"Tiempos de cambio: Un asunto muy sirio"

Vladimir Villegas
Vladimir Villegas - GV

El ataque contra Siria llevado a cabo la noche del pasado viernes por Estados Unidos y sus aliados Francia y Reino Unido estaba cantado desde hace varios días. Ahora estamos nuevamente en medio de un clima bélico, y a la espera de saber si Rusia y sus socios en el Medio Oriente responderán militarmente o se limitarán a iniciativas de índole diplomática o incluso económica y comercial. Y queda en el aire el temor de que se produzcan ataques de corte terrorista como represalia por parte de grupos radicales o fundamentalistas.

Ya en varias ocasiones se ha acusado tanto al grupo terrorista Estado Islámico y al gobierno de Bashar Al Assad de utilizar armas químicas en varias ocasiones contra la población civil. Ahora se señala al gobierno sirio como responsable de lanzar armas un ataque con armas químicas contra la ciudad de Duma, tomada por rebeldes. Los aliados en el ataque acusan de ese hecho al régimen de Bashar Al Assad, mientras que Rusia dice que fue un montaje para provocar el ataque militar del pasado viernes.

No estoy de acuerdo con las armas de destrucción masiva. No estoy de acuerdo con la guerra, ni apoyo que los conflictos entre naciones, regiones, facciones o grupos de índole militar, religioso o de cualquier otra naturaleza se resuelvan ni a plomo limpio ni a punta de bombas, misiles,gases tóxicos o cualquier otro "juguetico" destinado a imponer la fuerza por encima de la razón. Pero una cosa son los deseos y otra las realidades.

No hay guerra buena, y aunque se haga en nombre de la paz siempre deja un saldo de vidas perdidas y otros daños "colaterales", como suelen denominarse. Soy partidario, sí, de la solución pacífica de los conflictos, para lo cual hace falta que la Organización de Naciones Unidas se reorganice de forma que su estructura genere mecanismos de toma de decisiones que estén a la altura del complejo mundo que hoy vivimos.

La coyuntura internacional actual es lo suficientemente compleja como para no temer que en un tiempo relativamente corto pueda desatarse una acción bélica a gran escala. Más que avizorar la resurrección de la Guerra Fría podemos ver al mundo inmiscuido en una confrontación caliente si las grandes potencias (Estados Unidos, Rusia, China, Alemania, Francia y Reino Unido no logran acuerdos que detengan cualquier posibilidad de que se desaten los demonios.

La acción militar de Estados Unidos con el apoyo de Francia y Reino Unido contra presuntas bases nucleares sirias abre las puertas para que se produzcan respuestas de cualquier tenor. Ojalá que no tengan lugar acontecimientos que contribuyan a escalar un conflicto que ya ha causado no solo cientos de miles de muertos, desaparecidos, heridos, mutilados sino también la destrucción de la nación Siria. Ha sido una guerra salvaje, en la cual las partes en conflicto no han ahorrado en crueldad y no han sido capaces de abonar el terreno para una solución negociada, que permita, por ejemplo, acordar una tregua acompañada de medidas de carácter político.

Es obvio que el conflicto en Siria tiene innegables causales geopolíticas, y la intervención de las potencias que quieren cuidar sus zonas de influencia fortalece la confrontación. Ocurre entonces que el pueblo sirio es el que termina padeciendo los rigores de la acción bélica. Es el que paga el costo en vida, en destrucción de su territorio y en falta de respeto a sus derechos, entre ellos el derecho a la vida. Y también, diría, el derecho a vivir en paz y en democracia.

Aun no se ha confirmado, al menos por la agencia encargada de ello, que el ejército sirio haya utilizado armas químicas contra la población. Esto hace recordar lo que pasó en Irak. El gobierno de George Bush acusó a Saddam Hussein de producir armas químicas. De esa forma se justificó la acción armada que a la larga produjo el derrocamiento y la posterior ejecución de Saddam Hussein. A los años el propio gobierno norteamericano admitió que las acusaciones contra Saddam carecían de fundamento . Pero después de ojo afuera no vale Santa Lucia, como dice el refrán.

Si se demuestra que finalmente Siria hizo uso de armas químicas tal crimen no podría quedar impune, y sus responsables tendrían que ser juzgados como criminales de guerra. Pero es obvio que se requiere una investigación imparcial y a fondo, por parte de los entes con competencia en esa área.

Lo importante es que las potencias envueltas en el conflicto sirio logren una solución que evite más derramamiento de sangre. Y que finalmente al pueblo de la República Árabe Siria se le permita decidir su destino en paz, mediante fórmulas democráticas. con plenas garantías para que los factores opositores internos puedan ejercer derechos consagrados en los tratados y convenios en materia de derechos humanos, y entre ellos por supuesto los derechos políticos.

Ah, ¿sería mucho pedir un mundo con justicia, libertad, democracia, igualdad de oportunidades y cero armas de destrucción masiva?