"Tiempos de cambio: Lula... mento mucho"

Periodista
Periodista - GV / Robert Betancourt

Créanme que para mí no puede ser motivo de satisfacción que el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva esté preso por presuntos hechos de corrupción. No soy juez y por lo tanto no estoy en capacidad de absolver o acusó a alguien en particular, pero lo que parece ser una verdad del tamaño de un templo es que la corrupción en Brasil y en América Latina transversaliza las ideologías. Hay pillos de derecha, de izquierda, de centro, de la anti política...

Lula representó una esperanza para los más pobres en su país. Fue primero un luchador sindical, en medio de feroces condiciones derivadas de una dictadura militar. Luego fue fundador del Partido de los Trabajadores, organización que nació con gran influencia trotkista y poco a poco fue derivando hacia eso que perfectamente puede denominarse una izquierda moderada. Su triunfo en 2002, luego de varios intentos fallidos, se tradujo en que un buen porcentaje de los brasileños pasó de la pobreza a la clase media. Hubo impulso de importantes programas sociales y su país siguió la senda del crecimiento económico iniciada bajo la gestión de Fernando Henrique Cardoso.

No hubo represión ni presos políticos durante su mandato. Gobernó y tuvo mucha estabilidad política gracias a la conformación de una gran alianza incluso con factores adversos ideológicamente. En general tuvo una buena relación con el sector privado. Y no promovió limitaciones a la libertad de expresión, nada de periodistas presos ni medios de comunicación cerrados. Luego fue sucedido por Dilma Rouuseff, quien en su segundo mandato fue destituida, en medio de grandes escándalos de corrupción, que finalmente llegaron a lo que hemos visto hoy, que el expresidente Lula está preso,por presuntos actos impropios de funcionarios públicos.

La corrupción es el talón de Aquiles en buena parte del continente, y los gobiernos de Lula y Dilma fueron picados por ese gusano. Es lamentable que emblemáticas figuras de sus administraciones terminaran enjuiciadas y condenadas por prácticas nos sanctas en el manejo de los dineros públicos, y por relaciones turbias con empresas como Odebrecht, que también abrió operaciones en Venezuela, donde por cierto las autoridades responsables le han sacado el cuerpo a mater la pala hasta el fondo, para atar todos los cabos de los guisos y guiseros a quienes la empresa les mojó la mano en abundancia, especialidad de la poderosa compañía, señalada de llevar la batuta en materia de sobornos a funcionarios, incluidos parlamentarios, ministros, gobernadores y hasta presidentes.

Buena parte de los acusadores de Lula y de otros ex funcionarios de los gobiernos del líder sindical metalúrgico y de su sucesora también aparecieron embarrados en presunta corrupción y pagan cárcel. Vaya justicia, donde unos presuntos corruptos son los encargados de investigar la corrupción. Y más en un año electoral, con Lula encabezando las encuestas de cara a las presidenciales. No meto las manos en el fuego por él. Solo me gustaría que lo juzgara una justicia no contaminada , y que si resulta culpable, pues que asuma su barranco. Así debería ser en Brasil y también en Venezuela y en cualquier país.

Es lamentable que dirigentes políticos con un mensaje de justicia social, de democracia avanzada y de énfasis en un mundo mejor terminen nadando en el fango de la corrupción, bien por hechos que cometieron o por las turbias acciones de sus entornos.

La pillería no tiene ideología. Hay vivos en todas las ubicaciones del espectro politico. Y cada uno de ellos reciben sus cuotas de condenas o absoluciones a priori, determinadas por la identidad o la animadversión que generen. Así ha sido, es y será. El Partido de los Trabajadores del Brasil fue penetrado por la corrupción, como también lo están otras fuerzas de ese país, e incluso figuras de los movimientos emergentes. No es de dudar que muchos de los que el sábado brindaron por el encarcelamiento de Lula tienen un largo rabo de paja y no se pueden acercar ni siquiera a un cigarrillo encendido. Eso no hace más o menos inocente a Lula. Simplemente es, a mi juicio, la realidad.

Lo cierto es que la corrupción no es patrimonio de ninguna ideología . Hay izquierda y derecha corrupta, como también hay derecha e izquierda no manchadas por la corrupción. Ambos factores políticos, y también los otros que no se identifican con ellos,,deberían hacer un pacto para que los amigos de meter la mano en los dineros públicos reciban un duro castigo. O se enfrentan a la corrupción o se hunden en ella.