Tiempos de cambio: Delcy Rodríguez y el mal poder

referencial

La amenaza más terrorífica de los últimos días ha salido de la boca de Delcy Rodríguez, presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente electa a espaldas de la norma constitucional. Ella ha dicho que "más nunca vamos a entregar el poder político", algo que solamente dicen quienes no creen en la democracia, en la alternabilidad, en el respeto a la voluntad popular, y se sienten destinados a ocupar posiciones de poder por el resto de sus vidas. 

Y ciertamente da miedo lo que ha dicho la pre citada lideresa del recién creado partido "Somos Venezuela", porque este gobierno ha sido más eficiente cumpliendo amenazas que cumpliendo promesas, y porque quien lo asevera detenta un cargo desde el cual habla a nombre del pueblo, de ese mismo pueblo víctima de un modelo político y económico que se traduce en cada vez más hambre, miseria y represión, tres palabras que en los viejos tiempos la Liga Socialista, fundada por Jorge Rodríguez, asesinado en los calabozos de la Disip durante el primer gobierno de Carlos AndrésPérez, usaba para describir a ese y otros gobiernos de la llamada cuarta República. 

Que la presidenta de una Asamblea Nacional Constituyente electa en medio de un proceso de discutible constitucionalidad diga eso de que más nunca van a entregar el poder es una confesión de parte, como dirían los abogados. Pero sobre todo es la ratificación de que se aferraron al poder como un chicle en el pupitre de cualquier liceísta. 

Podrá explicar lo inexplicable, argumentar tal vez que no saldrán de Miraflores porque esa es la voluntad del pueblo, etc. Pero ya el país sabe que el temor a la pérdida del poder marca muchos o casi todos sus actos " institucionales".

Y entonces es válida la pregunta del dirigente adeco Henry Ramos Allup. ¿Si nunca van a salir del poder para qué hacer elecciones? Decir eso en un país donde está cuestionada la imparcialidad del Poder Electoral, donde el debido proceso es tan escaso como las medicinas para la hipertensión o la tiroides, y donde los recursos del Estado, incluido los medios de comunicación "públicos" son usados como parte de la logística política-electoral del gobierno no puede tomarse como un chiste sino como lo que es: una prueba más de que el poder muestra la verdadera cara de quien lo ejerce.

He dicho y lo repito. Hay gente que tiene mala bebida y hay gente que tiene mal poder. Lo primero es un asunto individual, personal, privado y también familiar, aunque también traiga terribles consecuencias sociales Y para eso existe Alcohólicos Anónimos. Pero no existe, lamentablemente, una asociación en nuestro país destinada a tratar la adicción al poder, una droga realmente peligrosa, porque además de hacerle daño a quien la padece tiene terribles implicaciones para toda una nación.

Aferrarse al poder como el borrachito que no quiere soltar la botella tiene sentido para el ego, para satisfacer el deseo de pasar a la historia mas por la cantidad de tiempo mandando que por la calidad de la obra realizada. Y, vaya paradoja, en el caso de nuestra querida Venezuela, mientras más se aferran al poder menos se ocupan de atender la grave situación creada por su terrible forma de gobernar, traducida en hambre, miseria, empresas públicas y privadas quebradas, demolición del salario, inseguridad, impunidad, desastre hospitalario, escasez y corrupción.

Pobrecitos los adictos al poder. Merecen descansar de esa adicción, para lo cual la mejor medicina es hacer terapia individual o de grupo. Y Venezuela merece descasar de ellos, y aquí sí vale el lenguaje de género. También de ellas. Y la mejor medicina es una elección limpia, transparente y democrática.

Que este cogollo se haya acostumbrado a mandar, y de la forma en que lo hacen, no quiere decir que el país se acostumbre a que lo mal gobiernen indefinidamente.

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