Star Wars: El despertar de la fuerza. La nostalgia por el futuro

Referencial

Hace 38 años atrás, George Lucas creó un hito en la historia del cine con el estreno de Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza. La película, protagonizada por actores prácticamente desconocidos y con una puesta en escena e historia bastante arriesgada, superó las expectativas de sus creadores, cosechando millones de admiradores alrededor del mundo, transformándose en un fenómeno de culto. Episodio V y VI lograron algo atípico: superaron con creces el boom de su predecesora, consolidando esta saga en lo alto del firmamento de la historia del séptimo arte.

Sin proponérselo, Star Wars logró algo que pocos largometrajes hacen: trascender la gran pantalla hasta transformarse en un referente de la cultura popular.

Pasaron 16 años y Lucas decidió volver a la carga, esta vez para contar los orígenes de su saga en Episodio I, II y III. Lastimosamente, la nueva trilogía no estuvo a la altura de su predecesora. A pesar de tener varios momentos de brillo, el saldo para los largometrajes fue bastante negativo por parte de la crítica y los fanáticos. Malas actuaciones, exceso de efectos especiales, diálogos terribles y un guión inconsistente parecían haber sepultado cualquier intento de seguir expandiendo la franquicia en la gran pantalla (relegando su futuro a los videojuegos, novelas y caricaturas). Tuvieron que pasar 10 años para que Lucas soltara la batuta de Star Wars (al vender los derechos a Disney) y permitir que otras personas le insuflaran nueva vida a la saga. Es así como nace Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens), la tan esperada secuela de Episodio VI y, sin lugar a dudas, el capitulo de Star Wars más decisivo de toda la historia de la franquicia. El elegido para tan complicada tarea fue J.J. Abrams, para muchos, el sucesor directo de Spielberg, Lucas y Scott. Un copy-cat cuyas habilidades para rendir homenaje a sus padres y renovar convenciones le permitieron salir con la frente en alto, transformando a Star Wars: El despertar de la fuerza, en una de las mejores películas de la saga.

Ambientada 30 años después de Star Wars: El retorno del Jedi, este nuevo capítulo de la serie se centra en las aventuras de Finn (John Boyega), un stormtrooper desertor, y Rey (Daisy Ridley), una misteriosa chica que recoge basura para sobrevivir. Ambos terminarán embarcándose en un peligroso viaje para ayudar a BB-8, un droide que posee un mapa con la ubicación del legendario Jedi Luke Skywalker. En paralelo, Finn y Rey serán perseguidos por La primera orden, una institución militar comandada por el Supremo Líder Snoke (Andy Serkis) y su mano derecha Kylo-Ren (Adam Driver), una suerte de caballero Sith obsesionado con el legado de Darth Vader. Durante su viaje Finn y Rey serán ayudados por personajes míticos del universo de Star Wars como Han Solo (Harrison Ford), Chewbacca (Peter Mayhew) y Leia (Carrie Fisher), trabajando en equipo para evitar que la Primera Orden imponga una vez más la dictadura como sistema político.

Como toda película de culto, Star Wars: El despertar de la fuerza, ha despertado opiniones encontradas en la crítica y el público. Lo que para muchos es su principal defecto, para otros es su mayor virtud: sus paralelismos con la saga original. Jakku parece Tatooine, el bar de Maz se asemeja a Mos Eisley, Poe Dameron nos recuerda a Han Solo por su actitud, Rey a un Luke Skywalker ansioso por vivir aventuras y salir del desierto, BB-8 a R2D2, entre muchas otras cosas. Por si fuera poco, el argumento también guarda similitudes con Episodio IV: un droide con unos planos sumamente importantes es buscado por el imperio, hay una nave que destruye planetas, un par de jóvenes realizan el viaje del héroe, la figura del mentor muere consolidando al villano como un ser detestable, el drama paterno filial, un protagonista de origen misterioso… por hablar de lo más evidente. Esto, sumado a una puesta en escena que rememora bastante a la trilogía original (la disminución de los efectos especiales y el regreso de las máscaras, muñecos y demás detalles hechos en set) y guiños a otros momentos de la saga, hacen que Star Wars: El despertar de la fuerza tenga un halo de nostalgia único (dándole una gran ventaja sobre sus predecesoras inmediatas: las Episodio I, II y III).

