Un golpe continuado

Referencial

Lo que se está viviendo en Venezuela es un caso especialísimo. Se trata de un golpe continuado que se viene desarrollando desde que Chávez asumió el poder, utilizando las virtudes de la democracia, para luego convertirse en un autócrata y perfilar esta dictadura que lidera su heredero Nicolás Maduro. Recordemos que Chávez no tenía ¡ni un portero! en el desaparecido Consejo Supremo Electoral, pero su triunfo fue respetado.

El asalto a los poderes públicos es de vieja data, le pusieron la mano a todos los entes para “despacharse y darse el vuelto”, tal como lo hacen ahora desde el Tribunal Supremo de Justicia convertido, como tantas veces se ha dicho, en el bufete del partido de gobierno. Fue a finales del año pasado que la defenestrada Asamblea Nacional se atrevió a calificar como dictadura este régimen tiránico. Lo hizo con alegatos incontestables que constan en las actas de los debates parlamentarios de octubre de 2016. Esa resolución le ha dado la vuelta al mundo con el encabezamiento que da cuenta de cómo se rompió el hilo constitucional en el sistema jurídico venezolano.

Lo que estamos viendo hoy en escena, confirma que la resolución sancionada por la mayoría calificada de los diputados no fue una temeridad. Estaban en lo cierto. En nuestro país existe una camarilla que se empeña en manejar los asuntos públicos al antojo de sus jerarcas, desde luego, asesorados desde La Habana. El descaro es tan burdo que siendo de verdad Venezuela víctima de una intervención extranjera cuando da por buena la aplicación en territorio nacional del modelo castrocomunista, cuando desde la sede de la OEA su Secretario General, Luis Almagro, presenta su informe relatando la desgracia que padecemos en nuestro país, saltan los voceros de la dictadura con su discurso acoplado y ensayado para gritar que “están invadiendo la tierra de Bolívar y de Chávez”, suponiendo con falsos argumentos que la propuesta de los embajadores que respaldaron el informe de Almaro sobre la penosa situación de la democracia venezolana, “es una amenaza a la soberanía nacional”.

Lo cierto es que el cinismo más rancio del mundo lo representan estos dirigentes aferrados al poder de un país al cual destrozan, hablando de soberanía y de libertad, cuando ¡hasta el pabellón criollo! Dejó de ser tal cosa, porque sus ingredientes -arroz, caraotas, carne y tajadas- son importados.

Por lo antes dicho debemos tener muy claro que esta dictadura pretende quedarse en el poder. No les importa nada, harán lo que tengan que hacer para seguir desangrando las finanzas públicas y resguardándose de la justicia nacional e internacional desde las mamparas en que han transformado las instituciones vaciadas de contenido. Evitarlo es nuestra responsabilidad, tarea que corresponde a todos, a dirigentes y a ciudadanos en general. Desde luego, en el entendido que el pueblo espera una atinada y transparente conducción por parte del liderazgo que funge como cabezas pensantes de estrategias y tácticas que nos lleven a la victoria. Si no hay conciencia de la responsabilidad y de lo que nos estamos jugando en esta encrucijada, y colocamos vergonzosamente nuestros intereses personales por encima de la batalla crucial que es defender juntos, de verdad, verdad, a Venezuela, nadie se salvará del juicio de la historia, porque más temprano que tarde se sabrá qué fue lo que hicimos y qué dejamos de hacer. Es hora de luchar sin miedo, sin cálculos grupalistas, sin pretender tirar los dados para jugar a nuestra suerte, cuando lo que corresponde es darlo todo por Venezuela, su democracia y la libertad.