Todos fueron canallas…

@unidadvenezuela

Durante la década de los 60, apareció editado en Caracas un libro con título muy sugerente: “Todos fueron canallas”. El autor era Germán Borregales, un político y periodista, famoso por su furibundo anticomunismo, por haber fundado el partido MAN (Movimiento de Acción Nacional) y por haber mantenido una columna muy influyente en la prensa que firmaba como “Mister X”. Sus líneas eran como lanzas en ristre cuando una causa le merecía la pena. No es difícil imaginar el contundente contenido de un libro con semejante título. No vienen a cuento los detalles, pero sí llegan a la mente quienes, como escuadrón plañidero, andan buscando a quién endilgar sus faltas.

“Llamarse jefe y no serlo es el colmo de la miseria”, recordaría hoy Bolívar a tantos que se pretenden líderes, pero practican el salto largo cuando se trata de escurrir el bulto. Eso es cobardía, que se convierte en canallada cuando, de la manera más descarada, se pretende trasladar la responsabilidad de errores y omisiones a quienes debíamos (¿debían, pues el sujeto se la frase son "ellos", o entonces, "deberíamos") agradecer en lugar de señalar. Gente (para evitar un "reparto igual" - de paso desigual - y confusionista de responsabilidades y culpabilidades, -ambas cosas no son iguales y viene bien la distinción, porque la frase siguiente entre comillas alude a eso - , algo así como: "que se supone, unos deberían gobernar para promover el bien común, y otros, desde la oposición, exigirlo... y ...") que no es capaz de entenderse ni siquiera para evitar el sufrimiento de su pueblo, gimen al unísono: “la culpa es del Papa”. Una poquedad que traspasará el dintel de esta historia para ocupar lugar de honor entre las ruindades de esta etapa humillante para la nación.

Se juntan el hambre con las ganas de comer y entonces la boconería se activa. Hay una campana internacional -por cierto muy bien “aceitada”- para arremeter contra el Papa que ha colocado en el debate los grandes temas de la humanidad. Y es que ciertos puntos sobre las íes irritan a los más putrefactos intereses.

Por estos lados debe haber también mucha mano mojada que deja el charco entre las teclas contra “el Vaticano”. (Lo correcto es hablar de Santa Sede, que, de paso no es "mediadora", sino "facilitadora", pero aún no se enteran). Es, sin embargo, vano el esfuerzo por quitar el dedo de un renglón donde ya se lee, con tinta indeleble, la firme e inequívoca precisión del Secretario de Estado vaticano en torno al tema. Su muy divulgada carta a los actores participantes en la famosa mesa de diálogo ha cerrado bocas y borrado tuits. Ha sido el mejor mentís a especuladores y falsos adalides de la verdad: “Por lo que se refiere a los contenidos y a las concesiones mutuas entre las partes en juego, es oportuno destacar que los derechos se respetan, no se negocian”. Aun así, la conjura se montó.

Uno de los "mediadores" dibujó (a su manera) el cuadro para la Cadena colombiana Caracol: «Por una parte hay una oposición que no se pone de acuerdo. Está dividida. Hay una competencia entre tres dirigentes que legítimamente están aspirando a llegar a las elecciones presidenciales. De esta competencia entre ellos surgen críticas y desacuerdos recíprocos. Después está la cuestión de la grave tensión entre el gobierno y el Parlamento: el gobierno no reconoce autonomía al Parlamento y este no reconoce legitimidad al poder ejecutivo”… “Desde hace meses, en las esferas del gobierno y de la oposición se habla de ‘desmantelar’ el papel de la Santa Sede, a pesar de que su presencia y sus gestiones hubieran sido pedidas por las partes con documentos oficiales por separado. Ahora está claro que solo se trataba de jugadas tácticas”. (La redacción, de paso, mezcla "espacio y tiempo", lo que no deja de confundir...)Pero el Papa sigue teniendo la culpa.

Si este amasijo de granujadas no existiera habrían tenido que inventarlo. Después de solicitar la mencionada facilitación de la Santa Sede, las partes se desentendieron porque ninguna tenía real interés en que el intento diera resultado. Si el régimen quiere ganar tiempo, el liderazgo opositor no se queda atrás. Los distintos grupos no logran posicionarse a satisfacción para hacer frente a cambios que retarán su maltrecha conexión con el país. En verdad, para todos fue un divertimento. El gobierno por sus fétidas razones y el sector opositor –porque, en rigor, oposición es la inmensa mayoría del país- por tantas cuantas cabezas pescuecean cuando se prende un foco. Todos fueron canallas. Miranda recorrería los pasillos vaticanos murmurando: “Se los dije, esta gente no sabe hacer sino bochinche”.

