Te veo venir, soledad

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“Sólo tú me entiendes, soledad, sólo tú me abrazas de verdad, te has hecho dueña de mi noche y de mi calma. Sólo tú me quieres, soledad, pero no compartes mi ansiedad”. Juan Pardo

La soledad se ha convertido en un problema de salud pública. Hay estadísticas alarmantes y hoy día es objeto de serios estudios. Se acepta que la soledad es una enfermedad dañina para el ser humano.

Pareciera paradójico que en la era de interconexiones y auge de las redes sociales, la soledad esté en ascenso. Los jóvenes, inmersos en ese adictivo mundo de las redes se ven acosados por la soledad y estudios refieren que tienen mucho más riesgos de enfrentar esa patología.

El sentimiento de soledad se contagia y no tiene una edad específica. Tal y como vemos el fenómeno no es como otrora, que básicamente afectaba a la población adulta, donde muchos de ellos pasan días sin comunicación. Es común ver a los ancianos que, a pesar de su buena posición económica son abandonados por sus hijos y nietos. Los adultos podemos ser desechados también cuando ya nuestro patrimonio no es atractivo. Se olvida a menudos el “honrarás a tu padre y a tu madre”.

En los Países Bajos hay menor contacto físico entre las personas, se saluda con barreras. También en Japón. En Inglaterra las cifras son alarmantes; Alli se acaba de crear un Ministerio de la Soledad y están trabajando en la búsqueda de un método para poder medir la soledad y proponer respuestas. Se calcula que el 13,7% de la población padece de ella.

Estoy convencido de que, en Venezuela, hasta tiempos recientes la soledad era un factor desconocido; éramos gente alegre, con gran sentido de la amistad, solidaridad, abrazos a cualquiera, besos ni hablar, sin embargo en este enredo en el que nos encontramos y con un mal sin remedio, haría falta algo más que un ministerio para tratar el tema, cuya cura la conocemos. 

La mejor manera de contrarrestar la soledad es fomentando los lazos sociales; ello brinda pertenencia y estabilidad. Por supuesto que la fe y el acercamiento a Dios siempre traerán tranquilidad.

Los países también se quedan solos y cuando rechazan a quienes los gobiernan se aíslan a sus habitantes. Por ello la frase de nuestros días lamentablemente es: te veo venir, soledad.