de sus pasillos? ¿O hay un cálculo deliberado de caotizar el país para avanzar con otras decisiones aun más draconianas? Ya uno no encuentra qué creer, pero vivimos tiempos muy peligrosos en los cuales, además de las medicinas, los alimentos y el dinero, también escasea la cordura, sobre todo en los predios del poder, donde deberían tener un buen inventario de ese producto tan necesario en un país que viene palo abajo.

Hay que ponerse en el pellejo de una población que ha sido castigada duramente por las consecuencias de una desastrosa y empobrecedora política económica y que cada día pasa más trabajo para vivir en medio de una inflación que no cesa. No justifico los actos de violencia, de quema de instituciones bancarias y saqueo de comercios, pero se trata del mismo pueblo que reaccionó durante el caracazo. Ese mismo que el propio liderazgo chavista ha reivindicado durante todos estos años, y que reaccionó frente a un estado de cosas inaguantable. La rabia es la misma. Y el poder termina actuando de la misma manera, llamando conspiradores a gente que no ha sido respetada en sus derechos y en su dignidad , que ha sido abusada y humillada.

El gobierno, aunque no lo admita, tuvo que retroceder ante la ira popular. Postergó para el 2 de enero la muerte del billete de cien, el cual ya venía desahuciado desde hace tiempo como consecuencia de las sucesivas devaluaciones de hecho. Pero se ha quebrado la confianza en el sistema monetario. Ya sabemos que no hay límites a la hora de experimentar cualquier locura disfrazada de política económica. ¿Habrá sido otra idea del importado del Podemos español que nos tiene de conejillos de indias?. 

No se si es una travesura de la historia que el día 17 de diciembre, aniversario del fallecimiento del Padre de la Patria, el país viviera la tensión producida por el empeño de sacar de circulación a troche y moche los billetes con el rostro de Bolívar. A eso agreguémosle que Ciudad Bolívar fue uno de los focos de la protesta .Nuestro signo monetario, debilitado y desprestigiado como nunca, es reflejo del fracaso al cual llevaron al proyecto bolivariano. 

En otras palabras, han disminuido hasta la insignificancia nuestra moneda. Nunca el nombre de nuestro Libertador se había asociado de esa manera al desespero de la población. Cada día menos venezolanos creen en el argumento de la guerra económica. Y crece el número de quienes creen que la guerra es del gobierno contra una ciudadanía harta de esa manera de gobernar. Ponga oído en tierra, señor Presidente.