Tiempos de cambio: Negociación política ¿por qué no?

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Un grupo de venezolanos, y me incluyo, tomó la decisión de producir un documento en el cual se hace un llamado a trabajar para el logro de un entendimiento nacional que evite un desenlace violento y sangriento en nuestro país. Hoy lunes 10 de julio se va a dar a conocer el texto íntegro . Sin embargo, desde ya quiero resaltar que este grupo de ciudadanos vinculados a distintas actividades y de pensamiento también marcado por la diversidad actúa animado por la angustia frente a un cuadro político, económico, social e institucional cada vez más complejo y alarmante.

Son los líderes de gobierno y oposición los principales llamados a actuar con la responsabilidad patriótica que la hora actual reclama. Vamos camino a escenarios de mayor confrontación y violencia. Lo ocurrido en la Asamblea Nacional el pasado 5 de julio revela el poco o nulo respeto a la representación popular. La agresión contra diputados, periodistas y trabajadores de la Asamblea Nacional, en un día tan emblemático de nuestra historia, como el 5 de Julio, fecha conmemorativa de la firma de Acta de la Independencia de Venezuela, dejará una mancha difícil de borrar.

Pero la violencia que vimos ese día, la salvajada que se expresó en tubazos, palazos, insultos y secuestro durante varias horas, puede escalar mucho más allá hasta convertirse en un inmanejable choque con consecuencias trágicas. Tal y como se señala en el documento que hoy saldrá a la luz pública, "la crisis que vivimos debe detenerse antes de que su desenlace destruya componentes esenciales de la dignidad humana". Si no lo logramos estaremos condenados a la violencia, a una confrontación que puede representar un retroceso histórico, y que nos puede sumir en circunstancias más oscuras y complejas que la actual. No lo olvidemos, siempre puede ser peor, sobre todo si no asumimos nuestras responsabilidades.

¿Qué puede evitar lo que ya se asoma como escenario probable? Admitir como una realidad que del actual conflicto político no puede salir otra cosa que un sector aplastando al otro, la anarquía total o la llegada de un "gendarme necesario" que, a punta de bayonetas, dé por terminado el juego. Por la vía de la exclusión, de la segregación, de la persecución e incluso de la liquidación física y política del adversario no se logra otra cosa que la prolongación indefinida del conflicto y el incremento sustancial del número de víctimas fatales, heridos y detenidos. Todo en medio de una situación económica terrible, y de un cuadro social de empobrecimiento, hambre y desesperanza.

Sé que hablar de negociación política irrita a mucha gente. Lo entiendo y respeto profundamente esa actitud y a quienes la asumen. Pero es mi deber y mi derecho decir lo que pienso. Y también es una obligación que quienes tenemos el mismo punto de vista lo hagamos saber al país. La negociación política, sin complejos, con garantes aceptados por las partes, bajo el auspicio y el apoyo espiritual de la Santa Sede, es una opción que no debe dejarse de lado. Es, en opinión de muchos venezolanos, la opción más difícil de construir, y sobre todo a corto plazo. Más fácil, evidentemente, es dejar que las pasiones, el odio, la rabia, la soberbia, los cálculos pequeños, nos gobiernen y le impongan al país una agenda que nos lleve al despeñadero.

Un llamado a la negociación política no tiene por qué entenderse como una orden de desmovilización ni la renuncia a los objetivos políticos de cada quien. Es abrir un espacio para darle aliento a una opción que le ahorre costos a una Venezuela venida a menos y adolorida por la muerte, la represión, la violencia, el derrumbe institucional y la miseria. Eso es posible y necesario lograrlo en el marco de la Constitución de 1999. Sin cambiarle una coma, sin quitarle ni ponerle nada, al menos por ahora.

La Carta Magna no es la razón de la crisis que vivimos. Es su no aplicación, su desconocimiento. En su texto están las claves que nos permitirán abordar las soluciones que el actual momento político reclama. Darle la espalda a ese proyecto de país, a ese pacto social, a ese piso que puede soportar un proceso de entendimiento por los intereses superiores del pueblo de Venezuela es la peor decisión que se puede adoptar en medio de este triste panorama.

En torno a la Constitución es posible crear, como dice el documento, "mecanismos confiables" para la solución de las controversias que nos han llevado por el peligroso sendero que hoy seguimos transitando.