Terrorismo e inmigración

El reciente atentado de New York dejó una sociedad aún más llena de rabia y una mayor islamofobia. En este caso hay historias que conmueven al mundo y lo cargan de mas ira e indignación.

El nuevo terrorista es un desalmado de 29 años procedente de Uzbekistán y desde 2010 residente en Tampa (Florida); nunca fue investigado por el FBI y consiguió una visa en la lotería que ofrecen los gringos; en los EUA disfrutó del sistema y salió de la marginalidad, pero sus ideas no le permitieron crecer y ahora “en nombre de Dios”, actuó.

La reacción del presidente Trump es realmente incorrecta; endurecer los controles migratorios y eliminar la lotería de visas es una estupidez, si se toma como paliativo a lo ocurrido.

El terrorismo no tiene nada que ver con nacionalidades; ¿cuántos terroristas han nacido en los EUA? Tomar entonces una decisión apresurada es realmente discriminatorio.

Mr Trump: los latinos no ponen bombas. Los mexicanos, colombianos y venezolanos, entre muchos otros, han sumado a vuestro futuro. Son miles los latinos veteranos de guerra y más que una carga para su sociedad, son valores agregados, le pido que no generalice, y no nos castigue. Los “tiros” van por otro lado: ¡actúe contra sus verdaderos enemigos!

Lo que realmente sí, es cierto, es que terrorismo y religión tienen, ciertamente una vinculación directa; ello a causa de las malas interpretaciones del Islam por algunos sectores que, cada vez más, están teniendo un éxito mayor. La mayoría de los atentados alrededor del mundo tienen un denominador común: la fe de los terroristas.

Investigaciones refieren que se debe controlar el tema en las mezquitas y centros de estudios; el problema es que, gracias a las aperturas y a los países progresistas –que, más que eso, unos ingenuos-, el mundo ya duerme con los enemigos. Hoy no hacen falta bombas, ni armas; un camión, o un par de gritos donde se acumulen personas, pueden producir eventos trágicos.

Se hace indispensable establecer reglas claras a los emigrantes, suena muy bonito ver a la tonta de la Comunidad de Madrid poniendo carteles que dicen “Welcome refugees” (que meta a una familia de esas en su casa, por un año, a ver cómo le va).

No se puede llegar a un país a imponer una forma de vida y criticar a quienes les reciben. Los países que reciban inmigración musulmana deben de exigir la apertura de iglesias, sinagogas, monumentos budistas y otros en los países árabes de origen. También hay que meter el ojo y controlar a quienes financian el terrorismo: esos, quienes están exentos por la ”prote” que pagan por no escuchar ni un triquitraque es sus patios; esos son los verdaderos culpables, pero también han encantado a los gringos, o les conocerán algún secreto.

Hay que recortar ya tanta tolerancia. No nos sigamos engañando: el terrorismo tiene más afinidad con la religión que con la procedencia.