Mientras tanto, el país, sin alimentos ni medicinas, se mantiene con la esperanza colgando de las iniciativas de un episcopado al que, con patética ignorancia y malevolencia, pretenden deslindar de Roma lo cual, además del empeño más inútil, se inscribe en la más barata estrategia gobiernera. Como bien dijo el Padre Ugalde en una entrevista: “Yo entiendo que la gente está desesperada e impaciente, pero es hacer el juego al Gobierno decir: ‘¡Ah! El papa quiere salvar a este régimen y está enfrentado a la Iglesia venezolana’. Eso es totalmente ridículo, pero al Gobierno le interesa que la gente crea eso (…) Yo entiendo que cuando uno pierde la cabeza puede pensar en cosas como esas, pero ninguna persona sensata puede decir esas tonterías y no caer en cuenta que le está haciendo el juego al Gobierno”.

Por si todo esto fuera poco, el asunto toca picos de imbecilidad. Apostar a la división de la Iglesia es, por decir lo menos, un desatino. Los obispos venezolanos, sin demora, han reivindicado su absoluta comunión con el Santo Padre. Y hacen bien, la Iglesia es muy vieja como para estar dejándose aplastar el dedo detrás del portazo de la insidia política.

Y si el contundente mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal no hubiera dejado claro que el diálogo no tuvo nada que ver con la defenestración del referendum revocatorio, aún andaría por allí más de un pigmeo repitiendo el estribillo. Pero ese discurso no dejó títere con cabeza.

Es increíble cómo la crisis ha logrado desmalezar el terreno. Las redes sociales han reproducido escritos y comentarios a cual más reveladores de lo equivocados que hemos estado al valorar a tanto crítico, columnista, comentarista, gurú de opinión y hasta veteranos periodistas. Estos momentos oscuros permiten, a pesar de todo, una cierta transparencia.

Desde la OEA advierten que mientras El Vaticano ande por Venezuela no harán nada para impulsar la Carta Interamericana. Lo que faltaba. Otra fuga tras el paraván del disimulo. La Carta pudo aplicarse y no se aplicó. No tenía los votos, no era el instante, no se sabe por qué…Desde cuándo están en eso? Las razones debe explicarlas la OEA. Aparte de que nadie les amarra la mano: no terminó el diálogo?, no dicen que fracasó sin apenas haber calentado sillones?, no dicen que fue una farsa? La respuesta es buscar excusas, un culpable que lave caras y saque castañas del fuego: el Papa. No es posible mayor bribonada.

Pero aún hay más de la faena. Por ahí salió un “mentor” mediático que mostró sus pies de barro. Le pide al Papa que “saque sus manos” de Venezuela cuando nadie le ha pedido que meta él las suyas. Es el tipo de prepotente que quiere poner el caldo morao porque sabe que no será él quien se lo beba. Aquí en Venezuela los llamamos “entrépitos”.

Ahora, si lo que esperan es que El Vaticano cancele esfuerzos en pro del acercamiento entre los seres humanos, sin importar el país, no serán complacidos. El papel de la Santa Sede es claro: no están para abrir o cerrar diálogos, como bien puntualizó el embajador del Papa. No obstante, lo que nunca cancelarán es la búsqueda de puntos en común. Siempre estarán disponibles. Probablemente eso incomode a nuestras enredadas élites políticas pero una sociedad tan necesitada de acompañamiento y certidumbres, lo aprecia y agradece. Eso es seguro. Como bien recordó el Nuncio Giordano, la Iglesia sigue adelante, “contra toda esperanza”.

De todo hemos visto y oído y, como escribió Gallegos, “desaparece del Arauca el nombre El Miedo y todo vuelve a ser Altamira”. De la barbarie a la civilidad. Del mito a la realidad. Del pedestal a ras de tierra.

Así tienen que volver las cosas al lugar donde deben estar. Se impone la verdad. Nadie sobredimensionado. Caretas abajo. Cada cual se ve como es. Esta coyuntura ha sido un espejo de aumento para que veamos arrugas y verrugas. Todos fueron canallas.-