Hablando estrictamente del guión, Star Wars: El despertar de la fuerza se siente como una historia vieja y nueva al mismo tiempo. Parte de esto se debe al trígono de guionistas conformado por Lawrence Kasdan (guionista de Episodio V y VI) , Michael Arndt (Toy Story 3, Little Miss Sunshine) y el mismo J.J. Abrams. El resultado es la película que los fans esperaban: un guión lleno de aventuras, humor, drama, misterio, tragedia, una pizca de política y, sobre todas las cosas, nostalgia por ese tipo de historias que desde hace rato no veíamos en la gran pantalla. Sin lugar a dudas, el mayor artífice de este puente entre lo nuevo y lo viejo ha sido su director J.J. Abrams, un especialista en tomar estructuras clásicas, rendirles homenajes y renovarlas. Desde el punto estético y narrativo, Abrams hizo todo para que película se viera y sintiera como sus predecesoras, caminando sobre seguro y dosificando los detalles de su impronta (como los flares, los planos secuencia con zoom in y zoom out en las acciones, los destrozos a naves o estructuras grandes, los planos generales imponentes a lo Ford), fusionándolos con la estética de la saga, dando un feeling retro a una historia del 2015.

Por otro lado, la elección del cast fue el mayor acierto de Abrams. John Boyega y Daisy Ridley se roban el show desde su primera aparición, ambos son jóvenes, frescos y se nota a leguas que le ponen mucho corazón a la película. Oscar Isaac, a pesar de su corto tiempo en pantalla, enamora y te deja con ganas de conocer más de su personaje. Andy Serkis da vida una ves más a un ser animado, pero que a pesar de su misterio promete tener un buen payoff en los siguientes capítulos de la saga. Tal vez, la elección que ha generado más ruido es Adam Driver como Kylo Ren. Independientemente del look y motivaciones de su personaje (que muchos han calificado como emo) su performance como villano no está mal, aunque podemos suponer que su verdadero registro dramático estará en los episodios venideros. De los actores icónicos de la saga no hace falta ni hablar: todos obnubilan con su aparición y Abrams hace un excelente trabajo en dosificar sus intervenciones y en cómo se mezclan con los nuevos talentos, dejando que los viejos estén como telón de fondo, apoyando a los nuevos —y verdaderos— protagonistas de la historia.

Star Wars: El despertar de la fuerza logró su cometido: estuvo a la altura de las expectativas, recuperó la magia de la saga original y le insufló nueva vida a la franquicia. J.J. Abrams se jugó su carrera una vez más al asumir el control de una saga de culto y logró lo mismo que con Star Trek: crear un universo nuevo con los pedazos del viejo y que se sostenga por sí solo. Sus detractores dirán que es lo mismo de siempre en esteroides, los que sepan ver más allá de lo evidente sabrán que esta era la única forma de hacer las cosas bien. Abrams cumplió con la tarea, hizo que Star Wars: El despertar de la fuerza funcionara como un puente entre la saga original y los nuevos códigos de un público muy diferente al de 1977, sirviendo como una película de transición —lo que la saga necesitaba— y no como una que rompiera esquemas —como mucho le han criticado.

Episodio VII servirá como una excelente carta de presentación para que las nuevas generaciones que no han visto Star Wars se interesen por la saga y se acerquen a los episodios anteriores con una nueva visión —y esto ya representa una victoria enorme para Abrams y su equipo-. Ahora, el verdadero reto recae sobre Rian Johnson (director de Looper, Brick y capítulos épicos de Breaking Bad como Ozymandias y Fifty-One) quien tomará la batuta como guionista y director de Episodio VIII, él será el responsable de llevar la saga a nuevos rumbos y tomar verdaderos riesgos en la historia. Solo esperemos que la fuerza lo acompañe, Abrams de momento nos trajo a buen puerto.

Lo mejor: la dupla John Boyega y Daisy Ridley es puro fuego. A pesar de su corto tiempo en pantalla, Oscar Isaac se roba el show. Ver de nuevo en la gran pantalla a los personajes míticos de la saga. Su humor y feeling de aventura épica. BB-8 es el nuevo R2-D2. El final.

Lo malo: tener que esperar casi 2 años para la llegada de Episodio VIII después de ese final cliff hanger. Todas las dudas alrededor del origen de Rey, Snoke y otros gaps de la historia que —esperemos— deberían aclarase en la siguiente entrega. Vimos muy poco de Poe Dameron.