Tres periodistas fueron ahorcados por “instigar” reclamos del Primero de Mayo

Juan José Peralta

Ocho trabajadores y dirigentes obreros fueron sancionados en Chicago el 11 de noviembre de 1887 por la sentencia que los hizo responsables de “instigar con violencia” los reclamos del Primero de Mayo del año anterior y su punto álgido el cuatro de mayo en la Revuelta de Haymarket por los trabajadores en huelga, quienes bajo la consigna “ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso” exigían básicas reivindicaciones laborares: Cuatro de ellos fueron ahorcados en acto público, tres eran periodistas.

La jornada del Primero de Mayo que se conmemora cada año en casi todo el mundo tuvo cientos de muertos en enfrentamientos de los trabajadores con la policía de Chicago y se acusó a ocho de ellos de promover los disturbios.

Fueron a la horca los periodistas alemanes Adolf Fischer de treinta años y August Vincent Theodore Spies de 31 años y su colega estadounidense Albert Parsons, de 39 años, esposo de la mexicana Lucy González Parsons y aunque se probó que no estuvo presente en el lugar, fue juzgado igual y pagó con su vida al entregarse ingenuamente para estar con sus compañeros.

El cuarto ahorcado fue el tipógrafo también alemán George Engel de cincuenta años. Su compañero Louis Lingg, carpintero alemán de 22 años se suicidó en la celda para no ser ejecutado. El pastor metodista alemán de 39 años y obrero textil y su coterráneo Michael Schwab de 33 años fueron condenado a cadena perpetua y el vendedor estadounidense Oscar Neeb a 15 años de trabajos forzados.

El corresponsal del diario argentino La Nación, el poeta cubano José Martí escribió la noticia: “... salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos”.

Martí describe la exhibición pública del ahorcamiento y cuenta que la concurrencia estaba sentada en hilera en sillas delante del cadalso como en un teatro: “Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable”.

Aquellos sucesos de Chicago entre el primero y el cuatro de mayo de 1887 costó además la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales de número exacto aún desconocido y fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados, la mayoría inmigrantes europeos, italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.

Chicago, la ciudad donde se dieron los principales sucesos, era la segunda ciudad de Estados Unidos en habitantes y desde el oeste y el sudeste cada año llegaban por ferrocarril miles de ganaderos y agricultores desempleados creando los primeros barrios humildes que albergaban a cientos de miles de trabajadores junto a emigrantes llegados de todo el mundo a lo largo del siglo XIX, aventados a esta nación en busca de empleo y mejores condiciones de vida.

En cada país y en su tiempo, la jornada laboral de ocho horas fue una conquista considerada día festivo en casi todo el mundo por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago.

Los ocho sindicalistas anarquistas al inicio mencionados fueron enjuiciados por las protestas de lucha por la jornada laboral de ocho horas originada el primero de mayo de 1886 cuando unos 200 mil trabajadores iniciaron la huelga mientras otros 200 mil obtenían esa conquista con la amenaza de paro, con su punto más álgido el cuatro de mayo en la llamada Revuelta de Haymarket.

Desde entonces el Primero de Mayo se convirtió en una jornada reivindicativa de los derechos de los trabajadores en sentido general celebrada en mayor o menor medida en todo el mundo.