Terror “low cost”

EFE

España ha dado siempre las mejores batallas al terrorismo y ha triunfado. Ésta, a pesar de sus características y la dificultad de enfrentarla, no será la excepción.

A pocas horas del atentado terrorista reciente de Barcelona, la segunda noticia es haber acabado ya con parte del grupo; se muestran detenciones alrededor de todo el territorio. La Guardia Civil Española -la mejor del mundo- y una honesta policía no titubean a la hora de dar con los responsables.

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El pueblo español da ejemplo; se amalgama ante estas vicisitudes y, como democracia madura, deja de lado las diferencias. Lastimosamente hay individualidades dentro de algún grupo de impresentables que se ponen en “modo avestruz”, y no dicen ni pío. Casualmente son de aquellos que han tapizado importantes ciudades españolas con afiches que dicen “Welcome Refugees”; esos, que se han apoderado de algunos ayuntamientos. A ver qué le cuentan hoy a los españoles, a los familiares que perdieron a sus seres queridos. Alguien les gritaba: Seguid en eso, desgraciados; ése me leyó el pensamiento.

Este tipo de terrorismo no se combate con artículos de prensa ni declaraciones de solidaridad de presidentes. Los españoles -a diferencia de otros países donde todavía piensan que los terroristas son “personas” -, están más interesados en proteger los derechos humanos de las víctimas.

Los europeos aceptan ya que esta es una guerra en la que se faltó el respeto a sus costumbres, tradiciones y a su forma de vida, con un desconocimiento de las normas y una lucha por imponer una creencia, a costa de lo que sea. Tristemente, para frenar el incentivo a esa locura, pronto les tocará expulsar a todos los familiares de los terroristas, muchos de ellos cómplices por omisión en los eventos.

Qué casualidad que ellos nunca se encuentran en los lugares donde las bestias atacan, y luego pasan agachaditos para seguir disfrutando de una Europa libre, y adicionalmente, recibirán su paga de quienes están detrás de esos animales y, lo peor: los velarán como mártires.

Si se quiere ir erradicando este tipo de eventos hay que desenmascarar a quienes financian el terrorismo: a esos 2 o 3 países “de cuyo nombre no me quiero acordar”. Se deben castigar a los integrantes del círculo cercano del terrorista y repensarse muy bien el tema de las cuotas para los refugiados. Es mejor crearles condiciones democráticas que les permita seguir viviendo en sus lugares de origen, para evitar los funerales de tantos inocentes. ¡Basta ya!