Un instrumento de paz

El diálogo es un recurso de la humanidad, y cuidarlo es deber de toda sociedad que procura la paz de sus ciudadanos, preservándolo del desprestigio, porque puede pasarle lo mismo que a la lucha contra la corrupción que se ha corrompido. Me refiero a lo que acontece aquí en Venezuela. Bien se sabe que cuando desaparece la autonomía de los poderes públicos, surge la impunidad con bríos endemoniados. Eso es lo que se ve, lamentablemente en nuestro país, porque los entes contralores no controlan y por lo tanto los funcionarios no rinden cuenta de sus actos, incluidos las violaciones de los derechos humanos y la tolerancia a los latrocinios, que es vergonzante.

La experiencia reciente obliga a la dirigencia de la Unidad a cuidar ese escenario del diálogo, vistas las poses engañosas de un régimen que se aprovecha indecorosamente de la buena fe de quienes han dado la cara una y otra vez, cuando se trata de arbitrar soluciones consensuadas a la crisis que mantiene a nuestro país en ascuas. Las simulaciones y dobleces están a la orden del día. Es el caso, por ejemplo, de Jorge Rodríguez y sus similitudes con el insólito tema del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. El domingo 23 de octubre Rodríguez se vio envuelto en la turba que violentamente asaltó el hemiciclo del parlamento y al día siguiente apareció hablando de la paz ante el enviado del Papa Francisco. Si es Maduro, vemos que pasa de una “mentada de madre” a una invitación a la armonía, mientras discursea sobre la necesidad de “hacer política con decencia”.

Inevitable recordar a Oscar Wilde cuando razonó que “la vida es algo demasiado importante como para hablar de ella en serio”. Todo indica que Maduro solo habla “en serio" de asuntos superficiales como eso de “sembrar pollos”. Alguien dirá, ¡bueno eso son improvisaciones!, ante lo cual respondo que “la mejor improvisación es la adecuadamente preparada”. Y lo que debe estar preparando el gobierno es la foto. Esa imagen que contraste con lo que se glosa en todo el mundo cuando se condena la violencia persecutoria de este régimen, ya no contra la disidencia opositora, sino contra el 90% de los venezolanos que exigimos cambio.

Como quiera que ante la invitación a conversar lo sensato es tener presente la recomendación de “nunca digas nunca jamás”, lo menos que se puede tener es una agenda que incluya hacer respetar la vía del revocatorio este 2016, acatamiento de la soberanía encarnada por diputados, abrir ya el canal humanitario y liberar a todos los presos políticos con retorno de exiliados. Para eso hace falta incorporar a la OEA y otros mediadores confiables.