Un millón por ciento

Primero fueron las redes, después los restantes medios: “FMI estima la inflación de Venezuela para el 2018 en 1.000.000 %”.

La información pronto se hizo viral.

No conforme con los titulares me fui a la fuente original y en www.imf.org encontré, calzado por Alejandro Werner y fechado el 23 de julio, el informe “Outlook for the Americas: A Tougher Recovery” -“Perspectivas para las Américas: Una recuperación más difícil”-. En medio de un continente en el cual todas las economías nacionales crecen –desde el modesto 0,4 % de Argentina hasta el robusto 3,8 % de Chile- nuestro país se presenta como una mancha negra:

“Venezuela sigue sumida en una crisis económica y social profunda. De acuerdo con las proyecciones, el PIB real se reducirá aproximadamente 18% en 2018 a causa de la reducción significativa de la producción de petróleo y las distorsiones generalizadas a nivel micro, que se suman a los grandes desequilibrios macroeconómicos. Prevemos que el gobierno seguirá registrando grandes déficits fiscales, financiados exclusivamente con la expansión de la base monetaria, lo cual seguirá alimentando la aceleración de la inflación a medida que la demanda de dinero siga desplomándose. Proyectamos que la inflación se disparará a 1.000.000% para fines de 2018, lo que indicaría que la situación de Venezuela es similar a la de Alemania en 1923 o Zimbabue a fines de la década de 2000” reza textualmente el mencionado informe.

Jeffey Sachs, profesor de Harvard, califica a la hiperinflación –que es la que sufrimos- como suerte de fenómeno en un circo económico a la vez que indica que nada más destructivo socialmente. Sachs que asesoró a los gobiernos de Polonia y Bolivia –también trabajó con Rusia- en el abatimiento de las hiperinflaciones que padecieron en la última década del siglo pasado, puntualiza que para detenerlas se requiere de una combinación especial de políticas económicas que afecten el tipo de cambio, el presupuesto gubernamental, la oferta monetaria y la recaudación tributaria así como medidas directas que apunten a los salarios y precios. Lo más sorprendente es su afirmación que cuando las políticas implementadas tienen éxito, las hiperinflaciones tienden a terminar de un día para otro.

“¿Cómo es eso que la inflación será de un millón por ciento?” me preguntó horas atrás una señora que regenta un cafetín cerca de mis oficinas, “explíqueme para que yo entienda”. Le dije: “eso significa que esta empanada que hoy me vendes en un millón doscientos mil bolívares en diciembre me la cobrarás en más de un trillón”. Como puso cara de no saber de la cifra que mencioné le pedí un papel y tras un rápido calculo escribí: “Empanada en julio: Bs. F 1.200.000; Empanada en diciembre: Bs. F 1.197.451.560.000”. Quedó muda por segundos hasta que reaccionó: “¡Jesús! ¿Y el gobierno no hará nada?”. “No lo sé –respondí-, por todos espero que sí” a menos que como señaló recientemente Rodrigo Cabezas se continúe asumiendo con irresponsabilidad y poco profesionalismo el tema económico o en palabras del prófugo Rafael Ramírez se mantenga al frente de los equipos económicos a unos muchachos “lleva maletines”.

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