Tiempos de cambio: La cuerda, más tensa que nunca

Prensa Latina

Lo que hemos visto en los últimos días es demostrativo del grado de dificultad política e institucional en cual nos encontramos en Venezuela. Nos estamos acercando a momentos cada vez más complicados y peligrosos. No lo dice ningún brujo, ningún lector de cartas o adivino. El contexto es la mejor bolita de cristal.

El gobierno, a lo interno, juega duro, recio, a reducir los espacios de participación política, a retrasar lo mas posible cualquier consulta electoral. Ni las elecciones estudiantiles se salvan del temor a un resultado adverso. 

El proceso de renovación de la matrícula de los partidos políticos distintos al Psuv, incluidos aliados incómodos pero aliados al fin, se coloca como una alcabala que amenaza con retrasar indebidamente, y mas allá de los parámetros establecidos por la Constitución, unas elecciones de gobernadores que han debido llevarse a cabo el año pasado, y que a decir de la rectora del Consejo Nacional Electoral Tania D' Amelio , tampoco es seguro que se realicen este año.

En el ámbito opositor, crece también el convencimiento de que el Gobierno dejó de jugar hace tiempo por el librito, es decir, por la Carta Magna. Y por ende crece en ese sector la convicción de que no tiene sentido ningún diálogo, que el único diálogo posible son las elecciones y la salida de Nicolás Maduro del poder. 

Y, como se hace frente a los boxeadores de gran pegada, pelea a la distancia, para evitar un mamonazo fulminante. Por eso se apoya en una comunidad internacional cada vez más informada de lo que pasa en el país en materia de violación de derechos humanos y de incumplimiento de los compromisos electorales. 

Nada es casualidad 

A estas alturas del juego nada es casual, ni el interés del gobierno por arrinconar a la oposición y colocarla al borde de la ilegalidad, ni el deseo de la coalición opositora, al menos de los factores que determinan su política, de buscar en el escenario supra nacional los apoyos que permitan ejercer presión para el logro de sus objetivos.

No es casual que en este momento hayan surgido las denuncias contra funcionarios venezolanos, como el vicepresidente Tareck El Aissami, y que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, haya puesto el foco en Venezuela mediante dos actos concretos: primero el recibimiento a Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, y luego un duro comunicado del Departamento de Estado sobre la situación de los presos políticos y otros asuntos referidos a derechos políticos y ciudadanos que no están siendo debidamente respetados en el país.

El temprano recibimiento a Tintori no es un hecho aislado. Es la mas dura señal emitida por el nuevo gobierno estadounidense, luego de que días atrás el Departamento del Tesoro formulara graves señalamientos contra el segundo de abordo en Venezuela. En gobierno venezolano riposta con la ratificación de la sentencias condenatoria a López .

Y en medio de este escenario estamos los venezolanos, que no controlamos ni lo que se decide en Miraflores ni lo que se decide en Washington y otras capitales del mundo, donde seguramente se están evaluando opciones frente a lo que ocurre en nuestra tierra. La cautela que ha tenido el Gobierno frente a Trump de poco o nada le ha servido

Trump está lejos de ser Obama

El actual mandatario norteamericano no parece tener ni el tacto ni la paciencia de su antecesor, Barack Obama. Venezuela está en el ojo del gigante y de viejos adversarios y antiguos y ahora esquivos aliados. Presión externa y presión interna es lo que se avecina. Y adivinen quién paga la cuenta.

La cuerda se tensa. Cada factor, gobierno y oposición, se atrinchera con lo que tiene a la mano. Se cierran los caminos para lo que sería más conveniente y ganancioso: ya no un diálogo sumido en la modorra del estancamiento y de la pérdida de tiempo, como lo que vimos, sino una negociación política de altura. Pero hay que reabrir ese espacio, abonarlo y fortalecerlo, para evitarle a las grandes mayorías del país mayores penurias y cuidado si una gran tragedia política y social.

Gobierno y oposición tienen que dejarse de pendejadas y entablar una negociación política donde no quede NADA por fuera, y se puedan crear condiciones para darle salidas a una crisis que amenaza con hacer desembocar al país en el peor de los despeñaderos. Meterle más presión al país es suicida. 

Esto, como lo hemos advertido desde hace tiempo, se puede volver incontrolable. Y todavía está en nuestras manos resolver nuestros problemas y diferencias civilizada, pacífica y hasta pragmáticamente. No vaya a ser que el tantas veces llamado demonio se nos aparezca.