Terrorismo: Ajedrez y Laberinto

Referencial

El Siglo XXI está signado por el Terrorismo, especialmente su variable más importante vinculada a la religión y a la política, como es el terrorismo islámico. Se ha impuesto el objetivo de la violencia indiscriminada, no sólo contra los infieles, sino también contra los musulmanes que consideran desviados del Corán. 

Como diplomático en el Medio Oriente, seguí de cerca todo el proceso del juicio contra el Estado Libio y contra los responsables de uno de los peores actos terroristas, cuando en 1988 una bomba destruyó el avión de Pan American sobre Escocia. Allí murieron 259 personas y 11 víctimas en tierra (caso Lockerbie); presencié como el propio gobierno de Muamar Al Gadafi reconocía este delito (Terrorismo de Estado) y extraditaba a uno de sus responsables a un Tribunal a La Haya. Trece años antes como representante de Venezuela ante la Organización Internacional de Energía Atómica en Viena (OIEA).

Me tocó seguir de cerca el secuestro de los trece gobernadores de los países de la OPEP, entre ellos el venezolano Valentín Hernández, que terminó afortunadamente con una negociación. En este caso, terrorismo utilizado por el venezolano Carlos Illich Ramírez “El Chacal”, bajo el estandarte de la causa palestina.

Las últimas manifestaciones del terrorismo islámico internacional han sido reivindicadas por ISIS (Islamic State of Iraq and Syria) en su intento de resucitar los Califatos (Bagdad y Damasco) bajo la figura del líder Abu Bakr al-Baghdadi, y en pocas ocasiones por la nebulosa islámica de Al-Qaeda. 

El nuevo Califa cambió la estrategia de Bin Laden, quien desde Afganistán quiso impulsar su guerra total contra Occidente y quién el 11 de Septiembre de 2001, puso en primer plano la amenaza del terrorismo con más de 3.000 muertos en el corazón del imperio norteamericano. 

Ahora la revolución islámica de Abu Bakr al-Baghdadi se ha enraizado en el corazón del Medio Oriente, donde el petróleo facilita el financiamiento y con los problemas geopolíticos en Siria y en Irak es más fácil centralizar la acción política y militar, aprovechando los errores de persas, árabes, turcos y las súper potencias. 

Hoy la amenaza o el uso de la fuerza esta dirigida por actores no estatales y lugares y fechas simbólicas y un efecto inmenso de víctimas y daños. Así han sido en Madrid, Londres, Nairobi, Bali, París, Estambul, Bruselas y Dacca. 

En América Latina esta el horror del atentado en Buenos Aires contra la Comunidad Judía de ese país (18 de Julio de 1994). Todo lo justifica este terrorismo religioso en una especial interpretación del Corán. Inicialmente bajo el wahabismo, corriente coránica tomado por la dinastía saudita desde el Siglo XVIII, luego se transformó en los “Hermanos Musulmanes” cuestionando el Poder en El Cairo, Amman y Damasco.

En estos últimos actos terroristas, tanto por grupos como por lobos solitarios esta la huella de esta sumisión al Emir. El terrorismo se ha modernizado llegando al espacio cibernético y a al utilización de los medios de comunicación masivos, logrando grandes recursos financieros. Ya no es la guerra frontal sino asimétrica pero siempre con la planificación de colectivos o individuos en la afirmación de su lucha religiosa por un nuevo orden y por un nuevo hombre. 

En todos estos actos terroristas siempre están las bases de la investigación, de la planificación, de la logística, de los objetivos del ataque y de la ejecución. Cada vez menos existe la negociación o la retirada, porque bajo el imperativo del martirio es la inmolación o el suicidio.

En estos actos el terrorista busca el éxito político, la trascendencia espiritual, el efecto quirúrgico (París, 13 de Noviembre de 2015- Le Bataclán y Estadio de París) con objetivos altamente simbólicos (Niza 14 de Julio de 2016).

Más el daño psicológico que el material (pánico, miedo e incertidumbre). En la Tierra del Islam (Dar al-Islam) como fue en Túnez, borrar el turismo y el licor, en la tierra de los infieles (Dar al-Harb) frenar el pecado, el comercio, el lujo como ocurrió en Niza. En el mundo del Islam, Al- Qaeda e ISIS enfrentan a los chiitas, por eso, las Mezquitas en Kuwait, los atentados en Bagdad y en Kabul. Pero pareciera que ni Rusia ni Estados Unidos ni Europa ni Israel y menos Turquía, Arabia Saudita e Irán quisieran acabar definitivamente con este cáncer del terrorismo internacional. 

Militarmente hubieran podido derrotar a los 25.000 yihadistas que están en Siria e Irak y a los 5.000 en Libia. Si se pusieran de acuerdo los 523.000 soldados iraníes, los 510.600 turcos y los 235.000 saudíes además de los 125.000 sirios y 270.000 iraquíes, por ahora sólo las milicias kurdas han sido frontales y eficaces, tal vez porque esperan la creación de un Estado independiente y soberano. Rusos y estadounidenses también juegan a sus políticas y a sus intereses en este ajedrez y en este laberinto.