Trotski: el misterio del piolet

El asesinato de León Trotski a mano de Ramón Mercader el 20 de agosto de 1940 en una casa de la calle Viena, en el barrio Coyoacán de Ciudad de México, aún guarda secretos. Se sabe de las consecuencias políticas de la muerte del llamado “líder de la Revolución Bolchevique”, “el fundador del Ejército Rojo”, “el profeta desarmado” o “el hombre que amaba los perros”, según la novela de Leonardo Padura, pero sigue vigente una duda: ¿por qué Mercader utilizó una piqueta de alpinista para consumar el crimen? La pregunta fue pertinente si se toma en cuenta que el homicida portaba también en ese momento un cuchillo de grandes proporciones y una pistola. Mercader confesó a las autoridades: “pensé emplear mi piolet que traje de Francia porque sé manejarlo muy bien y me había dado cuenta en mis ascensiones a las montañas nevadas donde con un par de golpes lograba arrancar grandes bloques de hielo”. Pero ahora persistía la duda: ¿quién guardaba el objeto?

El escritor Eduard Puigventós, siguiendo la pista del tema ha escrito el libro “Ramón Mercader, el hombre del piolet”, donde argumenta “que es sin duda un objeto icónico, sin el cual seguramente el asesinato de Trotski no sería tan conocido”. También el nieto de la víctima Esteban Volkov sostuvo: “El piolet tiene gran importancia, tanto histórica como política porque es el mejor símbolo del estalinismo”.

Recientemente el Museo Internacional del Espionaje de Washington anuncia que tiene la pequeña hacha en su poder y que la expondrá en 2018, conjuntamente con más de 7.000 reliquias de los servicios secretos del siglo pasado, incluida una Máquina Enigma de la Segunda Guerra Mundial y hasta un submarino espía. El portavoz de la institución no explica cómo ni cuándo consiguió la piqueta y sólo expresa que se le compró a una mujer de nacionalidad mexicana de nombre Ana Alicia Salas, quien confesó, a su vez, haberlo tenido escondido bajo su cama durante cuarenta años. Pareciera que no siempre los años sirven para develar los misterios.